EMPRESAS A DESTACAR

Eroski Grupo Eroski es una de las empresas de distribución más importantes del Estado. La innovación es una de las razones de ser de la firma, que ha apostado en los últimos años por incluir nuevas líneas de negocio. Las ventas online y la reciente presentación de aplicaciones para móvil son algunos de los ejemplos.

Ingeteam Ocupa una situación de liderazgo dentro de la innovación vasca. Líder mundial en electrónica de potencia e ingeniería eléctrica, la empresa es un referente en Europa.

Innobasque Desde su presentación en enero de 2008, Innobasque ha planteado un modelo innovador que busca implicar al conjunto de la sociedad en el necesario cambio de modelo económico y social, al tiempo que ha servido de catalizador de proyectos de transformación para convertir a Euskadi en el referente europeo en innovación.

Tecnalia El trabajo de esta empresa ha permitido situar Euskadi como referente mundial en el desarrollo de productos innovadores y competitivos a nivel internacional.

Ega Master En 2015 la empresa vasca ha dado pasos importantes hacia su consolidación como una de las marcas más fuertes y más competitivas en el sector de la herramienta industrial, destacando además su potencial innovador. La compañía alcanzó el pasado ejercicio un crecimiento del 18%, principalmente como resultado de haber ganado dos proyectos emblemáticos en el Medio Oriente.

Orona La empresa une su situación de liderazgo en el sector a su compromiso con la innovación. Es la empresa de elevación que más invierte en I+D en España, alrededor de un 2% sobre ventas en I+D, lo que le convierte en una de las compañías que más recursos dedica a la investigación y desarrollo en el ámbito europeo.


Cinco de las siete comarcas guipuzcoanas superan el 40% de empresas innovadoras de diez o más empleados


La impronta innovadora de la empresa vasca

La apuesta firme del entramado empresarial vasco está permitiendo a la Comunidad Autónoma situarse al mismo nivel que otros países europeos como Reino Unido y Francia

A. Agirregoikoa

Grandes proyectos de ingenieria con proyección internacional se han gestado en empresas vascas. N.G

El tejido empresarial vasco siempre ha tenido un fuerte peso en la economía tanto autonómica como estatal. Con diversas referencias a sus espaldas, comenzando por la industria minera y más tarde por la metalúrgica, los esfuerzos de los hombres de negocios han tomado caminos diferentes según las épocas. La que nos toca ahora indica que todos esos esfuerzos se están dirigiendo hacia las nuevas tecnologías y el sector de servicios. Además, en los últimos años Euskadi ha demostrado su fuerte apuesta en materia de innovación, en I+D.

Los datos del Eustat ponen de manifiesto esta tendencia hacia la innovación, con un porcentaje del 37,1% de empresas de diez y más empleados con innovación en 2014 en el conjunto de la Comunidad Autónoma Vasca.

De los tres territorios históricos, Gipuzkoa sobresale, ya que de sus siete comarcas cinco superan el 40% de empresas de diez o más empleados innovadoras. La clasificación la encabeza Debagoiena, a la que le siguen la comarca de Goierri, Tolosaldea, Urola Kosta y Donostialdea. En Álava por su parte destacan las comarcas Cantábrica Alavesa y Resto de Álava con el 40,7% de sus empresas de ese tamaño como innovadoras. Por último se sitúa Bizkaia, donde es la comarca del Duranguesado la que alcanza un mayor porcentaje, con el 38,9% de sus empresas haciendo innovación, seguida de Plentzia-Mungia y Enkarterri.

Por contra, el mismo informe señala que las comarcas con menor porcentaje de empresas innovadoras son Rioja Alavesa, en Álava, Markina-Ondarroa, en Bizkaia y el Bajo Bidasoa, en Gipuzkoa.

Balance europeo

A los datos presentados hasta el momento se le pueden unir aquellos que tras analizar el Panel de Indicadores de Innovación Europeo Innovation Union Scoreboard /IUS 2015 señalan que Euskadi innova al mismo nivel que Reino Unido o Francia.

Según este baremo, dentro del apartado de iniciativa empresarial, el 32,1% de las pymes vascas innovan de forma interna, mientras que la media europea es del 28,7%.

