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Ane Muñoz - Viernes, 25 de Febrero de 2011 - Actualizado a las 11:41h
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Iñigo Manterola. (Gorka Estrada)
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Sus obras son a veces tan diferentes entre una y otra, que cuesta relacionarlas con el mismo autor. Hablamos con el artista oriotarra Iñigo Manterola en su galería EN EL ESTUDIO, un espacio lleno de historias diferentes por el que merece la pena dejarse caer.
Nos recibe a última hora del día, en la parte de arriba de la galería, un lugar que capta la mirada de cualquiera que se pase por ahí. Echamos un vistazo a lo que nos rodea. Nos llama la atención la variedad: esculturas, lienzos que se acercan a la abstracción, collages que se pierden en la pintura, obras más figurativas, llenas de detalles…
Así que, decidimos hacerle la gran pregunta “¿cómo definirías tu estilo?”. Su respuesta es reveladora: “la inquietud”. Manterola afirma que su filosofía de trabajo se basa en la evolución: “No hay que encasillarse, hay que evitar hacer siempre lo mismo. Para mí, el arte es sorprendernos a nosotros mismos, ir creciendo, descubrir lo desconocido y alcanzar nuevas disciplinas”.
Ahondamos en su trayectoria artística para conocer su trabajo. Iñigo ya despuntaba maneras y tenía muy claro a qué se quería dedicar desde muy pequeño. Estaba claro que iba terminar estudiando Bellas Artes.
Tras terminar la carrera en 1998, realizó algunas muestras, pero no fue hasta 2005 cuando realizó su primera gran exposición, donde se desnudó: Camino entre dos aguas. Era el paso de la figuración a la abstracción. “Compre un bote viejo, lo pinte para la ocasión, lo eché al agua, pintando sólo el reflejo, olvidándome del motivo”, recuerda el artista.
Posteriormente, en 2007, llegó la próxima, esta vez figurativa, pero marcada por el movimiento. “Todos mis antepasados se han dedicado a la mar, así que, quise conocer su mundo desde dentro, pasando unos días en un atunero”. A Manterola le impresionaron el movimiento, la sangre en el mar, los gritos, y plasmó todos aquellos detalles en su obra.
Después, al año y medio, pintó otra serie, donde se refleja otra evolución: siguiendo en la misma línea de la pesca y el mar, el pintor se olvida de todos los elementos, menos del pescador, intentando hacerlo bailar a través de las líneas. Un poco más tarde, decidió aislar esas líneas, convirtiéndolas en el centro de su obra. Lo hizo, además, utilizando una técnica diferente: pintaba el lienzo de un color y después, iba quitando esa pintura en un recorrido, sacando el color de abajo a través de las líneas.
De aquí, comienza otra etapa. El artista se queda con la idea del paseo, que empieza y después sale, reflejada en esa abstracción, y con ella surge su serie más nueva, en la que ese recorrido se realiza con materiales diferentes al óleo: en collages, con óxido, incluso en tres dimensiones mediante el alambre. De aquí viene también el cambio de disciplina, el paso a la escultura, donde ese paseo se realiza en el mismo espacio. Precisamente a través de este último paso surge su último trabajo. El artista, fotografía la maqueta de su escultura sobre un fondo blanco, haciendo que en ese paseo cobre importancia la sombra.
El artista, además, está a punto de exponer en México, en la Euskal Etxea, y en otra galería del D.F. Mientras tanto, siempre podemos pasarnos por EN EL ESTUDIO para contemplar sus obras, esta vez, con una mirada diferente.
Gracias por su comentario
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