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El adagio de Prudhomme

El Tour arranca hoy en Brest marcado por el veto de los organizadores, sobre todo, a Alberto Contador, último vencedor

La ausencia de prólogo y bonificaciones y una montaña más humana , novedades

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donostia. "Los ausentes siempre se equivocan". La determinada frase la rescata Christian Prudhomme de la tradición popular francesa. Es un adagio. Una sentencia doctrinal llena de aristas que le sirve al director del Tour de Francia para zafarse con elegancia de la pregunta que le acosa antes de que la 95ª edición de la Grande Boucle arranque el sábado en Brest, en Bretaña, la patria del ciclismo, la cuna de Lucien Petit Breton (el corredor que hace 100 años firmó el primer doblete de la historia del Tour), de Jean Robic, de Louison Bobet, de Bernard Hinault; ciclistas, todos, cortados por el mismo patrón, de perfil cincelado por el aire salino cargado del Atlántico que les hizo rudos, tercos, obstinados; un poder mental que les llevó a ganar, entre los cuatro, once de los 36 Tours de Francia con sello casero, con firma tricolor: roja, blanca y azul.

"Los ausentes siempre se equivocan", dice Prudhomme, sibilino agitador. Y la frase sepulta con encanto a los desterrados como una escoba oculta el polvo bajo una alfombra; hace inexistentes a Alberto Contador, Andreas Klöden, Levi Leipheimer, Michael Rasmussen, Tom Boonen, Iban Mayo... que en julio tendrán algo en común: un maillot sin dorsal. La frase de Prudhomme es simplemente el resumen de una creencia popular, el resultante de un ejercicio de arrogancia extraordinario, de egocentrismo, de grandilocuencia fundamentada en la creencia de que el Tour de Francia respira por encima de todos, de todo. "Esta carrera tiene la facultad excepcional de dar a luz nuevos héroes", sostiene Prudhomme. Madre Tour. Viene a decir: el Tour hace grande a los ciclistas. Como si no tuviesen pasado, como si el ciclismo orbitara en torno al julio de la canícula francesa, el de la brea reblandecida. Una afirmación tan injusta como real.

Por eso Prudhomme borra a los ausentes con un adagio suspendido de un estrecho alambre de arrogancia. Y se fija entonces en los que estarán, y habla de Cadel Evans, el ciclista paciente, extravagante y oscuro, y de Damiano Cunego, el sacrílego italiano que olvidó el Giro obnubilado por el sueño francés, y de Robert Gesink, el escalador del futuro... Y no los menciona, pero también piensa en Alejandro Valverde, el imbatido, el ciclista total que una tarde de julio de 2005, en el corazón de los Alpes, se citó con París tras superar a Lance Armstrong en Courchevel. Tres años después, llega su momento. Y a la sombra del australiano, del italiano y el murciano se esconden la tenacidad escaladora de Carlos Sastre, la frialdad de Denis Menchov, su clase, y la parábola luxemburguesa, los últimos eslabones de la saga de los Schleck (Frank y Andy) y la dinastia de los Kirchen (Kim) el año en el que se cumple el 50 aniversario de la última y cuarta victoria de un ciclista del Gran Ducado: Charly Gaul, El ángel, 1958.

Todos ellos y once vascos (la cifra más baja desde que Euskaltel-Euskadi debutase en el Tour de Francia en 2001) estarán mañana en la salida de un Tour de perfil retro. Vuelve al pasado, a 1966, la última edición que arrancó sin prólogo. Tampoco lo habrá este año, por primera vez desde que José María Errandonea ganara aquella crono en Angers que reservaba el maillot amarillo para Raymond Poulidor que nunca llegaría a vestir, y la Grande Boucle arrancará con una etapa en línea que se extinguirá en la cima del Cadoudal (2,3 kilómetros de ascensión), un lugar de culto en Bretaña que respira en las entrañas de Plumelec, donde en el aire perdura aún, inasequible al paso del tiempo, el aroma de aquel prólogo del Tour de 1985 en el que Bernard Hinault, El tejón , atrapó el amarillo por delante de Vanderaerden en medio del delirio popular. Empezó así, de amarillo, la historia del último Tour de Francia que se quedó en casa.

La ausencia de un prólogo, que abre el abanico de aspirantes al primer amarillo, provoca también que se supriman las bonificaciones y otorgan a la primera crono, que llegará en la cuarta etapa (29,5 kilómetros) una relevancia extraordinaria; hará el papel de laminador, de primer juez camino de la primera cita con la montaña en Super-Besse (sexta etapa).

El Tour se humaniza Menos duro. Así lo califica el propio Prudhomme al descolgar la lupa sobre la alta montaña del Tour. La cifra avala su apuesta: 19 puertos de segunda, primera y categoría especial; por debajo de los últimos Tours. Además, ninguna de las etapas de Pirineos y Alpes (que se acometerán por ese orden) presenta en su recorrido más de tres puertos. Salvando la primera llegada pirenaica a Bagneres de Bigorre, adonde se llegará tras superar Peyresourde y Aspin, el Tour ha humanizado las restantes jornadas decisivas. Así, sólo la ascensión al longevo Tourmalet precede a la llegada a Hautacam; lo mismo que el Angnelo antes de afrontar el inédito Prato Nevoso o La Lombarde como aperitivo al eterno La Bonette Restefond. Será decisiva la llegada al Alpe d'Huez, que dibuja una etapa de corte clásico con el Galibier (que se ascenderá por su cara más amable) y la Croix de Fer antes de que la carrera comience a buscar la luz en la montaña mágica . Desde allí a París sólo quedará la crono de 53 kilómetros en Cérilly y Saint-Amand-Montrond.

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Los datos
95ª edición. El Tour de Francia arranca mañana en Brest para disputar su 95ª edición y finalizará en los Campos Elíseos de París el 27 de julio tras recorrer 3.500 kilómetros.
21 etapas. La ronda gala tendrá 21 etapas y, por primera vez desde 1967, no echará a andar con un prólogo. Serán 10 jornadas llanas, 5 de alta montaña, 4 de media montaña y 2 contrarrelojs.
Pirineos. Habrás dos etapas en Pirineos, que se disputarán el domingo 13 de julio y el lunes 14. La primera acabará en Bagneres de Bigorre y la segunda en Hautacam.
Alpes. Serán tres etapas decisivas con final en Prato Nevoso, Jausiers y Alpe d'Huez.
Cuatro llegadas en alto. Super-Besse, Hautacam, Prato Nevoso y Alpe d'Huez son las cuatro llegadas en alto del Tour, que tendrá 19 puertos de segunda, primera y categoría especial.
Cronos. El Tour 2008 tendrá el menor número de kilómetros contrarreloj de las últimas ocho ediciones, con dos cronos de 29,5 y 53 kilómetros.
la cifra
11 ciclistas vascos en la salida. Sólo once corredores de Euskal Herria tomarán la salida en el Tour de Francia, la cifra más baja desde 2000, cuando fueron ocho.
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