El sistema de investigación es otro de los aspectos a valorar dentro de la clasificación del citado índice, el cual muestra que Euskadi también va por buen camino, puesto que en 2014 se realizaron 867 copublicaciones científicas internacionales por millón de habitantes, mientras que en Europa el número fue de 363.

En el capítulo inversor, en gasto privado en I+D como porcentaje sobre el PIB, el indicador refleja un 1,50% en el País Vasco frente al 1,29% de media europea.

Actuaciones inmediatas

Si bien estos datos resultan esperanzadores, si Euskadi quiere alcanzar niveles más elevados de innovación y codearse con los países europeos más vanguardistas va a tener que tomar una serie de medidas para conseguirlo. Entre ellas están la de mejorar el empleo en actividades de conocimiento intensivo y también el aumentar las exportaciones de productos de tecnología media y alta y los servicios de alto nivel de conocimiento.

BIC, la nueva marca de los Centros de Empresa e Innovación vascos

El cambio de imagen se encuadra dentro del proceso de reordenación y mejora de las estructuras de apoyo al sistema vasco de emprendimiento

A. Agirregoikoa

El Gobierno Vasco y las tres diputaciones forales han llegado a un acuerdo para unificar la imagen de marca de los Centros de Empresa e Innovación del País Vasco, conocidos como CEIs. Todos los centros, hasta ahora denominados CEIA, Bic Berrilan, CEI Saiolan, CEDEMI y KABI 612, se llaman ya BIC (Business Innovation Centre), que es el término de referencia en Europa, facilitando así su identificación con centros de emprendimiento de otros países, de tal forma que a partir de ahora resulta claramente reconocible en los ámbitos internacionales en los que los centros vascos están teniendo cada vez más presencia.

A su vez, la unificación del nombre supone además un paso relevante en la consolidación del ecosistema existente en Euskadi, gracias al trabajo realizado por todos los centros, lo que va a posibilitar ofrecer una imagen más ajustada al trabajo conjunto que realizan las instituciones vascas en el marco del Plan Interinstitucional de Apoyo a la Actividad Emprendedora. Este cambio de imagen se encuadra también dentro del proceso de reordenación y mejora de las estructuras de apoyo al emprendimiento innovador y tecnológicamente avanzado en Euskadi. Se pretende, por un lado, reforzar la identidad de los hasta ahora CEIs tanto a nivel de Euskadi como internacional, ya que el acrónimo BIC (Business Innovation Centre), que ya ha entrado en vigor en Euskadi, es el referente en el continente de Europa.

El nuevo logo identifica los centros de emprendimiento vascos con los de otros paises. N.G

Claro objetivo

Las instituciones vascas buscan igualmente clarificar y ordenar visualmente el sistema vasco de apoyo al emprendimiento avanzado, y sobre todo, visibilizar el esfuerzo que las instituciones involucradas en el fomento del emprendimiento están realizando para cooperar estrechamente a partir de planes, objetivos, iniciativas y líneas de acción compartidos y consensuados. En ese sentido, la claridad y lógica de la nueva imagen es el reflejo del intenso trabajo conjunto y coordinado entre el Gobierno, las tres diputaciones forales y los propios BICs, en el empeño de mejorar el sistema público de apoyo al emprendimiento en Euskadi.

José Miguel Erdozain N.G


"Los foros nos permiten poner en la agenda de investigación europea los temas que nos interesan"


"La misión de IK4 es transferir a las empresas conocimiento y talento generado"

José Miguel Erdozain / Director general de IK4 La alianza tecnológica IK4 es la entidad que agrupa a nueve centros tecnológicos vascos. Cuenta con cuatro ámbitos estratégicos de actividad investigadora: la energía, el transporte y la movilidad, la salud y la fabricación avanzada

A. Agirregoikoa

En 2015, IK4 registró unos ingresos de 111 millones de euros, un 9% más que en 2014. Este dato consolida la tendencia de los últimos años que mantiene los ingresos de la corporación por encima de los 100 millones de euros.

Recientemente han publicado los datos del ejercicio 2015. ¿Qué balance hace de ellos?

