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mis recuerdos

Vivir en Europa

por Andoni Zubizarreta

Andoni Zubizarreta, en su época de jugador, en una tanda de penaltis como la que sufrió en Wembley ante Inglaterra.Foto: N.G.

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EURO 88, Alemania. Mi primera Eurocopa fue la que se desarrolló en Alemania en el año 1988. Hace mucho tiempo, el siglo pasado. La principal novedad de aquella concentración fue la incorporación de un joven presidente de Federación que había sido futbolista, que había participado en los orígenes del sindicato de futbolistas, que conocía el fútbol desde el terreno de juego y que rompía con una serie de mandatarios criados en tiempos de Franco. Era Ángel María Villar. Llegaba con cierta cara de estar perdido en la inmensidad de un macroevento, rodeado de cámaras, perseguido por los medios de comunicación. No fue fácil para él su primer discurso ante toda la expedición y me dio la sensación de que donde se encontraba verdaderamente era en la distancia corta, ante un café hablando del juego, de sus proyectos, de sus ilusiones, de sus sueños.

Desde ese momento la figura de Villar me acompañó en todas y cada una de las competiciones que disputamos. Siempre le recuerdo con una palabra de ánimo en los momentos malos; mejor dicho, con un gesto de solidaridad, con una mirada de quien sabe lo que se vive dentro del terreno de juego.

Alemania'88 fue una competición muy dura para nosotros, encuadrados en un grupo con Dinamarca, Italia y el anfitrión.

La marea roja danesa llenaba las gradas del campo de Hannover una hora antes del partido pero no fueron lo suficientemente fuertes para empujar a su equipo a la victoria. 3-2 y un paso adelante.

Nuestro segundo partido fue contra una Italia rejuvenecida en la que un chavalín llamado Maldini se merendó a Michel y peló la banda izquierda con un estilo maravilloso. Un gol a la media vuelta de Vialli nos puso en la tesitura de ganar a Alemania en el Olímpico de Munich. Misión imposible. Es uno de esos partidos que recuerdo como imposible de vencer desde el minuto 1. Bueno, desde el calentamiento se veía que aquél no iba a ser nuestro mejor día.

El siguiente recuerdo es el de estar en la acera del hotel, con mi maleta hecha, de noche y lloviendo, esperando la llegada de un taxi para acceder al hotel donde estaba mi mujer para dar comienzo a mis vacaciones. Mi primer acto de descanso fue ver el URSS-Italia, de semifinales, para descubrir un equipo ruso brillante en el juego, alegre, de una inmensa calidad. Un partido fantástico contra la Italia de siempre. Fútbol de vacaciones, fiesta y juego, el disfrute del espectador que, sin ir con ningún equipo, de pronto se encuentra animando a los rusos, sufriendo cada vez que los italianos se acercaban a la portería de Dassaev.

Si me preguntan el por qué de mi alineamiento soviético les diré que Rinat Dassaev ha sido, después de Iribar, el portero de quien más he aprendido. Un ejemplo de colocación, de sobriedad, de técnica en el blocaje. Fue una pena que llegase al Sevilla muy tocado en sus rodillas y no nos ofreciera lo mejor de su repertorio. Me lo volví a encontrar en Moscú hace un año, en el homenaje que FIFA le dispensó y recordamos muchas imágenes, entre otras el gran gol que Van Basten le marcó en la final de aquel Europeo.

Mi último Europeo fue diferente. Era Inglaterra, la casa del fútbol. Eran estadios de fútbol y gradas llenas. Era sentir por un momento lo mismo que ahora experimentan los Xabi Alonso y compañía. El olor de la hierba de esos campos míticos. Era acudir con una selección fantástica, creo que el mejor equipo de España con el que he competido. Era fútbol en casa de los inventores. Otro grupo duro con Bulgaria, Rumanía y Francia. Otra clasificación angustiosa contra los rumanos. Otra vez clasificados para cuartos.

Lo siguiente fue un encuentro casi perfecto en Wembley. Podría decir que yo he jugado en el templo inglés sintiendo el miedo de sus suporters . Podría decir que he jugado en Wembley y que los seguidores ingleses acabaron pidiendo la hora. Puedo contar que cada subida de Sergi por la banda era acompañada de un grito de peligro, que cada control de Nadal era recibido con un "OHH!" de admiración. Puedo contar todo esto pero no puedo decir que ganamos. Nos faltó un gol, bueno ni eso, un gol hicimos, pero nos lo anularon por fuera de juego inexistente. Llegamos a los penaltis y en esa suerte del cara y cruz, salió, volvió a salir, cruz. Y nos fuimos otra vez para casa.

Esa vez no me quedaron ganas para más fútbol. Esa vez la decepción fue máxima. Esa vez el fútbol nos dejó algo a deber que espero que la actual selección española lo pueda recibir.

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Un gol de Vialli nos puso en la tesitura de ganar a Alemania en el Olímpico de Munich: misión imposible
Podría decir que he jugado en el templo inglés de Wembley sintiendo el miedo de sus 'suportters"
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