'No alimentes al monstruo. El WC no lo traga todo'

Ura y siete consorcios y mancomunidades buscan sensibilizar a la población ante la problemática de las toallitas húmedas

2.400 toneladas de toallitas higiénicas se van al año por los inodoros de la Comunidad Autónoma Vasca, lo que supone un millón de euros al año en reparaciones, y no solo en la red pública, sino en las propias comunidades de vecinos. Son unos datos estremecedores ante los que no hay más remedio que tomar cartas en el asunto y actuar.

Para sensibilizar a la población de este problema, la Agencia Vasca del Agua URA y siete consorcios y mancomunidades de la CAV, bajo la coordinación de Aclima, el Clúster de Medio Ambiente de Euskadi; han puesto en marcha la campaña No alimentes al monstruo. El WC no lo traga todo (www.munstrowc.eus) , la cual se enmarca en un proyecto sobre hábitos ciudadanos y contaminantes emergentes que tiene como objetivo abordar el reto de la contaminación difusa en las cuencas urbanas.

La finalidad es promover una mayor concienciación social que derive en prácticas y usos más responsables a partir de la base de que el inodoro no lo absorbe todo y que, en definitiva la ciudadanía, además de ser corresponsable de la problemática generada, también tiene en sus manos una parte importante de la solución, que pasa por modificar los hábitos incorrectos, depositando las toallitas higiénicas en los recipientes destinados a almacenar basuras.

Contaminación emergente

Las toallitas húmedas constituyen un contaminante reciente y novedoso, que viene a sumarse a otras sustancias contaminantes denominadas emergentes (disruptores endocrinos, moléculas biológicas, nuevos antibióticos, hormonas, etc.). Bajo esta nueva denominación se incluyen diferentes residuos generados en el ámbito de la sociedad urbana y de avanzada tecnología. Se llaman así debido a su reciente identificación mediante nuevos métodos analíticos de última generación que permiten alcanzar niveles de detección impensables hace unos años y que detectan incluso los nanogramos por litro presentes en las aguas residuales. En muchos casos se trata de contaminantes aún no regulados y de los que se desconocen sus efectos en detalle, por lo que es difícil predecir sus consecuencias sobre la salud o los ecosistemas acuáticos.

Su principal vía de entrada en el medio ambiente son las aguas residuales. Las plantas de tratamiento convencionales no están diseñadas para la depuración de este tipo de contaminantes, por lo que su eliminación no está garantizada de forma completa.

Analizando la salud ecosistémica de las aguas

Un informe de URA hace un seguimiento desde sus inicios hace 20 años hasta hoy del estado ecológico de las masas de agua

La Agencia Vasca del Agua publicó recientemente un informe síntesis que muestra la evolución del estado ecológico de las masas de agua en Euskadi a lo largo de los últimos 20 años.

El programa ha analizado la salud ecosistémica de las aguas, permitiendo obtener una visión global sintética de la evolución percibida en las masas de agua de toda la CAV.

Lo primero que se ha descubierto es que los ecosistemas acuáticos del País Vasco han sufrido históricamente un acusado deterioro. Los vertidos urbanos e industriales provocaron antaño una contaminación extrema en numerosos y amplios tramos de ríos y estuarios, e incluso en algunas zonas de la costa, lo que alteraba de forma drástica las condiciones del medio. A su vez, las obras de defensa contra inundaciones necesarias para corregir la ocupación de zonas inundables , las captaciones de caudal o los obstáculos a las migraciones de peces modificaron el hábitat de la fauna y flora local. Si hubiera de fijarse un punto de inflexión en esta sistemática degradación de los ecosistemas acuáticos habría que recordar la trasposición de la Directiva del año 1991 sobre tratamiento de las aguas residuales urbanas.

A partir de ese momento comenzó el impulso a la construcción y explotación de los sistemas de saneamiento y de las depuradoras de aguas residuales urbanas en Euskadi, labor inacabada a fecha de hoy. A medida que entraban en funcionamiento estos nuevos sistemas de saneamiento, se veía necesario recabar datos para conocer su impacto real en el medio acuático.

La red de control de la CAV fue más allá, procurando entender el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos. Además, la red comenzó a incluir puntos de control en los diferentes tipos de sistemas ríos, estuarios y costa, con un control cada vez más extendido. Y como dato significativo, el número de masas de agua controladas se ha triplicado desde el comienzo en 1994 hasta la actualidad.

