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Javier Hernández - Lunes, 18 de Abril de 2011 - Actualizado a las 17:28h
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Confirmado, señores. Se acabó la fiesta, los días de gloria musical. La barra libre de acordes. Ese empacho de Nino Bravo* y Franco Batiatto* a las 3 de la mañana, a todo volumen y a ritmo de gintonic. Spotify cierra el grifo y nos deja con varias opciones (hay miles): volver a YouTube, utilizar nuestro iPod / iPhone, escuchar los 40 principales (no es mi recomendación, válgame Dios) o pagar. Sí, pagar. Repito, pagar. Porque, que yo sepa, el Walkman ya no está de moda, ¿verdad? Por lo pronto, hay servicios en Internet que se mantienen con la contribución de todos y que, aparentemente, generan valor añadido. Entre ellos, Spotify.
Me considero un súper usuario del servicio desde que mi amigo Xabi Del Rey me mandara una invitación en la era en la que Twitter era sólo una marca registrada. El Trending Topic de estos días ha sido #spotify y el pueblo, cómo no, ha hablado. Hay twitteros que se han cebado tres pueblos hablando de ellos, de su familia, de Zapatero (siempre tiene la culpa, parece ser), de Suecia y del odio a algunos artistas, no digo nombres, que sin hacer casi nada (un par de hits veraniegos) en tiempos boyantes se hicieron ricos y ahora no dan ni un palo al agua. Otros, lo han defendido esgrimiendo que 10 euros al mes por música sin límites no es para tanto. En España, para que las cosas nos entren mejor por el cerebelo, utilizamos además símiles muy nuestros. Que si es como tomarse dos cañas y un pintxito. Que si son tres cubatas, que si una comida fuera al mes menos. Todo vale para opinar. Somos los reyes de los Trending Topic prefabricados, ¡nos íbamos a quedar en silencio ante tanta injusticia musical!
Permítanme poner las cosas en contexto para que puedan elaborar una opinión objetiva al respecto. Spotify es un servicio lanzado en octubre de 2008 desde Estocolmo con base también aquí, en Londres, y ofrece un servicio de música en streaming en varias modalidades: hay dos de pago, una con límite (4,99 euros) y otra sin él (9,99 euros), además de la versión "Free", en la que los usuarios (que accedieron con una invitación) pueden escuchar música sin límite. Son estos últimos los que se han visto afectados por el anuncio que Daniel Ek, su CEO, ha realizado esta semana. Los "Free" solo podrán disfrutar de diez horas de música al mes, algo ínfimo. Claramente, para cualquier usuario acostumbrado al servicio, Spotify pasa a ser de pago, lo llamen como lo llamen. La clave de Spotify no sólo está en su modelo de negocio, donde las discográficas y autores se llevan un fijo por canción reproducida y parte de los ingresos por publicidad, sino en su versión móvil, donde sí que ofrecen cierto valor añadido, algo con lo que poca gente puede competir. Con las redes 3G desplegadas, planes de datos sin límite, iOS de Apple cada vez más fuerte y Android despegando, la música en streaming con el teléfono es ya una realidad que ellos, parece, quieren aprovechar.
Sin entrar en la aberración que supone nuestra Ley Sinde, es cierto que la industria de la música ha estado falta de ideas y que, de una u otra manera, evitando valorar la responsabilidad e ineptitud de sus responsables, se ha visto muy afectada por los cambios sociales, la entrada de nuevos actores que compiten directamente con ellos, el abaratamiento de los costes de distribución de contenido musical y el descenso de las barreras de entrada para que nuevos artistas accedan a un mercado ahora mucho más granular. No obstante, el hecho de que la industria migre hacia nuevos modelos de negocio no quiere decir que no haya vías con las que puedan explotar su contenido. La faceta principal de un artista es darse a conocer para, posteriormente, promocionarse y explotar su imagen, cante, baile o haga burbujas rosas con olor a fresa. Antes se aprovechaban de una industria monopolizada y ahora tienen que adaptarse a un mundo nuevo, extraño y donde hay que multiplicarse.