Son muy positivos. Más allá del incremento de un 9% del pasado año, y la estabilidad que hemos tenido en los ingresos en los últimos años a pesar de los fuertes vaivenes económicos, lo que me parece más destacable es la mejora de los resultado cualitativos que hacen referencia a la excelencia de nuestra actividad investigadora. Así, creo que el balance que hacemos en cuanto a patentes concedidas, publicaciones realizadas o proyectos acometidos con empresas es realmente satisfactorio. Estos resultados nos sitúan entre las diez primeras corporaciones tecnológicas privadas de Europa, así que no es casualidad que seamos uno de los principales referentes en el ámbito de la investigación aplicada del continente. Es importante señalar que más del 60% de estos ingresos proceden del sector privado, una ratio que nos sitúa en una posición de liderazgo en Europa.

En definitiva, unos resultados para sentirse orgulloso

Así es. Nos sentimos muy orgullosos porque reflejan la consolidación de IK4 como uno de los actores más relevantes en la transferencia de tecnología a la empresa y apuntalan nuestro compromiso con la I+D+i como fórmula para garantizar la competitividad del tejido productivo de Euskadi. Somos los aliados de referencia de la empresa en su camino hacia la mejora de su competitividad, ya que consideramos imprescindible para una empresa una apuesta decidida por la I+D para poder competir hoy en día en los mercados internacionales.

A la vista de los datos sobre el año pasado, ¿qué esperan para 2016?

Nuestras previsiones son prudentemente optimistas y esperamos consolidar la actual cifra de ingresos. Pero, del mismo modo que con los resultados de 2015, pondremos también el acento en la vertiente cualitativa, en seguir en la senda de la mejora de nuestra excelencia. Además, uno de los capítulos que experimentará un crecimiento más significativo son las inversiones. Así, a lo largo de 2016, el apartado de inversiones se va a reforzar hasta alcanzar los 10 millones de euros, mientras que el año pasado destinamos 3,66 millones de euros a este fin. Los últimos ejercicios han estado marcados por una coyuntura económica general poco favorable, lo cual nos ha obligado a actuar con prudencia. Sin embargo, una alianza dedicada a la generación de conocimiento y el avance tecnológico debe contar con equipamiento e instalaciones de vanguardia y es por eso que pensamos reforzar esta partida.

¿En qué logros concretos se traduce su actividad investigadora?

En IK4 consideramos clave que nuestros objetivos de transferencia tecnológica tengan una traducción real en el aumento de la competitividad empresarial. En este sentido, en 2015 logramos la concesión de diez nuevas patentes, lo que eleva a 78 nuestro número total de patentes en vigor. En cuanto a la generación de conocimiento, el año pasado sumamos 355 publicaciones y 40 tesis doctorales defendidas relacionadas con proyectos de innovación. En 2015 hemos trabajado con 1.116 empresas entre todos los centros de IK4. Entre ellas se cuentan los grandes grupos empresariales, las empresas tractoras y multitud de pymes del País Vasco. Esto da el verdadero sentido a nuestra razón de ser, que es generar conocimiento tecnológico de vanguardia que llegue a la empresa vasca y se traduzca en una mejora de su competitividad. Esta es la verdadera medida de nuestra actividad: ser capaces de transferir a las empresas conocimiento y personas altamente cualificadas.

Uno de los argumentos que pone en valor constantemente IK4 es la capacitación de sus personas...

Así es, no se puede innovar si no contamos con las personas mejor formadas para hacerlo. La plantilla de los nueve centros que integran IK4 está compuesta por cerca de 1.300 personas, de las cuales un porcentaje superior al 28% son doctores, un dato que demuestra la elevada cualificación de su personal investigador.

Para este año tenemos previsto incorporar más investigadores a nuestra plantilla, profesionales altamente cualificados que nos permitirán realizar I+D de vanguardia y también transferir talento a nuestras empresas cliente.

Por otro lado, esta apuesta por la excelencia nos ha permitido reacreditar a todos nuestros miembros como centros tecnológicos según los exigentes criterios de evaluación marcados por el Gobierno Vasco para el año 2020.