Para ello la Agencia Vasca del Agua URA invierte alrededor de dos millones de euros anuales en el mantenimiento de las redes de control del estado de las masas de agua y de las zonas protegidas ligadas al medio acuático de la CAV. A este esfuerzo se unen los de otras entidades que también llevan redes de control en el País Vasco, como las confederaciones hidrográficas del Cantábrico y Ebro, las diputaciones forales o los consorcios de aguas.

Participantes en la limpieza del río Urumea. AINARA GARCIA

Colaboración

Agua de todos, agua de nadie

José María Hernández

Director de la Fundación Cristina Enea

Y nos sorprendemos cuando los informativos nos muestran desprendimientos en laderas que amenazan a edificios y viviendas. Rápidamente empatizamos con esas personas que ven en riesgo sus posesiones, sus enseres, aquello por lo que han luchado y que tanto trabajo, tiempo y probablemente pasión les ha llevado. Nos parece injusto que un talud se venga abajo sepultando los sueños de personas no demasiado diferentes de nosotros. Y sin embargo, ninguneamos el debate de por qué se ha edificado en esa zona, qué razón ha llevado a ocupar, o excavar hasta hacer desaparecer, espacios que de otra manera serían el paso natural de las aguas de arroyos y torrenteras. Las zonas por las que, en los momentos en que las precipitaciones son elevadas, las aguas circulan hasta llegar a los fondos de valle.

Y nos enfadamos cuando nuevamente el río se desborda. Una vez más. Y anega calles, plazas, viviendas, garajes y comercios. Qué dolorosa impotencia provoca volver a oír a los damnificados exponer sus pérdidas, el relato de sus vidas y negocios truncados, sus enseres perdidos. Cuán injusta es la naturaleza con el ser humano. Y sin embargo, olvidamos, deliberadamente, que el río no hace sino lo que tiene que hacer, que su dinámica fluvial dicta que cuando el caudal es superior al que puede admitir el cauce, se desborda y distribuye sus aguas, y la carga de sedimentos que transporta, por la llanura de inundación llanura que hemos urbanizado y en la que residimos. Creemos que canalizar el cauce del río, elevar la cuota, será suficiente para evitar su desbordamiento, cuando lo único que estamos haciendo es derivar ese desbordamiento a otro tramo del río, aquel que no está encauzado.

Y nos apesadumbramos cuando al pasear por las calas y playas de nuestro litoral, estas se muestran como un gran collage en el que se entremezclan restos de madera, bidones, cuerdas, bollas, y un sinfín de objetos de plástico como botellas, partes desmembradas de muñecas, cajas de frutas, zapatillas Nos preguntamos cómo han podido llegar hasta allí, reflexionamos sobre qué puede impulsar al ser humano a arrojar todos esos objetos a esa gran masa de agua común y comunitaria, llamada océano, de la que todos participamos pero a la que casi nadie parece querer. Y sin embargo, se diría que no nos queremos dar cuenta de que ese océano es una masa de agua en perpetuo movimiento, con corrientes de ida y vuelta, y su oleaje devuelve a la costa todo aquello que de la costa procede. No parece importarnos demasiado que esa forma de deshacerse de los residuos es solo temporal, porque más pronto que tarde el océano nos los devolverá.

Y nos horrorizamos cuando una tormenta, como las que cada vez son más frecuentes, azota nuevamente nuestras vidas. Cuando impávidos observamos la fuerza desatada del oleaje que penetra por escaparates rotos, muros de contención incapaces de contener, y escolleras desmoronadas con sus moles de piedra moviéndose entre las olas como si livianos bloques de algodón fueran. Y sin embargo hacemos caso omiso a aquellos que dicen que este tipo de embates de la mar antaño eran inusuales, infrecuentes y muy esporádicos, y desde los últimos tiempos cada vez son más frecuentes y ocurren en meses del año antes impensables. Algo está pasando con el clima pontifican algunos que se está volviendo loco.

El agua ocupa la mayor parte de la superficie de nuestro planeta Tierra, conforma el mayor porcentaje del organismo y los tejidos de los seres vivos que lo habitan. Es una molécula presente en prácticamente todos los procesos fisiológicos, sin la que la vida, tal y como la conocemos, no sería posible.

