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Iñaki Ábalos, arquitecto

"Partes de Tabakalera deben conservarse como están, pero también hay que intervenir con cierta radicalidad"

Los responsables del futuro Centro Internacional de Cultura Contemporánea (CICC) ofrecerán hoy los detalles del concurso para la renovación arquitectónica del edificio de Tabakalera. Este periódico ha recabado la opinión del arquitecto donostiarra Iñaki Ábalos sobre éste y otros proyectos

Iñaki Ábalos posa en Tabakalera en su reciente visita a Donostia.Foto: ruben plaza

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Donostia. Afincado en Madrid, el arquitecto Iñaki Ábalos (Donostia, 1956) atraviesa un momento de "dulce" madurez profesional. Recientemente visitó Donostia para coordinar las jornadas Nuevas arquitecturas para la cultura, celebradas en Tabakalera, donde se reflexionó sobre cómo abordar la transformación de una antigua fábrica en espacio de cultura.

¿Qué balance hace de esa iniciativa?

Las jornadas cumplieron claramente los objetivos que nos habíamos marcado. Hubo muy distintas presentaciones de cómo entender la relación entre arte, arquitectura y sociedad. Todos los ponentes fueron muy positivos en el sentido de ofrecer sus primeras impresiones y no se escudaron en decir que desconocían el problema. Es evidente que se engañaba quien pensase que celebrar dos jornadas con siete invitados iba a resolver el problema. Más que saber cómo resolver Tabakalera, lo que se hizo fue incrementar los grados de complejidad en la forma de abordar el problema. Eso siempre es enriquecedor para el que sepa escuchar.

En la presentación de las jornadas usted aseguró que si hubieran invitado a 25 arquitectos habría otros tantos proyectos, porque Tabakalera es un edificio con muchas potencialidades.

Efectivamente, el edificio es una estructura tipológica muy abierta y flexible como todos estos edificios industriales de finales del siglo XIX y principios del XX. Por otra parte, debe dilucidarse cómo se posiciona cada arquitecto ante lo que es una restauración de un edificio histórico. La suma de esa apertura del edificio más la complejidad de las formas en las que hoy se aborda la restauración da como resultado esa especie de incremento exponencial de posibilidades. Una de las frases más comunes al visitar el edificio es: "Lo dejaría como está". Y todo el mundo se queda muy tranquilo, pero lo que cada arquitecto entiende por lo dejaría como está te puedo asegurar que es bien distinto.

¿Hay opiniones que coincidan en cómo actuar en Tabakalera?

Existe un acuerdo genérico en que habría que dejar bastantes partes como están, pero también hay un acuerdo de que debe intervenirse con una cierta radicalidad para darle un nuevo significado urbano, para que, en lugar de ser una especie de monstruo muerto que quede en un rincón de la ciudad casi invisible, adquiera un rostro público y claramente positivo y dinamizador. Están las dos cosas: la actuación prácticamente invisible entre comillas y la necesidad de darle cara, seguramente, de manera puntual, para hacer una intervención de carácter más fuerte.

El arquitecto holandés Michiel Riedijk, presente en las jornadas, defendió que había que buscar una estrategia para activar el corazón de Tabakalera y tener en cuenta su entorno. ¿Qué propondría usted?

Desde hace mucho años, en la propuesta que hice junto a Renata Sentkiewicz para el parque de Cristina Enea claramente abrazábamos la idea de ligar físicamente el parque y el edificio de Tabakalera para generar una especie de interacción positiva entre los dos elementos. Además, proponíamos un paso elevado sobre las vías para comunicarlo con el puente y el río Urumea. Sigo pensando que hay muchos casos en los que actuando y modificando sólo el contexto se modifica el edificio y la percepción que se pueda tener de éste. En este caso, la proximidad del parque de Cristina Enea y del palacio de Duque de Mandas es una oportunidad única para establecer una especie de dialéctica entre la naturaleza y el edificio. Me parece que prácticamente lo está pidiendo.

¿Cómo cree que responderá la sociedad a la hora de interiorizar este proyecto?

En este caso yo creo que nadie duda entre tener esa especie de gigante muerto en una esquina de la ciudad o tener un edificio dinamizador de la vida cultural. Creo que en principio muy poca gente puede ponerse en contra y además está la lección aprendida con los cubos de Moneo; del rechazo total se ha pasado a la absoluta asimilación y a entender que es una pieza fundamental de la geografía de la ciudad. Estoy convencido de que en este caso habrá muchísima menos dificultad por dos razones: el ciudadano donostiarra se ha educado en la modernidad arquitectónica, que es importante, y por otra parte, porque es un edificio existente prácticamente oscurecido al que darle un poco de vida y utilizar esa gran infraestructura que hay ahí yo creo que es para estar de acuerdo en líneas generales.