La alianza tecnológica ha expresado su deseo de incrementar su presencia en Europa. ¿Qué oportunidades vislumbran en este ámbito?

Así es, IK4 tiene un protagonismo creciente en Europa. Prevemos que los ingresos procedentes de fondos europeos se incrementarán en un porcentaje importante durante los próximos años. En los siete años de andadura del VII Programa Marco hemos obtenido retornos por valor de 90 millones de euros, fruto de nuestra participación en 225 proyectos de investigación, de los cuales hemos liderado 76. En los siete años de duración del nuevo programa Horizonte 2020 prevemos obtener de esta fuente unos 130 millones de euros.

Como se puede apreciar, Europa es para nosotros una apuesta prioritaria. En primer lugar como fuente de captación de recursos, que permite reforzar nuestra especialización y sostener el modelo de financiación público-privada al 50%. Pero no solo eso. Europa nos permite posicionarnos en los órganos de decisión de los foros tecnológicos estratégicos para IK4 y poner en la agenda de investigación europea los temas que nos interesan a nosotros y a nuestras empresas cliente. Todo ello sin olvidar otras ventajas como colaborar con los centros tecnológicos referentes europeos, contrastar el nivel de excelencia de la tecnología que generamos con los líderes europeos y llevar nuestras necesidades y las de nuestras empresas a los programas de trabajo europeos, para facilitar la participación en los programas que se adapten a nuestras necesidades.

¿Cuál es el nuevo escenario?

El nuevo escenario europeo conllevará multitud de oportunidades para las empresas vascas, e IK4 será un actor de referencia para ayudarles a aprovecharlas. La Unión Europea tiene previsto destinar una gran cantidad de recursos al nuevo programa, se estima una inversión total de 80.000 millones de euros. Además, las directrices marcadas indican que se favorecerán los proyectos de investigación más cercanos al mercado, y por tanto más relacionados con la actividad diaria de las empresas. Esta meta está absolutamente alineada con nuestra idiosincrasia.

Colaboración

Capacidad de innovación, reflexión política y ambiciones: luces y sombras

Jon Mikel Zabala Iturriagagoita

Profesor de Deusto Business School
@jonmizabala

La innovación es una de las palabras que más se emplean en la sociedad actual. Forma parte de nuestro vocabulario habitual, y en la mayoría de los casos se percibe la innovación como una necesidad. La innovación es a menudo entendida como algo positivo que redunda (o debería redundar) en el bienestar, dando solución a problemas existentes (económicos, sociales, medioambientales, etc).

El término aparece por primera vez con un sentido económico positivo en los trabajos del economista Joseph Alois Schumpeter (1883-1950), quien describió un paradigma socioeconómico en el que la innovación resultaba ser el motor interno del desarrollo económico. Schumpeter bautizó el concepto de creative destruction (destrucción creativa), al que definió como un proceso de mutación industrial que revoluciona la estructura económica, destruyendo lo antiguo y creando elementos nuevos. Los responsables de dichos procesos serían los “emprendedores innovadores”. Con sus trabajos, Schumpeter sentó las bases para comprender los efectos de la innovación como factor determinante del desarrollo empresarial y económico.

Schumpeter (1934) consideraba que las nuevas combinaciones de las fuerzas productivas (o innovaciones) podían ser de cinco tipos: 1) introducción de una nueva mercancía (innovación de producto); 2) introducción de un nuevo método de producción (innovación de proceso); 3) apertura de nuevos mercados; 4) nuevas fuentes de materias primas y 5) nuevas formas de organización industrial. Desde entonces han sido muchos los estudiosos que, desde varias disciplinas y enfoques, han tratado de definir la innovación y acotar su significado. Atendiendo a la definición del Manual de Oslo (2005), que es la que se aplica en la elaboración de las estadísticas de innovación, una innovación es la introducción de un producto (bien o servicio) o de un proceso, nuevo o significativamente mejorado, o la introducción de un método de comercialización o de organización nuevo aplicado a las prácticas de negocio, a la organización del trabajo o a las relaciones externas.

