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y así todo el día. Como el pobre Karate Kid, nuestros cansados (siempre están cansados) peones de la construcción nos quitan y nos ponen las aceras, las ensanchan o las pintan de color rojo bidegorri . Ahora le ha tocado la vez a la acera de enfrente (sin segundas, filas) de mi oficina, en la egiatarra calle Virgen del Carmen. Es una vieja acera de barrio, de aquellas romboides de tonos grises, que en breve mutará a hexágonos blancos como las del centro, pero con menos detalles y menos árboles, porque no somos el centro.
En Egia, donde reinaba la alegría, ahora reinan el caos y la bocina. Como tantas otras calles de Donostia, esta arteria principal del barrio, que además sirve de atajo para los "groseros" que circulan hacia el centro, se ha convertido en un embudo colapsado de tubos de escape. Oí comentar a una antigua vecina malhumorada cómo hace décadas las aceras fueron estrechadas para sostener el creciente flujo de automóviles, y no entendía que ahora que hay más coches las mismas vuelvan a crecer. A eso lo llaman "sostenibilidad", palabra que no existe pero que se premia.
Es sabido que en el Consistorio se ha desarrollado toda una filosofía buenrollista que abunda en un nuevo modelo de ciudad de peatones, ciclistas y transporte público. Todo muy bonito. Pero (siempre hay un pero), hay que saber hacerlo, conocer la idiosincrasia de cada calle, del tránsito rodado y peatonal que soportan, de las necesidades de descarga del comercio, etcétera. Dicen que se realizan estudios en profundidad, pero es obvio que no meten un gol ni al arco iris. Independientemente de las conclusiones derivadas de tan pormenorizados análisis, al final utilizan la misma escuadra y cartabón que en cualquier otra calle.
En la mentalidad cartesiana instalada en la concejalía del congresista Gasco, se prioriza el erradicar la segunda fila. ¿El por qué? Vaya usted a saber. Esta absurda norma que deja las calles amputadas con un único carril, sólo genera infinidad de handicaps . Se me ocurren unos cuantos ejemplos. Cada vez que alguien aparca/desaparca, la calle se atora. Las ambulancias se ven obligadas a aparcar lejos del paciente, o a bloquear la calle. Las aceras se ven invadidas de furgonetas comerciales, anulando la ventaja de la ampliación. Y luego están los autobuses, las obras, etcétera. Las malas lenguas dicen que esto es fruto de un velado interés municipal: cada vez que se construye un parking, se amplían las aceras de la zona reduciendo la plazas de aparcamiento libre. ¿Casualidad? Aquí al ladito están construyendo uno.
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