Editorial
Balones fuera
ODOS los indicadores económicos, y cada vez con nuevas vueltas de tuerca, confirman que nos encontramos ante un ciclo negativo de enorme alcance cuya incidencia afecta a todos los países vinculados por una misma economía de mercado. La inflación disparada, el paro creciente, los elevados tipos de interés, el reventón de la burbuja inmobiliaria, la crisis, en definitiva, constituyen un terreno sumamente incómodo para los políticos, un toro muy difícil de lidiar tanto por quienes están en el poder como para quienes se pretenden alternativa puesto que nunca se sabe cuándo comienzan los ciclos económicos adversos y hasta cuándo duran. Mientras la macroeconomía comienza a toser y estornudan los bolsillos de los ciudadanos, quienes tienen el poder de orientar a la opinión pública han logrado distraer la atención dirigiendo el interés general hacia un acontecimiento de masas que, además, acabó en victoria. La Eurocopa ha dado de sí durante un mes para desviar otras reflexiones menos gratificantes. El disparatado Manifiesto de supuestos intelectuales en defensa del castellano ha brotado como un hongo para mayor gloria del patriotismo uniforme tan añorado por nostálgicos del pasado sin libertad. En esa misma fuerza emocional de la España Una, la España amenazada por los nacionalismos periféricos sececionista, la aprobación de la Ley de Consulta por el Parlamento vasco ha sido una gratificante coincidencia para que la atención de todos los medios se centre en cerrar el paso una vez más al lehendakari, enemigo público número uno, ¡Santiago y todos contra Ibarretxe! Y para demostrar que todo vale para distraer la atención y no plantarle cara a la crisis económica galopante, ha servido para varios días de comentario y análisis la comparecencia en el hemiciclo del Congreso español de un ministro sin corbata. Una semana ha dado de sí este despeje de balón, gracias a que el presidente del Congreso, José Bono, envió a un ujier con la corbata para que se la vistiese el ministro Sebastián, quien rehusó la prenda y le envió un termómetro al presidente para medir la excesiva temperatura del hemiciclo. Corbata sí, corbata no, ilustres pronunciamientos sobre la prenda, y así, balones fuera, han pasado unos cuantos días sin hablar de la crisis.