La innovación es por lo tanto un concepto poliédrico, ya que es a la vez un proceso y su resultado, en el que además del componente tecnológico, los factores organizacionales y socioculturales también desempeñan un papel fundamental. Sin embargo, parece natural pensar que no todas las innovaciones tienen el mismo impacto económico, tecnológico o social. A modo de ejemplo, podríamos pensar en las diferencias entre el Chupa-chups, la fregona, el Tetra Pak o los detergentes. Por lo tanto, además de clasificar a las innovaciones en función de su naturaleza, también es posible distinguirlas en función de su grado. Aquí cabría diferenciar entre innovaciones radicales e incrementales.

La cantidad de veces que escuchamos hablar de innovación, tanto en los medios, como en las organizaciones, el deporte, la alta cocina, etc. no hacen sino ilustrar que la innovación es un atributo imprescindible en la sociedad actual. Ningún país puede presumir de no ser (o no querer aspirar a ser) innovador, aunque su política sea absolutamente conservadora. La innovación determina las acciones (o inacciones) de los gobiernos. La sociedad necesita personas innovadoras. Las administraciones requieren también personas innovadoras que sepan adaptar las instituciones existentes a las nuevas demandas económicas y sociales.

En este sentido, la Comisión Europea, dentro de su estrategia Europa 2020, ha considerado que el fortalecimiento de la capacidad de innovación es uno de los pilares sobre los cuales esta debe estar fundamentada. Para monitorizar y examinar los avances que se producen en la mejora de esta capacidad de innovación en los Estados miembro, la Comisión Europea ha desarrollado el denominado Innovation Union Scoreboard (IUS). El IUS está destinado por tanto a tener un impacto directo sobre la formulación de las políticas de ciencia, tecnología e innovación de los estados miembro.

El IUS incluye 25 indicadores, que se dividen en tres categorías y ocho dimensiones. Las tres categorías consideradas son: habilitadores, actividades de la empresa y resultados. De acuerdo con el IUS, los indicadores incluidos bajo la categoría de habilitadores capturan aquellos determinantes del desempeño innovador externos a la empresa. Esta categoría se encuentra a su vez subdividida en tres dimensiones: recursos humanos, sistemas de investigación, y financiación. Por su parte, la categoría de actividades de la empresa cubre otras tres dimensiones: inversiones empresariales, emprendimiento y propiedad intelectual. Por último, la categoría de resultados incluye dos dimensiones: resultados innovadores y efectos económicos. Cada una de estas ocho dimensiones incluye a su vez una serie de indicadores.

Pedro Miguel Etxenike. Unai Beroiz

Con base en los resultados que arroja el análisis de los anteriores indicadores, el IUS clasifica a los Estados miembro de la Unión Europea (UE) en función de su capacidad de innovación en 1) líderes, que incluyen aquellos países que cuentan con una capacidad de innovación un 20% por encima del promedio de la UE: Dinamarca, Finlandia, Alemania y Suecia;2) seguidores, que son aquellos países cuya capacidad de innovación está comprendida entre un 20% por encima y un 90% de la media comunitaria: Austria, Bélgica, Francia, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos, Eslovenia y Reino Unido; 3) innovadores moderados o países cuya capacidad de innovación oscila entre el 50% y el 90% de la media de la UE: Chipre, República Checa, Estonia, Grecia, Hungría, Italia, Lituania, Malta, Polonia, Portugal, Eslovaquia y España y 4) innovadores modestos, menos del 50% de la media de la UE: Bulgaria, Letonia y Rumanía.

Según el IUS, los países más innovadores muestran un mejor rendimiento en todas las dimensiones anteriores, por lo que sus sistemas de innovación pueden caracterizarse por su equilibrio y homogeneidad. ¿Y nosotros? ¿Qué objetivo deberíamos tener para el futuro desarrollo del sistema nacional de innovación? Es probable que el/la lector/a haya escuchado alguna vez los cantos de sirena que a veces resuenan sobre el hecho de que deberíamos compararnos con Dinamarca pero, ¿es razonable pensar que podemos aspirar a convertirnos en un país líder en innovación? La cuestión no se limita a discutir el papel que desempeñan las universidades y los centros científicos y tecnológicos en la mejora de la capacidad de innovación. La complejidad de un sistema de innovación, y las dinámicas que subyacen al mismo, no se limita a los agentes que lo componen, sino que también incluye la estructura y la gobernanza de la investigación y de su financiación, los mecanismos de transferencia para que la investigación básica llegue a las fases de desarrollo, la estructura y el funcionamiento de las instituciones de educación superior, la estructura del tejido industrial, la presencia de los fondos de capital de riesgo, las relaciones ciencia-industria, las políticas de ciencia, tecnología e innovación, etc.