El agua es el origen de la civilización humana, no existe ningún asentamiento humano que no esté vinculado a un río, costa, fuente o manantial. El comercio, el intercambio cultural y económico se hace mayoritariamente gracias al agua de los ríos y mares. El agua limpia y purifica, no solo de una manera simbólica, sino también a través de los sistemas de saneamiento, donde es el agua, cargada de detritus de nuestra actividad humana, la que circula por el alcantarillado.

El agua es el motor ecológico, el que condiciona el establecimiento y permanencia de los hábitats y los ecosistemas. Gracias al ciclo del agua, esta sustancia se transporta desde un lugar del planeta a otro, se desala cuando abandona el océano en forma de vapor para dar lugar a las nubes, y se mineraliza cuando se filtra por entre la tierra y las rocas.

Lago Thetis, en la localidad australiana de Cervantes. EFE

Sin agua, nuestro planeta no sería el planeta azul. Sin agua, nada sería como lo conocemos, de hecho, sería nada.

Y sin embargo, pese a ser nuestro recurso más preciado, nuestro recursos más vital, lo tratamos como si fuera algo absolutamente prescindible y despreciable. Tal vez por estar tan acostumbrados a disponer de él no somos conscientes de su valor, de lo que supone su presencia, de lo que limita su no existencia. Solo ello puede explicar, que no justificar, por qué se ha gestionado de una manera tan inconsciente, irreflexiva e incívica. Como buenos procrastinadores hemos ido postergando sine die el debate sobre cómo ponernos de acuerdo, a escala global, para tratar el agua como un bien común, como algo necesario para todos, no solo para la humanidad, sino para todos los seres que habitamos este planeta. Que el agua fuera considerada un bien común conllevaría que su gestión debiera hacerse siempre atendiendo al beneficio de la mayoría, de una manera sostenible, que garantizara que esa agua siguiera siendo un bien común para las futuras generaciones. Desterraría comportamientos egoístas guiados por el afán de lucro, y obligaría a un esfuerzo compartido de todos los habitantes para garantizarlo.

El tratamiento del agua como un bien de interés común, haría también que la gestión que se hiciera del ámbito físico por el que discurre el agua también fuera coherente. Desde esta nueva óptica, no tendría ningún sentido realizar desmontes en aquellas zonas en las que se produce la evacuación natural del agua durante los prolongados periodos de lluvias. Rehusaríamos convertirlas así en zonas de debilidad geotécnica, evitando de esta forma deslizamientos de ladera y destrucción de viviendas, y no tendríamos que aludir a peregrinas justificaciones para explicar por qué los bulones, el cemento proyecto, los muros de carga o las redes pretensadas no han realizado adecuadamente su trabajo de contención. Dejaríamos también de levantar nuestras viviendas sobre acantilados batidos por las olas, ya que es como construir casas con fecha de caducidad. Un acantilado costero es un acantilado en continuo retroceso, el batir de las olas descalza la base del farallón de forma que poco a poco se va erosionando y colapsando, y el mar va ganando terreno a la tierra. No hay ingeniería que ponga freno a ese proceso, tan tenaz como eficaz.

El considerar al río como un sistema fluvial vivo es también parte de esta nueva cultura del agua. Un río no es solamente una canalización por la que circula agua, es mucho más que eso, por ello resultaría más adecuado considerarlo como una cuenca, un sistema integral y complejo de agua en circulación, en el que cualquier intervención que realicemos va a tener afecciones aguas arriba y aguas abajo. Un conocimiento de estas dinámicas sería suficiente para frustrar cualquier intento de artificializar, y no digamos edificar nuestras moradas, en aquellas zonas que funcionan como aliviaderos en los momentos de mayor acarreo de agua, como llanuras de inundación, salidas de valles encajados o ramblas.

En definitiva, si realmente inculcáramos como un valor social la consideración de que el agua es de todos, en lugar de la extendida creencia de que no es de nadie y a nadie le importa, tendríamos mucho camino realizado. Y el mar no sería ya ese vertedero que nos devuelve aquello que ya no deseamos y le arrojamos como si fuera un saco sin fondo, sino un espacio de uso compartido y civilizado. Y el cambio climático no sería ya una realidad a la que debemos adaptarnos, aprendiendo a vivir con nuevos modelos climáticos en los que los eventos catastróficos serán cada vez más frecuentes y violentos.