Ahí es donde entra en juego no sólo Spotify, sino el ya-en-declive MySpace, iTunes, el propio YouTube, Last.fm, Pandora, el nuevo servicio de Amazon.com o el pujante Soundcloud. En el caso del servicio sueco, la última vía de escape y salvación para los sellos discográficos. Si bien no es donde más dinero ganan, iTunes supera a todos los nombrados con diferencia, es una vía estupenda para la promoción de artistas y, sobretodo, para que los usuarios se acostumbren a pagar por algo a lo que estaban restando valor. Los artistas no se harán ricos, pero estoy seguro de que les ayuda a la hora de llenar ese concierto de barra de bar. Como ejemplo, Spotify pagó a Lady Gaga £108 por un millón de reproducciones de Poker Face. YouTube en sus años mozos, ni mostraba publicidad. A Madonna le costó más de cinco años llegar a la cima del pop. A Lady Gaga le han bastado tres, algo que parece ya le da derecho a llegar a ciertas galas dentro de un huevo. El divamismo no tiene límites y las nuevas artistas digitales (sí, también tiene twitter, como Justin Bieber) han sabido aprovechar al empuje muy pero que muy bien.
Daniel Ek siempre ha restado importancia al lanzamiento en EE.UU., algo fundamental para que el servicio tenga éxito. La decisión tomada esta semana hay que leerla entre líneas para entenderla bien. Los que seguimos Spotify y el sector tecnológico en general sabemos varias cosas. Que ellos tienen muchísima presión de los sellos por monetizar más (incrementar usuarios de pago) y mejor (que cada usuario gaste más y que los CPM suban por cada minuto que se utilice el servicio). Recordemos que las discográficas son accionistas de la compañía y proveedores de contenido al mismo tiempo. Sabemos también que esta decisión se debe a que tenían muy complicado entrar en los EE.UU. si no conseguían aumentar el ratio de usuarios de pago sobre el total (un 10% actualmente sobre 10 millones). Por último, hay cada vez más competencia en USA con servicios que sí han conseguido lanzar allí como Rdio, con capital de Atomico, vehículo inversor de los fundadores de Skype, y Amazon que sin tener lo mismo ya amenaza a la start-up sueca. Por último, la mayor fobia de Ek parece ser Apple y su iTunes del que se rumorea lanzará un servicio de suscripción con música en streaming muy pronto. El secretismo de Apple impide hacer pronósticos. También hay rumores de que Google pueda entrar en la batalla este año. Lo que está claro es que el modelo de barra libre a un precio bajo maximizando usuarios ya se ha probado con éxito en el sector audiovisual con Netflix (USA) y Lovefilm (UK). Doy fe de que Lovefilm, adquirido por Amazon este año, es una auténtica gozada y un éxito en Inglaterra.
Como movimiento es necesario e inteligente si lo que busca es la supervivencia a largo plazo. En la red hay que tener cuidado con lo freemium o gratuito por varias razones, entre otras, porque cuando ofreces un producto gratis descuidas, por ejemplo, la experiencia de usuario o simplemente buscas métodos de monetización intrusivos, irrelevantes y que no hacen otra cosa más que, si cabe, espantar a tus propios usuarios y degradar tu producto. También puedes descuidar los ingresos, tan simple como suena. Como usuario de Spotify fiel que soy, para mí ha sido como una cornada. Y como a cualquier otra persona a la que le prometen una cosa y luego le cuentan otra, no me importa pagar pero me da mucha rabia que lo hagan así. Para mí, el servicio se ha convertido en algo necesario y no hace nada de gracia que te pongan entre la espada y pared. De momento no hay servicios alternativos, por lo que abonare mis £10 aquí en UK para disfrutarlo. Me gusta, les entiendo, creo que lo vale y pienso que en el futuro mejorará notablemente.
Si nunca han probado Spotify, se lo recomiendo. Y si necesitan algo de inspiración, ¡ahí va una lista de música cosecha propia que espero que les guste!
Gracias por su comentario
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