
Cadel Evans supervisa el itinerario de la etapa.Foto: efe
Donostia. El Tour de Francia se adentra hoy en los Alpes por el valle de la Durance que conduce a Italia, donde hoy suspiran por un complicado triunfo de Damiano Cunego y lloran desengañados por la ausencia de Riccardo Riccò, la joven estrella que ponía eléctricos a los tifosi hace menos de dos meses en el Giro.
La primera de las tres jornadas alpinas llega hoy al país de la bota, que la ronda gala no visitaba desde 1999, cuando Lance Armstrong ganó en Sestrières dejando casi sentenciado un Tour que encaminó la víspera al ganar la crono de Metz, en la que dobló a un Abraham Olano que terminó cuarto. En aquella etapa, José Luis Arrieta coronó en solitario el histórico Galibier.
La frontera franco-italiana se atravesará a través del largo pero tendido Agnelo, cuya principal dificultad es su altitud, 2.744 metros, lo que le convierte en un coloso de categoría especial. Los casi 60 kilómetros de descenso hacen pensar en un gran reagrupamiento, por lo que el final en el inédito alto de Prato Nevoso se antoja decisivo. Este alto, de 11,1 kilómetros al 7,1%, concentra su mayor dureza en los 5 kilómetros finales, que carecen de un solo descanso.
Tras el día de descanso de mañana en Cuneo, los 157 kilómetros desde esta localidad hasta Jausiers se presentan como muy peligrosos. El riesgo que siempre supone para el corredor el poder asimilar correctamente la jornada de reposo, se ve agravado al tener que superar en muy pocos kilómetros dos puertos interminables: el col de la Lombarda (21,2 kilómetros al 7%), de 2.351 metros de altitud, y la Bonnette-Restefond (26,7 kilómetros al 6,8%), que es el techo de este Tour, que se alcanzará por su vertiente más difícil. Desde su cima hasta la meta, restarán 23,5 kilómetros de bajada, en un final similar al de Bagnères-de-Bigorre, donde ganó Riccò.
La Reina, en Alpe d'Huez El descenso de la Lombarda nos evocará a la edición de 1993, dado que tras los primeros 3,5 kilómetros se cruzará Isola 2000, la estación de esquí más alta de los Alpes, donde Tony Rominger ganó aquel año por delante de Miguel Indurain, que ya iba camino de su tercer Tour.
Por kilometraje, entidad y número de sus puertos, la etapa reina será la que despida los Alpes el miércoles, en un trayecto de 210,5 kilómetros entre Embrun y Alpe d'Huez, en el que se ascenderán el Galibier, la Croix de Fer y el coloso final de las 21 curvas, en una agónica sucesión de herraduras que van desde la número 21 hasta la 1. Dado que hasta París sólo restará una etapa realmente difícil, la de la contrarreloj de 53 kilómetros del próximo sábado, todo hace pensar que se cumplirá la tradición de que quien sale de Huez vestido de amarillo, se viste con este mismo color en los Campos Elíseos.
Tal y como durmió anoche la clasificación general, los grandes rivales del líder, Cadel Evans, parecen ser Denis Menchov y Carlos Sastre, que aún no han mostrado sus cartas.
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