Imagen de la bahía de Mutriku, con la central undimotriz en primer término. EVE


La costa vasca cuenta con un potencial de olas de 24 kW por metro, considerado medio-alto


Pioneros en energía Undimotriz

Experiencia piloto Con una generación directa de energía que va más allá de la finalidad meramente investigadora, la central de Mutriku se dispone a cumplir un lustro de vida

La especial ubicación del puerto de Mutriku, situado en una bahía natural y rodeado por los promontorios de Burumendi y Punta Alkolea, lo hace muy vulnerable a los temporales del Cantábrico, con lo que a lo largo de los años ha estado sujeto a daños en sus diques y a la inestabilidad y agitación de sus dársenas interiores, haciendo muy complejas en algunas ocasiones las labores de entrada al mismo, lo que disuadía a flotas foráneas de intentar esta maniobra.

Tras contemplarse múltiples alternativas para solucionar estos contratiempos y optar finalmente por un gran dique de abrigo arrancando desde la punta de Burumendi, la colaboración entre el Ente Vasco de la Energía y el Gobierno Vasco posibilitó que la construcción de esta infraestructura fuera aprovechada, a su vez, para la instalación de una planta de generación de energía del mar (undimotriz). A diferencia de la más conocida energía mareomotriz, que es la resultante de aprovechar el propio fenómeno físico de las mareas es decir, la diferencia de altura media de los mares según la posición relativa de la Tierra y la Luna y que resulta de la acción gravitatoria de esta última y del Sol sobre las masas de agua de los mares; la undimotriz, menos conocida pero cada vez más extendida, es la producida por el propio movimiento de las olas.

Así fue como la planta de energía undimotriz de Mutriku, inaugurada en 2011, se convirtió en la primera central europea de energía de las olas, ya que aunque existían instalaciones parecidas en aquel entonces en las Azores y Escocia, aquellas, según el Ente Vasco de la Energía, estaban más orientadas a la investigación que a la producción energética. La planta, constituida por 16 cámaras de aire dentro del dique, funciona de manera que al llegar la ola, presiona el aire de las cámaras y este asciende pasando por las turbinas y haciéndolas girar. Cuando la ola se retira, el aire es succionado también y pasa por la turbina, lo que se aprovecha para mover los generadores y producir electricidad. Toda la energía producida de esta forma se inyecta directamente a la red general.

Los niveles de producción de la central mutrikuarra no son demasiado altos, debido al cierto grado de experimentalidad de la planta y a la escasez de la potencia instalada en ella (296 kW, la cuarta parte de un molino de viento estándar), generando la energía para abastecer en un año a aproximadamente medio centenar de personas. Mutriku genera energía, pero también es un modo "de ensayo de la tecnología de columna de agua oscilante, dando acceso a los tecnólogos a probar sus equipos en condiciones reales de mar", según indicó el Departamento de Desarrollo Económico y Competitividad en una respuesta parlamentaria. En términos ecológicos, la producción estimada de 600.000 kW evita la emisión anual de 600 toneladas de CO2, lo que equivale al efecto depurativo de 80 hectáreas de bosque.

El objetivo estratégico del EVE y del Gobierno Vasco con la planta undimotriz es, en último término, que constituya un paso inicial para que las energías marinas estén al mismo nivel que hoy tiene, por ejemplo, la energía eólica terrestre; tanto en su aportación energética como en su aportación al PIB.

Itsasoaren mehatxupean

Aurreikuspenek diotenez, klima aldaketaren ondorioz itsas maila 49 zentimetro igoko da Euskal Herrian 2100. urterako. Horrek esan nahi du itsasoak lur eremuaren hektarea batzuk bereganatuko dituela eta gaur egun ezagutzen dugun euskal kostaldeak zenbait aldaketa jasango dituela

Amaia Arriaran

Horrela dio K-Egokitzen Klima aldaketa: inpaktua eta egoki-tzea ikerketa lanak. Hurrengo urteetan aldaketa klimatikoak ingurumenean zein eragin izango duen aztertzen duen proiektua da, Tecnaliako Ingurumen Unitateak koordinatuta eta AZTI-Tecnaliako Itsas Ikerkuntzarako Unitatea eta Neiker-Tecnaliako Ingurumenerako eta Baliabide Naturaletarako Unitateen parte hartzearekin.