Países líderes en innovación como Dinamarca o Suecia no solo invierten mucho más que nosotros en investigación, sino que además son capaces de tener dinámicas económicas más resilientes y maleables (a variaciones del entorno) como consecuencia de sus procesos sistémicos de innovación. En lo que respecta a sus sistemas de educación superior, tanto en Suecia como en Dinamarca la financiación de las universidades depende por un lado del número de estudiantes. Por otro lado, también cuentan con una base financiera sólida para que puedan tener un rendimiento de alto nivel en investigación y enseñanza, a pesar de que la investigación esté concentrada en un número reducido de instituciones. Tampoco se pueden obviar las diferencias en las actitudes socioculturales. Por ejemplo, hay marcadas diferencias en la orientación (y formación) en valores innovadores y emprendedores, así como en la participación de la mujer, tanto en investigación como a la hora de emprender. Por su parte, las políticas de ciencia, tecnología e innovación también resultan ser mucho más holísticas, combinando programas y utilizando instrumentos tanto de oferta como de demanda.

Durante los últimos años, en el País Vasco se ha producido una pérdida de dinamismo que se traduce en una reducción de su capacidad de innovación al realizar comparaciones internacionales, principalmente en relación con el desempeño y evolución de los países líderes en innovación. Mientras que, como ya hemos indicado, los países líderes muestran un equilibrio entre los diferentes componentes de sus respectivos sistemas, en el País Vasco hay ciertas dimensiones que sobresalen sobre otras. A su vez, es necesario reflexionar sobre el equilibrio necesario entre las dimensiones de input y de output. La capacidad de innovación de un territorio no puede ser comprendida exclusivamente como la cantidad de recursos que se invierten en el sistema (inputs), o los resultados que obtienen del mismo (outputs), sino que también resulta necesario evaluar el nivel de eficiencia alcanzado por el sistema al comparar los resultados alcanzados en función de la cantidad de recursos invertidos. Esta complejidad, tanto en el diseño de las políticas públicas de apoyo a la innovación, como en la evaluación de las mismas y en su traslación en términos de capacidad de innovación requiere de la participación de múltiples actores, económicos, sociales, académicos, profesionales, etc., pero sobre todo requiere de la búsqueda de consensos que definan una hoja de ruta que se mantenga en el tiempo. La innovación no es fruto de un día, pero si no estamos preparados para responder a los cambios disruptivos que se están produciendo en el entorno económico (y cada vez con mayor velocidad), es muy probable que para cuando sintamos la necesidad de reaccionar, ya sea demasiado tarde.

Esta reflexión no es nueva. Tal y como dijo Pedro Miguel Etxenike el 26 de enero de 2006 en el discurso de entrega de los Premios Nacionales de Investigación, “la cultura del siglo XXI va a ser, en gran medida, una cultura científico-técnica. Si queremos que nuestro país forme parte del grupo de los países desarrollados, tanto los dirigentes políticos como la sociedad en general deben ser conscientes de ello y actuar en consecuencia. Exige una política a largo plazo, que construya un sistema de Ciencia y Tecnología sobre pilares sólidos, con una inversión nacional fuerte y sostenida. Es el momento de ser ambiciosos. Afrontar un nuevo salto cuantitativo y cualitativo, con visión integradora para ampliar el consenso político y social. Un acuerdo que aglutine a la sociedad y sea la expresión institucional de una visión estratégica que impulse y vertebre nuestras actuaciones”. Esperemos que dentro de diez años no tengamos que escribir estas mismas líneas, y ese deseo de Pedro Miguel y de muchos otros de ser ambiciosos consiga ver la luz antes de que se nos haga definitivamente de noche.

