El minuto universal de Waterloo

Ion Lizaso // Dtor. de Innovación Antproject - Miércoles, 13 de Julio de 2011 - Actualizado a las 12:36h

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El destino impulsa a los poderosos y a los violentos. Durante años se convierte en el esclavo servil y sumiso de un solo hombre -César, Alejandro Magno, Napoleón-, pues ama al hombre elemental, que se asemeja a él, incontenible elemento. Pero a veces, en contadísimas ocasiones a lo largo de todos los tiempos, llevado por un peregrino humor se echa a los pies de algún indolente. A veces, y éstos son los momentos más asombrosos en la historia universal, el hilo de la fatalidad cae durante una fracción de segundo en unas manos por completo incompetentes. Ante el embate de la responsabilidad, que les introduce de lleno en el heroico juego de fuerzas cósmicas, tales hombres, más que afortunados, se sienten estremecidos, y casi siempre dejan que el destino que se les ha caído encima se les escape entre las manos temblorosas. Sólo muy rara vez alguno de ellos, enérgico, enaltece la ocasión y con ella a sí mismo. Pues tan sólo por un segundo se entrega lo grande al insignificante. Y al que desaprovecha ese momento, jamás le concede una segunda oportunidad.

 

Este párrafo, pertenece al capítulo “El minuto universal de Waterloo”, uno de los catorce “Momentos estelares de la Humanidad” que Stefan Zweig (Viena 1881-Petrópolis 1942) publicó en 1929, tras 20 años de trabajo.

En este capítulo, Zweig nos cuenta cómo en la batalla decisiva, por encargo de Napoleón, el Mariscal Grouchy tuvo en su mano la historia de Europa, y en la insoportable diatriba, decidiendo no decidir, llevó a Napoleón a la derrota (esto no es un spoiler, si no lo sabías, ¡no me culpes a mí!).

No actuar, no decidir, no arriesgar, no emprender, no innovar

Sabemos que las empresas vascas se encuentran ante un momento histórico donde se está jugando, entre otras muchas cosas, con el empleo de miles de trabajadores. Las señales, como los cañonazos que Grouchy escuchaba a una hora de Waterloo, son claras y apuntan hacia la innovación. Sin embargo, parafraseando a nuestro amigo INNer Ángel Arboníes, “los lunes por la mañana estamos a otra cosa”.

Debe haber motivos de peso para que nos comportemos de esa manera. Los frenos a tomar decisiones por uno mismo, a arriesgar, a ser dueños de nuestras vidas son grandes y por decantación, inhiben la innovación y el emprendizaje. Están en nuestras organizaciones. Pero, sobre todo, en nosotros mismos.

Es tan improbable que la responsabilidad de actos especialmente no lineales como emprender o innovar recaigan sobre nosotros, que no merece la pena complicarse la vida. ¿Qué posibilidades hay de que un revisionista como Zweig se fije en nosotros para echarnos la culpa de no haber tomado la decisión correcta, tal y como le ha pasado al pobre Grouchy?

Para aquellos que creen en la automotivación por encima de la motivación, es importante crear(se) motivos y vivencias para armarse de coraje. Leyendo este libro, a uno le entran ganas de cambiar las cosas. Hacer que lo que pudo ser y no fue, sea.

Zweig puede ser un buen compañero para estas vacaciones y un gran aliado para el curso que viene.

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Ion Lizaso

Ion Lizaso Solis, 30 años. Dtor. de Innovación en Antproject, nos dedicamos a la producción audiovisual orientada a la Gestión del Conocimiento y la Innovación. Fuera de ANT dedico mi tiempo a la familia, ver cine, fútbol con amigos y videojuegos.

 

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