
El feretro con los restos del guardia civil asesinado es sacado a hombros de la catedral de Vitoria.Foto: efe
vitoria. "Sois de los nuestros, sois nuestras víctimas". La presidenta del Parlamento Vasco, Izaskun Bilbao, dedicaba estas palabras hace apenas un mes a todos los que han sufrido de cerca el azote del terrorismo. Ayer, Vitoria despidió entre un estremecedor silencio y con toda la solemnidad a Juan Manuel Piñuel, el guardia civil que se dejó la vida bajo los escombros de la casa cuartel de Legutiano después de que ETA reventara más de 100 kilos de explosivos en la madrugada del miércoles.
La mañana comenzaba pronto en la capital alavesa. Con el centro cortado al tráfico desde primera hora y fuertes medidas de seguridad, la capilla ardiente donde la viuda del agente fallecido y sus compañeros le velaron toda la noche cerraba sus puertas a las 10.00 horas. Para entonces, los aledaños de la Catedral Nueva eran ya un hervidero de prensa y de representantes políticos e institucionales que quisieron asistir al funeral. Poco después de esa hora y a pie llegaban al templo la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, y los ministros del Interior y de Defensa, Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, acompañados por el secretario de Estado de Seguridad y el director de la Policía y la Guardia Civil. El lehendakari, Juan José Ibarretxe, había entrado a la catedral acompañado del consejero de Interior, Javier Balza. Unos minutos más tarde hacían su aparición los príncipes de Asturias, que junto al presidente del Senado, el alavés Javier Rojo, completaban la delegación institucional de alto nivel que presidió el acto.
imágenes y sonidos La capital alavesa fue escenario ayer de imagen de unidad política, que probablemente será puesta a prueba en días venideros, pero que dejó ayer instantáneas como la de la fugaz conversación que Ibarretxe, De la Vega y Rubalcaba intercambiaron en el Parlamento Vasco, a apenas cinco días de la reunión del lehendakari con el presidente del Gobierno. Juntos, pero por separado, estuvieron en el templo también socialistas como José Blanco, José Antonio Alonso y Patxi López, populares como Soraya Sáenz de Santamaría y María San Gil y el líder de IU, Gaspar Llamazares, entre muchos otros.
Unidad también en el ámbito policial. Representantes de la Ertzaintza, Policía Nacional, el Ejército, la Gendarmería francesa y las policías portuguesa e italiana acudieron al funeral.
Mañana también de imágenes poco habituales, como la protagonizada por un ertzaina y un guardia civil en una ofrenda conjunta ante la escultura que en el Parlamento Vasco recuerda a las víctimas del terrorismo que se cerró con el Agur Jaunak . De fotografías trágicas, como el rostro desencajado de la viuda de Juan Manuel Piñuel, y de momentos impactantes, como el que hizo coincidir la declaración oficial de condena de la presidenta de la Cámara vasca, Izaskun Bilbao, justo frente a la obra que en la exposición Biktimak-Víctimas -que luego visitaron los asistentes- simula un cuerpo sin vida cubierto por una manta térmica.
Pero la mañana fue sobre todo de sonidos. Del silencio duro de un centro de Vitoria paralizado y mudo, despidiendo el féretro de Juan Manuel Piñuel, apenas roto por un grito solitario y reprendido con alguna mirada de una mujer que gritaba Zapatero, traidor . Del silencio de las concentraciones que al mediodía callaron ante el Ayuntamiento, la Diputación, el Parlamento y el Gobierno Vasco. De las marchas e himnos con los que una banda de la Guardia Civil rindió honores al féretro portado por ocho agentes compañeros de Piñuel en Legutiano, de la ovación cerrada con la que fue definitivamente despedido para partir en un avión militar hasta Málaga donde, tras otro sepelio, sus restos fueron incinerados.
inútil En su homilía, en una catedral abarrotada, el obispo de Vitoria, Miguel Azurmendi, reflexionaba sobre la necesidad de condenar el atentado. "Es de justicia -decía- condenar a sus autores materiales, sus inspiradores y colaboradores directos e indirectos". En la sede del Gobierno Vasco en Lakua, la portavoz del Ejecutivo vasco, Miren Azkarate, afirmaba que ETA "no va a conseguir nada, que son absolutamente inútiles y estériles los atentados cobardes y viles que comete y que desde luego no le consentimos que utilice el nombre del pueblo vasco para justificar esos asesinatos".
Era poco más del mediodía y concluían en Vitoria las concentraciones silenciosas de recuerdo y condena, actos de repulsa que se repitieron por toda Euskadi y el resto del Estado.
Azurmendi hacía resonar dos preguntas en su homilía: "¿Para qué ha servido este acto criminal? ¿Con estas acciones se sirve al bien del pueblo vasco?". Sólo para sumar otro nombre más, el de Juan Manuel Piñuel, al led -la pantalla luminosa- que en el Parlamento Vasco y dentro de la exposición Biktimak-Víctimas , recuerda a todas las víctimas de ETA.
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