Aprendizaje a lo largo de la vida, herramienta imprescindible

La Diputación Foral abre gracias a instrumentos como Ikasmina y emozioak.net la posibilidad a que la formación no se limite a los años de educación reglada

Con el objetivo de que Gipuzkoa se convierta en un Territorio de Aprendizaje, el departamento de Promoción Económica, Medio Rural y Equilibrio Territorial de la Diputación Foral desarrolla la iniciativa Ikasmina, una ambiciosa herramienta que contempla el aprendizaje a lo largo de la vida en sus vertientes personal, profesional y social como modo de poner en marcha un proceso que desemboque en una sociedad de conocimiento avanzada, con un crecimiento económico sostenible, más y mejores puestos de trabajo y una mayor cohesión social, garantizando también una buena protección del medio ambiente. Asimismo, se quiere reforzar la contribución del aprendizaje a lo largo de toda la vida a la ciudadanía activa, el diálogo intercultural, la empleabilidad, la igualdad entre hombres y mujeres y la realización personal.

Las referencias de Ikasmina son múltiples: bebe de la Unión Europea al afirmar que todas las personas requerirán una amplia gama de competencias para adaptarse de modo flexible a un mundo que está cambiando con rapidez y que muestra múltiples e interconexiones; recoge también la política de la CAV que afirma que necesitamos personas creativas, emprendedoras, abiertas al entorno y capaces de liderar proyectos, entre otros. Por último, la propia Diputación pone en valor modelos de nueva gobernanza cuyo centro es una ciudadanía conocedora de sus derechos y deberes. También desde una orientación al bienestar precisa promover los valores relacionados con las competencias emocionales y sociales y la participación en el conjunto del sistema educativo y en ámbito organizacional y social.

Y hablando de educación emocional, precisamente otra pata de la estrategia de aprendizaje a lo largo de la vida muy útil para no descuidar este aspecto es emozioak.net, cuyo objetivo es el desarrollo de competencias socioemocionales para impulsar un territorio equilibrado que combine la dimensión humana y la física, con una identidad sólida en valores y una cultura propia. Con la persona como centro, el objetivo es convertir en positivos los procesos de enseñanza-aprendizaje y poner también en valor la relación de la persona con los propios procesos, además de fomentar entornos emocionales favorables para la creatividad y la innovación. Los ámbitos de actuación de esta iniciativa son el sistema educativo reglado incluyendo a las familias; los ámbitos empresariales, los organizacionales y los sociocomunitarios con diagnósticos de necesidades y diseño y desarrollo de planes de intervención.

Más mujeres

Según la estadística, en 2015, el 16,5% de las mujeres en edad adulta (25-64 años) de Gipuzkoa participaba de forma continua en actividades de aprendizaje a lo largo de la vida. Se trata de un porcentaje ligeramente superior al de la población masculina (11,5%). La comparación con el resto de países europeos muestra que la participación de las mujeres guipuzcoanas es superior a la media europea (11,6%) y a la del conjunto del Estado (10,3%). Sin embargo, Gipuzkoa todavía se marca el reto de alcanzar los valores registrados en las sociedades que lideran el ranking europeo en la participación en el aprendizaje, entre las que destacan Dinamarca (37,4%), Suecia (36,5%), Islandia (31,7%) y Suiza (31,3%). En la práctica totalidad de los países la participación masculina es superior a la femenina, con la excepción de Suiza, Luxemburgo y Alemania, donde la masculina es ligeramente superior.

Graduación del alumnado del Aula de la Experiencia de la UPV. Ruben Plaza

Calle Mayor, epicentro del proyecto SmartKalea. N.G.


