
Darío de Regoyos pintando en Donostia en 1908.Foto: extraída de un catálogo sobre regoyos de la fundación kutxa
"me encanta este joven pintor porque es libre. Se escapa por las mañanas a pintar, incluso no viene a las clases, lo pierdo de vista varios días y de pronto vuelve cargado de dibujos y pinturas que tienen fuerza y son realmente originales". En estos términos se refería el profesor belga Joseph Quinaux al alumno que posteriormente se convertiría en uno de los máximos exponentes del impresionismo español, el pintor Darío de Regoyos (Ribadesella, Asturias, 1857-Barcelona, 1913).
Regoyos, uno de los pintores más cotizados en la actualidad, engrosa la lista de artistas que fueron incomprendidos en su época. Tras su estancia y formación en Bruselas, se instaló en Irun en 1882. Su etapa en tierras vascas le marcó sobremanera, hasta el punto de que en una de las misivas que remitió al pintor Losada proclamaba: "De este deseo irresistible que sentí al llegar a Irun, nació mi arte y sólo de esto".
Ahora es la localidad fronteriza la que rinde homenaje a Darío de Regoyos, ya que, el centro cultural Amaia acoge -hasta el próximo 21 de septiembre- una muestra que reúne un total de 54 obras del artista. Y el homenaje bien puede considerarse mutuo ya que las piezas recrean en su mayoría motivos de la comarca del Bidasoa, además de escenarios del sur de Francia. "Es una de las mejores muestras de su obra. Hay piezas importantísimas por su dimensión y calidad", resalta el comisario de la exposición, Juan San Nicolás.
ocasión única
La amistad con José Salís
"Es una ocasión única. Tenía que visitarla toda Gipuzkoa", considera en la misma línea el irundarra Jaime Rodríguez Salís, quien, todavía hoy, guarda recuerdos y pruebas palpables de la relación de amistad que mantuvo Darío de Regoyos con su abuelo materno, también pintor, José Salís. De hecho, en su casa de Irun, conserva intacto el estudio de su abuelo, que fue escenario de los encuentros que mantenían ambos artistas. En medio del especial ambiente que se respira en este templo de arte familiar -las paredes lucen infinidad de cuadros-, el irundarra recuerda que pese a que no compartían criterios artísticos, ya que su abuelo era academicista, ambos mantenían una buena relación.
El nieto de Salís rememora que cuando Regoyos se afincó en Irun, en la casa Buena Vista que rebautizó como Bella Vista - recientemente desaparecida-, se trataba de un pequeño pueblo en el que pronto entró en contacto con los pocos que cultivaban la pintura por aquel entonces, su abuelo José Salís y Vicente Berrueta.
"Fue un impresionista, pero tampoco cumplió sus reglas a rajatabla. Su propio espíritu inconformista no le permitía ser un discípulo académico estricto. Hizo el impresionismo y el puntillismo libremente, a su gusto", detalla San Nicolás sobre la figura de Regoyos.
Ese espíritu jovial y bohemio llamaba poderosamente la atención a la abuela paterna de Jaime Rodríguez Salís, cuando Regoyos se personaba en el amplio jardín de la familia. Además, a Jaime le consta que su familia compartió divertidas veladas con el pintor impresionista -tocaba la guitarra con dominio- en el casino de Donostia.
impresionista
Paisaje del País Vasco
El comisario de la muestra y experto en la vida del pintor impresionista confirma que para éste "el paisaje del País Vasco era el no va más" , ya que perseguía "la luz armónica" y huía de "la abrasadora del Levante". "Le encantaban los matices de los amaneceres, los atardeceres, los días nublados, los días con sol", especifica.
El nieto de Salís resalta "la originalidad" de Regoyos para instalarse en Irun, cerca de la frontera, lo que le facilitaba la comunicación con su familia -su madre viuda residió en Donostia- y sus continuos viajes.
La madre del irundarra Jaime Rodríguez Salís transmitió a éste todo el legado de recuerdos relacionados con Regoyos y apunta que el artista llegó incluso a participar en el Alarde de Irun como miembro de la escuadra de caballería. Además, cuando la familia Salís se exilió a Francia con motivo de la Guerra Civil se relacionaron con los hijos y la viuda de Regoyos, afincados en Biarritz.
Precisamente, la propia hija de Regoyos, Pilar, le contó a Jaime que el pintor y su abuelo celebraron juntos el cambio de siglo, el paso de 1899 a 1900, en la iglesia del Juncal de Irun.
Otro dato que evidencia la estrecha relación que mantuvo el impresionista con la localidad fronteriza es que uno de sus hijos, Jaime, nació en Irun. Fue bautizado en la iglesia parroquial de la localidad y el padrino de la criatura fue el famoso pintor Van Rysselberghe, uno de los precursores del puntillismo.
Jaime Rodríguez Salís subraya que "Regoyos estaba tan convencido de que lo que creaba era bueno, que no le importaba lo que pensaban los demás". Darío nunca renunció a sus principios y mientras se asentaba en Irun seguía manteniendo toda su actividad expositiva fuera de España.
La familia Salís supo apreciar el arte de Darío de Regoyos y el nieto del pintor irundarra cuenta con cuatro piezas del artista. Ha cedido tres de ellas a la muestra que alberga actualmente el centro Amaia y en las paredes de su hogar luce la cuarta obra, que reproduce una vista de Toledo.
El comisario Juan San Nicolás indica que otro de los episodios que marcó la andadura de Regoyos fue la de conocer al poeta Emile Verhaeren durante su estancia en Bruselas. La íntima amistad que forjaron y el "paralelismo espiritual" que compartían les llevó a viajar juntos a España y a recorrer el sur de Francia e incluso Italia. Toda esta formación influyó en su serie simbolista sobre la España negra .
misivas
Carta original
La vida de Regoyos fue tan inquieta que cultivó de manera "notable" el género epistolar. Las cartas que recibió desaparecieron con motivo de la Guerra Civil, pero las que envió a sus numerosos contactos se han podido conservar, según explica San Nicolás, que trabaja para publicar un libro que reúna este material. Una de las mayores dificultades radica en datar las cartas, ya que Regoyos no solía poner el año en las misivas y, en la mayoría de los casos ya no se puede consultar la referencia de los sobres porque no se conservan, señala el comisario.
El irundarra Jaime Rodríguez Salís es uno de los privilegiados que conserva una carta del puño y letra de Regoyos remitida por éste a su abuelo. Arranca con un "amigo Pepe" y en ella indica detalles de distintos materiales artísticos.
"Mi profesor fue Joseph Quinaux y a él le debo mi información", dijo Darío de Regoyos de su mentor.
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