|

Maite Agote en la barra de su bar Haizea, en la calle Aldamar.
El poder adquisitivo de la mayoría de los ciudadanos se ha visto mermado por la crisis económica que, a su vez, también ha azotado el mundo de la hostelería. Los profesionales de la barra se enfrentan en la actualidad a un momento de incertidumbre en el que, según señalan, "han bajado los clientes y se mantienen los gastos fijos como el alquiler y los recibos". Ante esta tesitura, algunos hosteleros han tomado cartas en el asunto y han optado por bajar sus precios con el fin de atraer al cliente. Otros, en cambio, continúan con las cifras de siempre "porque si no, no se podría ganar un sueldo".
El pionero en reducir sus precios fue Álvaro Manso, del bar Vergara de la Parte Vieja, que aplicó descuentos de entre un 30% y un 50% en todos los productos que ofrecía en su local de la calle Mayor. Desde entonces, recibe muchas más visitas debido al atractivo de sus precios: un cortado vale 0,75 euros; un pintxo, 1,20 y una cerveza, 1,30.
Pero no ha sido el único que ha modificado su tabla de precios. Ezio Bertinotti, del bar Gora Bera de la calle Birmingham de Gros, también lo ha hecho. Este italiano regenta el bar desde hace un año y ha decidido actuar "porque antes no se vendía casi nada y todas las noches había que tirar muchísimos pintxos".
Tres meses de experiencia avalan su éxito porque "el número de clientes se ha incrementado mucho". Recuerda que en los primeros meses sobraban muchos de los 50 pintxos que se preparaban en su bar todos los días. Ahora, en cambio, "se consumen más de 300 diariamente". El truco, dice, "hacer que el producto sea apetecible tanto para el cliente como para su bolsillo".
Bertinotti no sólo ha bajado el precio de los pintxos, sino que también ha cambiado los de la carta. "Antes sólo teníamos menús de día, pero ahora también los ofrecemos por la noche y están teniendo mucho éxito", explica. Esta opción, que ronda entre los 17 y 18 euros, incluye el vino y el IVA, "por lo que no es caro y asegura un comedor completo".
El Gora Bera está dividido en dos plantas. En la planta de abajo se ubica el comedor del restaurante y en la de arriba, se encuentra una barra repleta de pintxos en la que los clientes degustan las creaciones que el hostelero italiano vende por 0,50 euros.
José Antonio Rivas se encontraba con las "manos en la masa" cuando se le preguntó sobre la iniciativa de Bertinotti. "Estando las cosas de caras como están en la ciudad, se agradece la bajada de los precios", opina este cliente que percibe "más movimiento en el bar desde que se cambiaron los precios en septiembre". Lo malo, confiesa, es la tentación que surge de comer dos pintxos en vez de uno.
Ismael Agirre también ve con buenos ojos la decisión del hostelero, aunque bromea diciendo que "es una pena que no se baje igualmente a 50 céntimos el zurito".
el otro lado
El resto de los hosteleros
La otra cara de la moneda son el resto de hosteleros de la ciudad. La mayoría respeta a los compañeros que han bajado los precios, pero incide en que "no todos tienen la posibilidad de hacerlo". "Yo podría abaratar los precios si cobrara 3 euros por un pintxo y 2 euros por el zurito, pero si lo hago ahora, no me llegaría ni para pagar un sueldo", argumenta Maite Agote desde la barra del bar Haizea, en la calle Aldamar. "Es normal que la gente, ante la crisis, prescinda de los artículos de lujo como la cervecita después de trabajar", indica para señalar que "se nota mucho la bajada de la clientela, sobre todo por las tardes".
Guillermo Salvador, del bar La Cueva de la plaza de la Trinidad, tampoco cree que se encuentre en la posición adecuada para bajar sus precios. Respeta a los que sí lo han hecho, "a pesar del peligro que corre el resto al caer las medallas en solamente un hostelero". "Llevo cuatro años cobrando lo mismo, sin subidas, y no puedo bajar", informa el propietario de este tradicional local de la Parte Vieja.
A diferencia de muchos compañeros de profesión, Salvador no es tan negativo. Piensa que "la gente atribuye la bajada de clientes a la crisis económica, pero después del verano siempre han venido meses malos y después del invierno vuelve a cambiar todo". Por eso, el dueño de La Cueva cierra por vacaciones en las fechas en las que nos encontramos.
En el bar A Fuego Negro sí atribuyen el descenso de las ventas a la crisis, "aunque el local se sigue llenando igual, sobre todo los fines de semana". En este bar de la calle 31 de agosto no se ha actuado frente a la crisis, "sino que se ha seguido mimando al cliente como siempre".
Óscar González, uno de los camareros, comenta que su éxito estriba en los pintxos de elaboración propia que se ofrecen. De ahí, dice, se entiende el premio a la mejor barra de pintxos de España con el que se hicieron los tres socios. Entre sus sugerencias se encuentran el bacalao confitado, las ensaladas y la carne de Kobe, entre otros.
Jonatan Castro, que se encarga del bar Bidebide de la misma calle, también piensa que "la clave en momentos difíciles está en currarse al cliente y no bajar los precios". "En la Parte Vieja muchos hosteleros creen que la gente va a sus locales por ser quienes son, pero eso ya no vale. Ahora hay que seducir sus paladares con cosas nuevas", explica. Este joven hostelero no percibe un descenso en su clientela "porque los problemas están en las hipotecas y en los trabajos y la gente sigue saliendo para olvidar sus problemas y desconectar". Castro deduce que uno de sus atractivos más fuertes es la posibilidad que ofrece de comer por 6 euros "ya que hay pintxos, bocadillos, platos combinados y ensaladas, cosas que llegan a todos los bolsillos".
menús
"Los precios están ajustados"
José Luis Sánchez, del bar Gure Txoko de la calle Usandizaga, tampoco cree que ofrezca platos caros, pero calcula que el número de menús servidos desde febrero ha bajado en torno a un 40% respecto a otros años. El hostelero de Gros ha decidido mantener su negocio como siempre "porque los precios ya están ajustados". Además, cree que seguirá recibiendo como hasta ahora a su clientela fija y a las personas que acuden al local después de asistir a algún evento en el Kursaal.
En la Casa de Galicia de la calle Zabaleta se mantiene la clientela. "Servimos entre 70 y 80 menús diarios y también hay mucha gente que viene a tomar algo y comerse un pintxo", explica Emilio Espinosa desde la barra. Los productos más demandados siguen siendo "las especialidades gallegas como el pulpo".
Petra Rodríguez es consciente de que el poder adquisitivo de los clientes ha empeorado y por eso, dice, "hay que seguir ofreciendo productos de calidad a un precio asequible, como hasta ahora". La responsable del bar Diz de la calle Zabaleta no está de acuerdo con las bajadas de los precios "porque el truco está en ofrecer menos cantidad o empeorar la calidad de los productos". "No hay más posibilidades", argumenta, "porque si no también bajarían los ingresos de los hosteleros". "Yo voy a seguir como hasta ahora, sirviendo la cerveza en vaso de sidra porque sé que eso es lo que quiere mi cliente", adelanta. Carlos, Javier y Julio escuchan a la camarera y bromean asegurando que desde que hay crisis pone sólo cinco aceitunas cuando antes servía 14".
|
|
© NOTICIAS DE GIPUZKOA
Avda. Tolosa 23 · 20018 Donostia · GIPUZKOA ·
Tel 943 319 200 · Fax Administración
943 223 900 · Fax Redacción 943 223 902