
Oriol Comas posa con la memoria de Ibermática.Foto: ainara garcia
Donostia.Ibermática ha contado con usted para elaborar una memoria empresarial que se basa en el mundo de los juegos. ¿Qué se puede encontrar en esta publicación?
El libro es un repaso a los juegos de la historia de la humanidad desde el punto de vista cultural, viéndose que han sido objeto de cambios constantemente y suponen creaciones de personas. Además, se representa que han supuesto un cambio con todo lo anterior. La idea es que jugar es un acto diario inherente a la especie humana.
¿Cómo se relaciona esto con el mundo empresarial?
El juego es una actividad creativa sujeta a una innovación constante e Ibermática también es una empresa basada en la innovación, por ser una compañía que se preocupa por la innovación en los procesos de gestión y eso es lo que son, en definitiva, los juegos. Porque en ellos está implícita la sorpresa por descubrir algo nuevo y trabajar en equipo con una serie de valores como la anticipación o la organización. Así que los jugadores y las empresas se enfrentan a retos parecidos.
¿Qué criterio ha seguido para seleccionar los quince juegos del libro?
La selección de los juegos fue difícil y rehíce la lista veinte veces y pregunté a veinticinco personas expertas sobre cuál sería su elección. Los quince juegos del libro son aquéllos que han roto con todo lo anterior y han sido revolucionarios. El más joven es de 1995 y creo que se convertirá en un clásico. Se llama Los colonos de Catán y fomenta el intercambio comercial porque lo importante es colonizar la isla y aprovecharse de los recursos naturales de la misma. El azar influye por igual a todos los jugadores y para ganar hay que ser generoso y llegar al límite de ofrecer la victoria a los demás jugadores. Es un juego de negociación en que los participantes comercian con los recursos de la isla. Los más hábiles negociando, hasta el límite de arriesgar sus productos, ganan. Esto es algo totalmente nuevo que se puede llevar al ámbito de la empresa: ofrecer mucho a los demás para acabar sacando tú un beneficio. La dicotomía entre cooperar y competir es un concepto muy avanzado que por primera vez se vio en este juego. Después de éste, han surgido muchos con estos mismos valores.
¿Y los otros juegos?
Sí, entre ellos hay algunos en los que lo importante es saber saltarse las reglas. Hay muchos juegos que han tomado esta base de que las reglas están para saltárselas. El ajedrez, en cambio, tiene unas reglas muy fijadas y lo importante es respetarlas. También aparece en la memoria el parchís, un juego indio que llegó a occidente en 1870. En la India se llama Pachis , que quiere decir 25 en hindú, porque allí juegan con unas conchas que lanzan para alcanzar un determinado número y la puntuación máxima es de 25 puntos.
¿Qué es lo que más le gusta de los juegos?
Que cada cosa en ellos es distinta y que cada vez que participo soy capaz de ilusionarme por algo diferente. Me gusta la sorpresa, la tensión, la posibilidad de ganar o no, que puedas engañar un poco a los demás... Hay tantos juegos que cada uno puede ofrecerte diferentes tipos de cosas. Notamos que un juego es bueno cuando se lo enseñas a alguien y en vez de decir que le gusta dice, juguemos otra vez.
¿Qué valores promueven los juegos de mesa?
Depende de cada uno de ellos. Hay juegos para hablar, para saber escuchar, para saber convencer a los demás, para engañar, para negociar, para ir rápido, para reírse, para retarse intelectualmente, El ajedrez, por ejemplo, es un arte, una ciencia y un juego. Mi juego preferido es uno en el que, en cada partida, un jugador se inventa una norma. Se trata de un juego de cartas y a base de jugar hay que descubrir cuál es esa regla. Otro de mis juegos preferidos es el Monopoly, creado en 1938, porque inventó que el azar no sólo dependiese de los dados sino también de las cartas de la suerte.
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