Azterlan horretatik ateratako ondorio esanguratsuena mende honen bukaeran itsas maila ia metro erdia igoko dela da. Horrekin batera, kostaldeko 110 hektarea ur azpian geratuko direla uste da. Horrek esan nahi du paisaiak eraldatu egingo direla eta, besteak beste, hondartzak nabarmenki murriztuko dira.

Zarauzko malekoia urez esatalita olatu denborale batean. Ruben Plaza

Adituek diotenez, mende bukaeran hondartzek %25-40an egingo dute atzera. Eragin handiena jasango duten eremuak estuarioak, hezeguneak eta padurak izango dira, lur eremu zabalak eta lauak izan ohi baitira. Horien atzetik, lurzoru eraikiek ere eraldaketak izango dituzte. Izan ere, itsasoa gizakiak hartu dion eremua berreskuratzeari ekin dio.

Horren adibide garbia dira Zarautz eta Hondarribia, irudietan ikusi daitekeen bezala. Ikerketaren arabera, kostaldeko beste herri batzuen an-tzera, lurzoruaren hainbat zati ur azpian geratuko lirateke. Hondarribiko kasuan adibidez aireportuan eta inguruneetan eragingo ditu kalte handienak, pista ureztatuta azaltzen baita. Bestetik, Zarautzi dagokionez, hondartzaren zati bat eta beste zenbait eremu urperatuta geratuko lirateke.

Dagoeneko hasi gara lehenengo zantzuak antzematen azken urteetako itsasoko denboraleekin. Azkenaldian behin baino gehiagotan izan dira albiste Donostiako Paseo Berrian edo Zarauzko malekoian olatuek eragin dituzten kalteak. Dirudienez, horiek geroz eta maiztasun handiagoarekin gertatuko dira. Horrez gain, uholdeak ere sarritan ikusiko ditugu, Donostiako Martutene auzoan maiz ikusten diren eran.

Tecnaliaren ikerketaren ondorioak azaltzen dituen 'Klima-aldaketa Euskal Herrian: itsas mailaren igoera' bideoaren bi irudi: Zarautz eta Hondarribia. Gorriz, ur azpian geratuko litzatekeen lur eremua. N.G

Berotegi efektuaren ondorioa

Itsas mailak urtez urte milimetro gutxi batzuk igotzeko joera izan ohi du, baina azken urteetan klima aldaketaren ondorioz, igoera hori bizkortu egin da. 1993tik aurrera urtero 3 mm ari da igotzen, eta lehenago 1,8 mm-koa izaten zen gorakada. XXI. mendean XX.ean baino gehiago igo-tzea espero da.

Industrializazioaz geroztik atmosferara isuri den eta berotegi efektua sortzen duten gas kopurua da egoera honetara ekarri gaituena. Atmosferaren tenperatura igotzen ari da eta horrek bi ondorio nagusi eragin ditu; batetik, ozeanoetako tenperatura igotzea eta ura dilatatzea, espazio gehiago eskatuz; eta bestetik, poloetako izotz-geruza urtzea, ur kantitate gehiago sortuz, Groenlandia eta Antartidan gertatzen ari den bezala.

Azpimarratzekoa da une honetan berotegi efektua eragiten duten gasak isurtzeari utziko bagenio, orain arte kutsatu denarekin bakarrik itsas mailak gora egiten jarraituko lukeela. Hala ere, egoerak saihetsezina dirudien arren, neurriak hartzea ezinbestekoa da honek okerrera egin ez dezan, ondorioak hain larriak izatea ekidin baitaiteke oraindik ere. 2015ean Pariseko klima aldaketaren inguruko goi-bileran adostu zen akordioa aurrerapauso bat da, beti ere bertan ezarritako neurriak bete-tzen badira.

Cuatro sitios en los que el agua no es como te la imaginas

Desde la leche lunar de la sima de Alzola, hasta un río hirviente en Perú, el agua toma formas inusitadas

N. Puertas/A.C.T.

Sólido, líquido y gaseoso... Estos son los estados habituales del agua que aprendemos de pequeños en el colegio, pero más allá de cubitos de hielo, cauces de ríos o agua hirviendo para prepararnos un té, las mil formas que toma en la naturaleza el líquido elemento no pueden más que sorprendernos. Además, alguno de estos insólitos ejemplos queda bien cerca de casa.

