Editorial
Un rescate feliz y algunas dudas
A sorpresiva liberación de la política franco colombiana
Ingrid Betancourt
ha sido una de las noticias recientes de mayor impacto internacional. Betancourt, símbolo de la siniestra violencia de las FARC colombianas, fue secuestrada el 23 de febrero de 2002 cuando era candidata a la presidencia para las elecciones de 2002 y, por lo tanto, ha permanecido seis años en poder de la guerrilla siendo sometida a una tortura tan prolongada que la convirtió en uno de sus rehenes más emblemáticos. Tal como fue descrita por los portavoces militares y gubernamentales, la operación fue limpia, audaz y casi de película: un infiltrado al más alto nivel que convence a un comandante guerrillero para trasladar en helicóptero a quince rehenes -casi todos ellos significativos- hasta el lugar en que se encontraba el máximo jefe de las FARC, el comandante accede y en ese momento salen del helicóptero militares colombianos de élite que le neutralizan y liberan a los rehenes. No hay nada que pueda empañar la alegría por su liberación a los rehenes y la felicidad a sus familiares, que tienen pleno derecho a celebrar su vuelta a la libertad y a agradecer a quienes les liberaron. Sin embargo, esta operación militar con final feliz suscita algunas dudas que, como todas las cuestiones que pudieran afectar a las cloacas del Estado, serán siempre difíciles de solventar. Dejando aparte la espectacularidad de la operación militar y el saludable aspecto de la Betancourt, de quien llegaban noticias alarmantes sobre su estado de salud, la liberación de tan relevantes rehenes se ha producido justo cuando el conflicto entre el presidente
Álvaro Uribe y la Corte Suprema de Justicia de Colombia estaba en su momento más enconado. Hace menos de una semana, la justicia colombiana advertía al presidente de que iba a ser revisada su elección al haber comprobado irregularidades en la campaña, lo que provocó la airada respuesta de Uribe y un ambiente enrarecido entre ambos poderes.
Sarkozy por Francia,
Correa por Ecuador y, sobre todo,
Chávez por Venezuela, han intentado el rescate de Betancourt, pero sólo se ha activado la eficacia de la supuesta infiltración militar colombiana cuando más falta le hacía al presidente. Si esto no se aclara, Uribe es tan peligroso como las FARC.