"Debemos recorrer con los colectivos de la ciudad un proceso de asimilación de las soluciones tecnológicas"
Ernesto Gasco
Concejal de Impulso Económico


La ciudad más lista

Fomento de san sebastián lanza diversas iniciativas con el objetivo de convertir a la ciudad en pionera en reducción de uso energético y movilidad sostenible

Donostia es la más bonita y también la más lista. Nadie discute su belleza, una virtud a la que ahora hay que sumar las políticas smart que desde la Concejalía de Impulso Económico, a través de Fomento de San Sebastián, se están llevando a cabo y que responden al diseño de una estrategia que ha convertido a la ciudad en referente europeo en esta materia. Los cimientos se encuentran en el Plan Smart que se viene diseñando desde 2013, y del que surgen ramificaciones como el Proyecto Replicate, que permitirá un desarrollo modélico en el nuevo barrio de Txomin; o SmartKalea, el caso práctico de la calle Mayor, en la que la iluminación, los contadores de agua y la electricidad son inteligentes y que cuenta con un sistema de conteo de personas cuyos resultados pueden ser muy útiles a la hora de la adopción de medidas públicas.

"Las ciudades se encaminan hacia un proceso para dotar de inteligencia a los entornos urbanos a través de la implantación de diversas tecnologías, especialmente en el espacio público, que afectan a la movilidad sostenible, al uso de energías menos contaminantes y las plataformas TICs" apunta el concejal de Impulso Económico, Hostelería, Comercio y Turismo, Ernesto Gasco. "El objetivo es muy sencillo: descubrir cómo la tecnología puede mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos", añade. Fomento de San Sebastián ha desarrollado un Plan Smart para la ciudad dentro del marco de actuación del proyecto europeo Steep, en colaboración con las ciudades de Florencia y Bristol, que establece una estrategia para el periodo 2016-2020 para implementar eficazmente y de forma planificada sus proyectos en el entorno urbano bajo una perspectiva integradora y smart. En el Plan Smart toman parte más de 200 agentes locales.

En el ámbito de las energías renovables y de la eficiencia energética, destaca la instalación de placas solares fotovoltaicas en edificios municipales y la construcción de edificios bioclimáticos singulares, entre ellos, el centro de innovación y empresas Enertic, destinado al sector de las energías renovables y de la eficiencia energética, situado en el Polígono 27. En 2009 creó el Clúster urbano de Energías Renovables y Eficiencia Energética de San Sebastián, que cuenta como socios con más de 150 empresas y entidades.

Al mismo tiempo se están desarrollando otros proyectos de gran interés en el ámbito Smart, SmartKalea y el proyecto Replicate. El primero, un proyecto liderado por Fomento de San Sebastián, nace con el objetivo de fomentar la sostenibilidad medioambiental, la eficiencia energética, la participación ciudadana y la transparencia utilizando tecnología puntera, que se materializa en la calle Mayor de la Parte Vieja donostiarra. La iluminación inteligente, el conteo de personas, los contadores de agua y electricidad individuales o la plataforma de integración son algunas de las medidas que ya están operativas. En este proyecto colaboran distintos departamentos del ayuntamiento de Donostia, además de diversos colaboradores tecnológicos locales, sin olvidar la participación de los comercios, hostelería, empresas y residentes de la calle Mayor.

Por su parte, el proyecto Replicate, financiado por el programa Horizon 2020, está liderado por Donostia, que juega el papel de ciudad faro junto con Bristol y Florencia. Las tres ciudades han puesto en marcha el desarrollo de un modelo de ciudad inteligente en las áreas de eficiencia energética, movilidad sostenible y TICs, que se exportará a otras tres ciudades que participan como observadoras: Essen (Alemania), Lausana (Suiza) y Nilüfer (Turquía). Participan 36 socios y cuenta con un presupuesto de más de 29 millones de euros. De esta cantidad, Donostia recibirá 11 millones de euros para el periodo 2016-2018 que se destinarán a la rehabilitación de viviendas e instalación del district heating sistema de calor centralizado para su uso en calefacción y agua caliente en el barrio de Txomin, al impulso de la movilidad eléctrica (autobuses, vehículos, motos, postes de recarga), iluminación inteligente en Polígono 27 y una plataforma smart para la gestión de la información y servicios del Ayuntamiento con información en abierto (Open Data), etc.

Respecto al futuro de las Smart Cities, el Concejal de Impulso Económico, Ernesto Gasco, indica que "probablemente no lo encontremos en la intensificación tecnológica o colonización urbana intensiva, sino más bien en determinar las necesidades de los colectivos que integran la ciudad y recorrer con ellos un proceso de asimilación de las soluciones tecnológicas a implementar en las demandas específicas".