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LÁZARO ECHEGARAY, SOCIÓLOGO Y ESCRITOR - Miércoles, 22 de Junio de 2011 - Actualizado a las 18:04h
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A pesar de los años que lleva en el mercado, No logo es un libro de imprescindible lectura en el que Naomi Kleim desenmascara las prácticas de la grandes marcas y sus estrategias comerciales. Gracias a libros como este, hoy sabemos lo que hay detrás de los logos que representan a las marcas. Sabemos lo de los niños del tercer mundo que, por salarios establecidos por debajo de lo mísero, cosen balones que se venderán en Occidente a precios desorbitados; sabemos que lo mismo pasa con las zapatillas de esas marcas que nos prometen superación para convertirnos en mejores personas; sabemos lo que hacen con las divisas las grandes corporaciones, esas que se afanan, según cuentan, en hacernos la vida mejor pero a las que todos miramos con recelo cuando las cosas se ponen feas. Ya no nos convencen, ya no les creemos. Conocemos su juego y no es honesto.
El discurso de los gurús del marketing se centra hoy en la muerte de las relaciones de mercado tal y como las hemos conocido hasta ahora. Si falla el poder del logo fallan las estrategias de comunicación. A lo profesionales del marketing y de la publicidad les cuesta hoy mucho más esfuerzo que ayer influir en nosotros. Gastan mucho más dinero parea obtener peores resultados. El marketing ha muerto, nos dicen. Hay buscar nuevas alternativas. Pero en realidad siguen soñando con hacer lo mismo que han hecho hasta ahora.
Aprovechando las revueltas de la Puerta del Sol la firma Coca Cola pensó que aquel era un buen escenario para publicitarse y continuar ganando notoriedad entre la juventud. Quisieron llenar la plaza de neveras, latas, sillas, mesas y sombrillas. Querían que el logo Coca Cola se viera unido a la revuelta juvenil. Lo mismo pasó con un partido político de la izquierda. Pero los concentrados en Sol estaban más en la línea del No Logo que en la de la comodidad de la pertenencia. Ambas ideas fueron rechazadas. Al revés que en otras épocas, hoy, el logo más que liberarnos nos intoxica.
Detrás de cada logo debe haber una historia, una imagen que cautive al cliente. Pero lo real ha desenmascarado a lo ideal y fantástico. Detrás de cada logo, político o comercial, hoy subyace la falsedad. En realidad ni el logo ni el marketing han muerto todavía. Pero se observa que empieza a faltarles el aire. Quizás sea la crónica de una muerte anunciada. Muerte por falta de honestidad.
Gracias por su comentario
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