El alcalde de Donostia, Odón Elorza, convocó en febrero de 2003 un concurso de ideas para la regeneración urbanística de la explanada de Sagüés y el proyecto con cinco torres que ideó usted con Juan Herreros fue el más votado. ¿En qué ha quedado?

Ya me gustaría saberlo a mí también. Creo que en Cristina Enea pasó algo muy parecido, un concurso internacional con un jurado estupendo que al final quedó en cambiar tres parterres de mala manera y seguramente con la solución más blandengue de todas las que se presentaron al concurso y casi por compromiso. Yo se lo he comentado al alcalde Odón Elorza y no tengo ningún reparo en decirlo: somos pocos los arquitectos y nos conocemos bien y cuando un ayuntamiento convoca concursos y no los falla pierde toda la credibilidad. Es así de sencillo, es muy difícil que buenos arquitectos se presenten en estos momentos a concursos en San Sebastián con esos precedentes. Si un ayuntamiento sistemáticamente deja in albis la energía creativa -porque realmente en el proyecto de Sagüés nos dejamos la piel- sería tonto el que fuese. Se puede tropezar dos veces en la misma piedra, pero ¿cuántas más? Sobre Sagüés sé que ha aparecido esa pasarela, que me parece banal y además peligrosa. Francamente, no creo que el tema sea acercarse a la punta del Mompás, yo creo que el tema estaba en otros sitios, en el parque del monte Ulía, a cien metros de altura, en el suelo, en relación con la Zurriola, pero no en una pasarelita que no sé si Costas aprobará o no. Y tampoco me importa mucho...

Usted está afincado en Madrid, ¿pero qué sabe de otros importantes proyectos arquitectónicos de Gipuzkoa? ¿Qué opina de infraestructuras como el Museo Balenciaga o el futuro Auditorio de Zarautz, cuya construcción correrá a cargo del estudio austríaco Coop Himmelblau?

No puedo opinar, pero creo que últimamente se da un fenómeno paradójico. Ahora existe entre Madrid, Barcelona, País Vasco y Sevilla una de las mayores acumulaciones de talento arquitectónico del mundo y quienes tenemos entre 40 y 55 años estamos encontrando los principales trabajos invitados fuera de España. Mientras, en España, se empeñan en invitar a gente como ésta y a otros muchos que tuvieron su momento cultural. Soy partidario de que haya intercambios, pero es paradójico que se produzcan con tanta frecuencia.

¿En qué momento se encuentra ahora Iñaki Ábalos?

Después de unos 22 años de trabajo en común con Juan Herreros, de los cuales seis años estaba trabajando como asociada Renata Sentkiewicz, hemos decidido que hemos llegado a una madurez que necesitamos trabajar en líneas distintas. De esto hace ya dos años, lo que pasa es que estas cosas van lentas. Hasta ahora he tenido la fortuna de ganar distintos premios y tener bastantes encargos y estar en un momento extremandamente dulce. Muchos de los proyectos los hago con Renata, que tiene su estudio a una manzana del mío.

¿Está fijando su mirada más hacia Estados Unidos?

No sé si afortunada o desafortunadamente, eso nunca se sabe, ha cambiado el tipo de encargos que tengo. En este momento son prácticamente todos fuera de España y bastantes en EE.UU, donde llevo años dando clase en distintas universidades. Estoy muy ilusionado porque he empezado a dar clases en Harvard, donde va a haber un cambio radical. Se han unido las fuerzas más activas del panorama cultural para renovar y sacudir el muermo que era Harvard.

¿Haber exhibido proyectos como las Torres Bioclimáticas de Salburua de Vitoria o la Torre Woermann de Las Palmas de Gran Canaria en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York han influido en el rumbo de su carrera?

Sí, no hay la menor duda. Una de las diferencias que he notado entre la vida cultural americana y la española es que allí hay una verdadera receptividad hacia los arquitectos emergentes que están proponiendo nuevas cosas y que vienen validados por la universidad o por instituciones como el MoMA y nosotros ya en el 96 expusimos en este escenario un pabellón de gimnasia en la exposición Light Construction.

En el citado proyecto de Salburua apostaron por combinar naturaleza con urbanismo. ¿Considera que ésa es la fórmula a aplicar en el futuro?

Si hay algún cambio percibible en la sociedad en las últimas décadas es el incremento del peso de lo medioambiental en la vida cotidiana, política y en los medios. Es la demostración de que hay una enorme sensibilidad, quizás un poco desorganizada, ya que hay mucha palabrería y pocos datos objetivos. Creo que la naturaleza se puede entender como un material de construcción de una ciudad, tan válido o tan interesante como cualquier material artificial. Lo más interesante es trabajar los materiales naturales y artificiales como si fuera una amalgama, un material nuevo al que darle contenido poético. >i.m.

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