Leche de luna en Aizarna

Un artículo científico del biólogo Carlos Galán, de la Sociedad de Ciencias Aranzadi se hacía eco en 2003 de la existencia de un río de leche lunar en la sima de Alzola, situada en el valle de Aizarna, a las faldas del Hernio. La leche de luna es conocida desde hace mucho tiempo, ya que había sido descubierta hace siglos por el naturalista suizo Konrad Gessner en los Alpes en el siglo XVI, quien la denominó así, mondmilch. Se trataba de un "material pastoso, blanquecino, blando y plástico al tacto, (que) está constituido generalmente de carbonatos de calcio y magnesio (...)", según refiere Galán en su artículo académico. Pero lo que realmente convierte en atípico el río de leche lunar es que, si bien el mondmilch se había encontrado en otras partes del mundo, siempre lo había hecho en cantidades pequeñas, no en un torrente como este guipuzcoano, de casi 300 metros, que son los que tiene en la actualidad. Es, sin duda, un caso único en todo el planeta.

El Río Tinto de Huelva

Todos hemos visto, cuando no padecido, la contaminación de los ríos y, en consecuencia, el cambio de su color natural azul verdoso a otros muy diferentes. Sin embargo en Huelva, el Río Tinto tiene su característico color vinícola por razones que en un principio no tenían que ver con la acción humana, y es que la coloración se origina por la meteorización de minerales que contienen sulfuros de metales pesados hallados en los yacimientos a lo largo del río; lo que unido a su escasez de oxígeno, confieren a sus aguas un pH muy ácido, que le han valido la declaración de LIC (Lugar de Interés Comunitario) y su integración en la Red Natura 2000.

Lo que sí ha agravado la situación de sus aguas ha sido la explotación de las minas a lo largo de su cauce y los vertidos ocasionales de colorantes y residuos tóxicos. Esto provoca daños a un ecosistema muy valioso para los investigadores y asemejable con el planeta Marte para el estudio de bacterias.

Río hirviente en Perú

Andrés Ruzo, un geólogo peruano becado por National Geographic desconfiaba de que la tradicional leyenda del país que le había contado su propio abuelo, que afirmaba que en la Amazonia peruana existe un río de aguas hirvientes, fuese verdad. De hecho, todos sus colegas científicos contestaban con un rotundo "no" cuando se les preguntaba acerca de la existencia del famoso arroyo cálido de la Amazonia. Y su escepticismo parecía fundado: es muy difícil encontrar agua caliente lejos de los volcanes y en la Amazonia peruana, desde luego, no hay ninguno.

Ruzo, guiado por su tía, amiga de la esposa del chamán que cuida del río hirviente, terminó por adentrarse en la selva, midiendo la temperatura de las aguas del cauce y constatando la variación de las mismas a lo largo de su curso, alcanzando en algunos puntos los 87°C. Si bien todavía queda mucho por explorar, el fenómeno parece explicarse porque el agua podría venir de los glaciales de los Andes que, tras filtrarse hasta lo profundo de la Tierra, brota como agua hirviendo, calentada por el gradiente geotérmico, todo gracias a su situación geológica única.

Extraña nube de vapor

Aquí tenemos que irnos un poco más lejos, a 12 billones de años luz de la Tierra exactamente. Un equipo de la NASA descubrió hace cinco años una nube de vapor de agua rodeando un agujero negro. La cantidad de agua que posee podría proveer hasta lo necesario para cada habitante de la Tierra, más toda la existente en cauces, ríos, océanos.... hasta 20.000 veces; o lo que es lo mismo, proveer de agua a 28 galaxias. Y eso que hace poco más de 40 años que la NASA confirmó que había agua en otros lugares lejos de la Tierra.

Mejor que a mano

ESTUDIO

La Universidad de Bonn no ha permanecido ajena al dilema lavavajillas-fregar a mano. El centro lanzó una investigación comparando ambos modos de limpiar los platos en siete regiones europeas bajo condiciones estandarizadas. El consumo que genera el lavado a mano de doce servicios fue estimado en 103 litros de agua, 2,5 kWh de energía y 79 minutos. Sin embargo, si escogemos un lavavajillas con denominación Triple A –el más eficiente bajo la estandarización europea–, el gasto es de 15 litros de agua y 1,05 kW de energía. Esto es, 88 litros por lavado y un ahorro de 32.000 litros de agua al año si el lavavajillas se usa una vez al día a carga completa.

