
Performance 'Hablar por andar o andar por hablar' (2005).Fotos: n.g.
DONOSTIA. "No sé si seré capaz de hacer honor al galardón porque es mucha responsabilidad. Lo mismo el jurado ha visto que lo merecía, no sé", decía ayer Esther Ferrer (Donostia, 1937) a Efe desde París. El Ministerio de Cultura ha decidido otorgar a la creadora guipuzcoana, considerada la primera artista performer española, el Premio Nacional de Artes Plásticas, dotado con 30.000 euros, por la relevancia de su trayectoria, su influencia pedagógica y su peso internacional.
Ferrer ha militado en destacados grupos de arte plástico contemporáneo donde su principal actividad ha sido la performance o el arte de la acción, que define como "un híbrido en las artes plásticas". El jurado ha estado presidido por el director general de Bellas Artes y Bienes Culturales, y compuesto por Manuel Borja-Villel, Gloria Picazo, Orlando Britto, Miguel Fernández-Cid, Juan Antonio Ramírez y el galardonado del pasado año, Isidoro Valcárcel
"soy verdaderamente anarquista, sin dios ni patria"
París, el arte y el monólogo
Estudió arte en París, donde reside desde comienzos de los 70. Dice que no se siente "ni española ni francesa". "Soy verdaderamente anarquista: ni dios ni patria. Las banderas no van conmigo", subraya. En breve visitará Euskadi para participar en una muestra colectiva que se celebrará en Bilbao y actualmente trabaja en la capital francesa en un nuevo proyecto del que no quiere dar demasiados detalles porque "a lo mejor" le da un giro de 180 grados.
La obra de Ferrer, en cualquier caso, está marcada por la preocupación por el paso del tiempo, el espacio y la presencia humana, factores a menudo representados por ella misma. A su juicio, "la acción consiste en salir del cuadro, de la bidimensionalidad, para entrar en el espacio y utilizar tu cuerpo como sujeto, con un simple trabajo que es la presencia que la performance requiere", sostiene. La artista, además, suele insistir en que su arte "no es comprometido" porque lo que realmente le interesa es entablar un diálogo consigo misma.
En una entrevista publicada por este diario en 2006, Esther Ferrer definía su trabajo como "un monólogo". "Yo no intento dialogar con nadie, sólo conmigo misma. Si lo que hago le sirve a alguien, si le estimula o le ayuda, me parece maravilloso, pero yo no busco eso. En realidad, no me importa", afirmaba.
"a mi alrededor la gente está muy angustiada por la crisis"
Memorias artísticas
Hay episodios memorables en la vida y obra de Esther Ferrer. Como aquella performance que realizó en Donostia cuando en la ciudad "habían oído hablar del happening cuatro y el de la guitarra". El espectáculo, según recordó en una reciente entrevista con Efe , consistió en que sus protagonistas se comían una chuleta cada uno. Y aunque no le gusta dictar la interpretación de su obra, la donostiarra no oculta que "la idea fundamental era decir: 'Aquí no hacemos más que comer'. Es decir: 'El arte nos importa un huevo".
Con ZAJ también vivió situaciones similares. El grupo nació en 1964 como movimiento musical creado por los compositores Juan Hildalgo y Ramón Berce, pero dio cobijo a todo tipo de artistas que en muchos casos guardaron la herencia del dadaísmo y Marcel Duchamp. En 1967 ZAJ actuó en un teatro de Madrid. Un intérprete se comió una manzana y no pasó nada más. El escándalo fue tal que de las siete funciones previstas sólo fue posible el estreno. Después el grupo fue perdiendo componentes por el camino y en 1972 sólo quedaban Hidalgo, Walter Marchetti y la artista guipuzcoana. Continuaron juntos hasta 1996, año en que el Museo Reina Sofía les dedicó una retrospectiva. "Ahora cada uno vamos por nuestro lado", admite la galardonada, cuya actual inquietud es "la angustia de esta situación tan ridícula que estamos viviendo y que nadie sabe de dónde ha venido", es decir, la crisis económica o financiera "o lo que sea". "A mi alrededor la gente está muy angustiada y preocupada, y es horrible".
"Tiramos la puerta que nos impedía pasar. y el hueco ya estaba hecho"
Amplia obra
Ferrer, que a principios de los 60 creó junto al pintor José Antonio Sistiaga el primer Taller de Libre Expresión, ha reflejado su obra plástica en fotografías trabajadas, instalaciones o cuadros basados en series de números primos. En 1999, Ferrer y Manolo Valdés representaron a España en la Bienal de Venecia, elegidos porque representaban desde opciones muy diferentes la oposición a la estética academicista franquista y al modernismo institucionalizado a partir de los 60. También ha expuesto su trabajo plástico en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, el Museo de Arte Contemporáneo de Roskilde-Musee for Samtidskunst (Dinamarca), el Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Koldo Mitxelena de Donostia, ciudad que también ha visitado para exponer en la galería Arteko. Además de participar en festivales artísticos prácticamente de todo el mundo, ha impartido numerosos cursillos en universidades y escuelas de Bellas Artes de España, Canadá, Francia, Suiza e Italia, entre otros países.
Alguna vez ha recordado que cuando participó en los inicios de la performance en los 60 de algún modo tiraron la puerta que impedía el acceso a otras formas de expresión. "Luego el hueco ya estaba hecho", dice.
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