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El público, la mejor estrella

Los espectadores, que han acudido en masa a las salas y han instaurado un ambiente festivo, han demostrado ser el gran capital del Zinemaldia.

Un operario, ayer en las tareas de desmontaje con el cartel de 'El patio de mi cárcel' al fondo.Foto: iker azurmendi

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T RAS el examen, llega la evaluación. El alumno se somete a las notas del profesor y la 56ª edición del Zinemaldia ha logrado una matrícula de honor, varios notables, aprobados y algún que otro suspenso. La matrícula de honor, la valiosa matrícula de honor se la lleva sin duda alguna el público, un público generoso, fiel, adepto, que este año ha vuelto a demostrar que es el gran capital del festival de cine donostiarra.

Más de 100.000 espectadores han respondido a la llamada inicial de "más cine, por favor" y han acudido en masa a las salas para presenciar unas películas que, fuera de las aulas del Zinemaldia, no pasarían de la semana en la cartelera o ni se llegarían a programar ante el desinterés del espectador. Y fuera de las salas de cine, este mismo público ha llevado el ambiente festivo a la calle, a la caza de un autógrafo o una fotografía, a la caza de una ilusión, a la caza de un sueño, creando notables y en ocasiones sobresalientes bellas instantáneas de cine.

El aprobado, nada esperado de antemano, se lo lleva una decepcionante Sección Oficial que no ha hecho honor a la talla de los alumnos que han acudido a concurso al Zinemaldia, que deberá hincar los codos para levantar algún que otro suspenso.

SECCIÓN OFICIAL Dejando a un lado el desilusionante palmarés del jurado presidido por Jonathan Demme, con ya no discutibles, sino incomprensibles decisiones en determinados premios -cualquier mediocre producción iraní se lleva todos los honores en Donostia-, la Sección Oficial no ha respondido a las elevadas expectativas generadas por la presencia de directores como Kim Ki-duk, Michael Winterbottom, Daniel Burman, Jaime Rosales, Hirozaku Kore-eda, Kristian Levring o Christophe Honoré. Salvo algunas excepciones, las películas a concurso se han caracterizado por su tono grisáceo aunque con destellos para guardar en la selectiva memoria de los espectadores.

Ahora bien, esta anodina producción parece descansar más bien en un insulso mercado (la gallina no da más ) que ser algo achacable a los programadores del festival. Así, una vez más, los honores se los lleva la sección Perlas de Zabaltegi, con grandes títulos presentados en otros festivales, como Hunger ,Vicky Cristina Barcelona, L'heure d'eté ,Burn after reading ,Entre les murs o Lemon Tree.

glamour Es el eterno debate. La discusión sobre si la presencia de estrellas es escasa para un festival de categoría A es algo que siempre va a flotar en el ambiente, que va a perseguir al certamen de por vida. Este año, los premios Donostia Meryl Streep y Antonio Banderas, Melanie Griffith, John Malkovich, Ben Stiller, Robert Downey Jr, Paul Thomas Anderson o Colin Firth han encabezado un elegante firmamento de estrellas en el que han brillado con luz propia el producto español, con los televisivos Miguel Angel Silvestre y Hugo Silva como estandartes para delicia de sus numerosas fans.

Ahora bien, no es entendible ni justificable la ausencia en Donostia de los actores de las películas de inauguración y clausura -Liam Neeson y Laura Linney con The other man, por un lado, y Adrian Brody y Rachel Weisz con The Brothers Bloom, por otro-, algo impensable en Berlín, Cannes y Venecia y que inevitablemente induce a reflexionar sobre el peso del Zinemaldia a nivel internacional. La imagen y la proyección al otro lado del charco , hasta ahora impulsada por la figura del artista Julian Schnabel -el festival nunca va a poder pagar la deuda que tiene pendiente con él-, parece ir perdiendo atractivo y ya no sólo en favor de otros festivales.

ambiente De un tiempo a esta parte, la presencia del Zinemaldia en la calle había venido decayendo. La cada vez menor presencia de vallas publicitarias en el entorno de los escenarios principales, la marcha de algunas firmas o la ausencia del ambiente de antaño de las fiestas nocturnas fueron tejiendo una preocupante situación que tuvo su punto culminante hace dos años, cuando se palpó un ambiente de frialdad de la ciudad para con su festival, que tuvo su evidente reflejo en un desangelado María Cristina -aislado, además, por las obras de la plaza Okendo- tanto en los pasillos del hotel como en los alrededores.

La presencia el pasado año del galán Richard Gere en Donostia desató la locura, empujó a la calle al público, y le dio aire, frescura, vida al Zinemaldia, creándose un ambiente festivo que no se recordaba y que este año por fortuna se ha vuelto a repetir. La presencia de numerosos fans a todas las horas a la caza de un autógrafo o de una fotografía en las inmediaciones del María Cristina y del Kursaal -varios jóvenes se tatuaron el cuerpo con el nombre de sus estrellas- ha sido una estampa habitual y que es prioritario conservar para que el festival donostiarra siga gozando de buena salud.

Y aquí el nombre propio ha sido el del actor Miguel Ángel Silvestre, el Duque , cuya presencia ha desatado tal locura en Donostia que ha obligado al festival a apostar un guarda de seguridad en la puerta de su habitación, ya que numerosas fans se colaban en el hotel por sitios insospechados.

público Todos los calificativos se quedan cortos a la hora de explicar el amplio respaldo del que goza el festival entre el público, que una edición tras otra acude en masa a las diferentes producciones, ya sea de Sección Oficial, Zabaltegi, Nuevos Directores, Horizontes Latinos, Made in Spain, Velódromo o los diferentes ciclos, casos, este año, de Terence Davies, Mario Monicelli o Japón en negro .

Las interminables colas a las puertas de las diferentes salas han sido la tónica general, superándose la cifra de 100.000 espectadores. Un detalle más que revelador. Tres de los críticos nipones más importantes que han acudido a Donostia con motivo del ciclo sobre el cine de su país han mostrado su grata sorpresa por la numerosa afluencia a algunos títulos que en su tierra "sólo habrían ido a ver algunas personas y mayores". Ver para creer. Chapeau.

patrocinio El Zinemaldia tiene asegurado el respaldo de TVE, que ha comprometido su apoyo al festival para las próximas ediciones. Ahora bien, para los años venideros la dirección debería no ser tan complaciente como para permitir que su principal patrocinador repita la indignante e intolerante actuación de este año, colocando en la parrilla televisiva de la madrugada la entrega de los Premios Donostia o programando en diferido las galas de apertura y clausura, unas ceremonias que, por cierto, sí ha emitido ETB-1.

negocio Para todo gran festival que se precie, es fundamental, por no decir indispensable, convertirse en una plataforma para la industria cinematográfica, en un punto de encuentro y negocio de las grandes productoras y distribuidoras. A este respecto, los mandamás de Miramax o Warner han estado en Donostia estos días con motivo de los filmes El niño con el pijama de rallas y El patio de mi cárcel , respectivamente.

Se trata de una línea a potenciar, ya que es fundamental atraer cada año a más profesionales en un contexto marcado por la cada vez mayor feroz competencia de otros festivales que se concentran por esta época.

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