Ahorrando tiempo El estudio también esgrime el ahorro de tiempo como algo a tener en cuenta, puesto que estima en no más de 15 minutos el tiempo que lleva cargar y vaciar un lavavajillas. Dependerá de los hábitos del consumidor, pero en todo caso, multiplicada esta cantidad por los días de un año, el tiempo liberado es bastante significativo.


Sí es cierto que el ahorro que supone el uso del lavavajillas gana por goleada al lavado a mano


Un usuario promedio del programa ECO para lavavajillas ahorra solo 7,7 euros al año


¿Realmente es mejor el modo ECO?

Eficiencia Los electrodomésticos que utilizan agua suelen tener programas que garantizan un mayor ahorro. ¿Cumplen lo que prometen?

El ajuste del programa y la carga adaptada a nuestros hábitos es fundamental para lograr ahorro. MIKEL SAIZ

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizó hace algún tiempo un estudio para determinar si los prefijos de tipo eco- o bío- cumplían lo que prometían, es decir, un mayor ahorro de agua y energía en el caso de los lavavajillas. El truco del ahorro estaría en trabajar a menor temperatura, si bien el estudio de la OCUmidió tanto su eficacia al lavar y secar como los consumos de agua y electricidad en los programas normal y eco.

Acerca de la duración media del programa eco, los lavavajillas emplean tres horas y tres minutos, casi una hora más que el programa normal, que emplea dos horas y ocho minutos. En ese sentido, es preferible ponerlo a trabajar por la noche, cuando no hay prisa.

Si nos ceñimos a los consumos, sí es cierto que el prograLma eco ahorra un 16% de agua, descendiendo el consumo medio desde los 13,1 litros que emplea el programa normal hasta los 11 litros. En dinero contante y sonante y estimando cuatro lavados semanales, hablaríamos de un ahorro anual en agua de 0,6 euros.

No obstante el programa eco ahorra un 16% de agua, descendiendo su consumo medio desde los 13,1 litros que emplea el programa normal hasta los 11,0 litros. Lo que transformado en dinero (para cuatro lavados semanales) implica un ahorro anual en agua de 0,6 euros. En cuanto a la factura de la luz, esta se verá reducida en un 20,1%. Curiosamente ha bajado la diferencia entre ambos programas, ya que hace unos años la diferencia era del 40%. Suponiendo el mismo uso semanal de cuatro lavados, el ahorro anual es solamente 7,1 euros (28,4 euros en lugar de 35,5). Por tanto, el ahorro en agua y luz es de 0,6 euros + 7,1 euros = 7,7 euros. La moraleja que extrajo la OCUal realizar este estudio fue que, más que el hecho de que el consumidor hubiera de andar con la calculadora encima y mil ojos para evitar ningún despilfarro, habían de ser los propios fabricantes quienes deberían mejorar sus programas eco en cuanto a ahorro, duración y eficacia.

El programa rápido

Por su parte el blog Hogares Verdes da una vuelta de tuerca a esta constatación de la OCU aplicándola a un caso práctico: un usuario afirmaba que tenía desde hacía cinco años un lavavajillas Corberó (modelo LV 6052) que cuenta con cuatro programas, entre ellos un programa bío que realiza la operación de lavado a 50°C, mientras que el resto operaba a entre 65 y 70°C . “Y sin embargo no es el que menos agua o energía consume: el programa denominado rápido no solo consume menos energía, sino que utiliza exactamente la mitad de agua que el bío”. El usuario señala que mientras el programa bío dura 160 minutos, gasta 1,05 kW y 16 litros de agua;el rápido, que tarda entre 25 y 35 minutos y consume entre 0,7 y 0,8 kW, gasta exactamente la mitad de agua:0,8 litros.

Al final parece constatado que, más que el programa que predetermine el fabricante como el que más contribuye a ahorrar, son la interacción entre la carga del propio lavavajillas, el uso que nosotros hagamos del mismo y las herramientas que el fabricante ponga a nuestra disposición en forma de programas de lavado los que determinan las posibilidades reales de ahorrar de modo significativo en las facturas del agua y la electricidad.