Editorial
El perro del hortelano
E atribuye al perro del hortelano lo de 'ni come, ni deja comer' y se considera como tal a quien, en un hipotético litigio, nunca consigue satisfacer sus aspiraciones y, como revancha, hace todo lo posible para que ninguno más lo logre. Algo parecido ocurre con el comportamiento del Partido Popular con respecto a las víctimas del terrorismo. La formación que dirige
Mariano Rajoy
, bajo el argumento repetido hasta la saciedad pero tramposo en sus planteamientos de haber vivido en primera línea las consecuencias más dramáticas del terrorismo de ETA, excluyendo a otras formaciones con el mismo protagonismo en este lamentable ranking, ha llegado a fagocitar a este colectivo hasta límites insospechados. Algunas asociaciones llegaron incluso a convertir en discurso político el drama de cientos de familias y bastó un tiempo para que se desinflara el efecto mediático de algunos de sus líderes para que las propias víctimas alzaran la voz reclamando un discurso propio, fuera de toda manipulación partidista. Fue entonces cuando se empezaron a reivindicar actos públicos de reconocimiento y de dignificación que compensaran el olvido y el abandono que habían sobrellevado a lo largo de décadas, algo que todas las formaciones aplaudieron, incluido el PP. Estas iniciativas, no sin cierto pudor y hasta con algo de vergüenza desde las instituciones que no habían mostrado sensibilidad alguna sobre esta cuestión, echaron a andar. Hasta el momento, algunos ayuntamientos vascos, el Parlamento y la Oficina de Atención a Víctimas del Terrorismo han protagonizado varios actos y mañana domingo el Kursaal donostiarra será escenario del encuentro más multitudinario de todos. Una cita en la que ellas y ellos serán los protagonistas y a la que el lehendakari
Ibarretxe asiste como público y no como orador. Un acto al que estaba invitado a participar el colectivo Covite con una intervención de diez minutos y al que renunció por considerarlo "un maquillaje", lo que ha supuesto una gran división en sus filas. El PP vasco cambió su sí inicial tras esta decisión y se sumó al boicot para "no asistir a operaciones de lavado de un gobierno poco o nada comprometido políticamente en deslegitimar a ETA". Argumentos que suenan a un guión demasiado conocido e inmovilista que refleja bien a las claras la deriva antisistema de una parte de esta formación que trata de liderar Rajoy.