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sebastián álvaro, director del programa 'al filo de lo imposible'

"El filo entre lo posible y lo imposible existe y es tan sutil que si te equivocas, te matas"

Este madrileño ha recogido en un libro las 25 expediciones más relevantes de su programa de televisión en otros tantos años en antena, una obra cuyo espíritu se resume con la cita elegida por el autor como epílogo: "Si no apostáis por la vida, no la merecéis"

Sebastián Álvaro posa para este periódico.Foto: Roberto Zarrabeitia

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donostia.La semana pasada estuvo teñida de luto para el montañismo con la muerte de Rafael Guillén en pleno descenso del Dhaulagiri. ¿Le conocía?

No, pero sí que sabía desde varios días antes que estaba muerto. Lo que ocurre es que los compañeros nos pidieron que no dijéramos nada hasta que hablaran con la familia.

Usted le dedica el libro a los amigos muertos en la montaña, sin duda la parte más dura de su pasión.

Así es, pero también es la parte más dura de la vida, porque desde que nacemos la vida se convierte en un riesgo en el que el hecho de vivir ya es arriesgarse. Desde luego hacer montaña, saltar en ala delta o bucear a 115 metros de profundidad tiene un componente de riesgo en el que la cara de la moneda es lo bien que te lo pasas y la cruz está en los amigos que pierdes.

Partiendo del nombre de su programa y de su libro, Momentos estelares de Al filo de lo imposible, ¿existe el filo que separa lo posible de lo imposible?

Existe y es tan sutil que si te equivocas, te matas.

¿Y qué es lo que lleva a las personas a buscar ese filo?

Algo innato al hombre y que tiene que ver con la curiosidad, que no sólo es la base de la aventura sino también del pensamiento científico. Ha sido precisamente la curiosidad el motor del progreso de la humanidad, el deseo de ir más allá, más lejos, de adentrarse en lo desconocido, de querer responder a la gran pregunta: ¿por qué? A veces no encontramos la respuesta, pero esa pregunta es la que nos convierte en humanos.

Habla de los problemas económicos para financiar las expediciones...

Y seguimos en ello.

Pero lo que más llama la atención es que una vez les tuvo que dejar dinero para regresar a casa un mayor del ejército pakistaní.

Así es. Hasta ese punto. Hemos llegado a ir a una expedición de mes y medio y a los 20 días ya se nos había acabado la comida. Pero no te hablo de hace mucho tiempo, sino del pasado cercano. El hecho de tener un programa de televisión consolidado no quiere decir que nuestra vida haya sido fácil, sino más bien todo lo contrario. Por ejemplo, a este hombre no le volvimos a ver nunca más y me hubiese gustado agradecerle lo que hizo por nosotros. De todas formas, le devolvimos el dinero, ya que pedí un préstamo a mis padres. Puede que por ello mi familia tuviera una idea muy determinada de mis aventuras, como algo que nunca iba a ser ni productivo ni rentable. El gesto de aquel mayor del ejército demuestra algo que ha sido una constante en mi vida: siempre he tratado de rodearme de buena gente. Me precio de tener buenos amigos aquí y también en Pakistán, China, Italia, Chile...

Siempre recalca que la suma de buenas individualidades no tiene por qué hacer un buen grupo.

Eso lo aprendió hace años el Real Madrid y esta temporada le ha tocado al Barça. Tú te traes al mejor de cada lugar y no haces un buen equipo. Un grupo no es la suma de individualidades, es la subordinación de los intereses individuales por el trabajo colectivo. Yo de eso me enteré la vez que organicé nuestra primera expedición al K2. Intenté llevarme a los mejores alpinistas de cada lugar y al final todo fue un desastre absoluto. Cada uno iba a lo suyo, no había sentimiento de equipo... En esa expedición aprendí más que en todas las que he hecho a continuación.

A veces tener que elegir entre una buena filmación y hacer cumbre desembocará en conflictos.

Siempre tuve claro mi apuesta por lo primero. En alguna expedición tuvimos problemas con gente que lo único que quería era subir a la cumbre. Algunas veces he tenido que recordar que estábamos allí para hacer un programa de televisión, que lo más importante es conseguir imágenes. En general no he tenido polémicas porque la gente lo ha entendido.

¿Qué sensación se le queda a uno en el cuerpo cuando después de meses y meses de preparación se queda cerca de alcanzar la cima?

Pues al principio de fracaso. Lo que pasa es que estas expediciones son tan extraordinarias y enriquecedoras que sólo el viaje y el tiempo pasado en la montaña merecen la pena. Luego, si además logras la cumbre, ya es la guinda del pastel.

Su experiencia con el K2 fue espeluznante. La primera vez se quedaron a 400 metros de la cima, la segunda a 200 y en la tercera hicieron cumbre, pero acabó en tragedia.

Sí, se nos murió Atxo Apellaniz. El K2 es sin duda la montaña que más nos ha marcado a todos.

Tilda el intento de rescate de Apellaniz por parte de Juanjo San Sebastián como la historia de compañerismo más impactante que ha vivido.

Sin duda. Pero nosotros podemos mirarnos al espejo, cosa que otros que ni siquiera han salido de la ciudad no pueden hacer, pues se saben indignos. Nosotros no. Perdimos un compañero, pero echamos el resto para intentar salvarle, hasta el punto de que Juanjo perdió las manos en su intento de rescatar a Atxo.

Uno de los momentos más impactantes del libro es cuando cuenta lo cerca que estuvieron en 1990 de perder la vida en Islandia.

Nos salvamos por una incompetencia de un compañero al que por cierto le eché una bronca tremenda. Pobre... (Se ríe). Queríamos grabar una cueva y para ello usábamos baterías que duraban un cuarto de hora y que había que recargar constantemente. Pues la tarde anterior, no sé porqué, se equivocó y las baterías tardaron en estar listas diez minutos más de lo previsto y por ese tiempo nos salvamos. Era una cueva del tamaño de la Catedral de Burgos que se desplomó por completo. Si nos coge dentro, no se salva nadie.

El factor suerte.

O el destino, o el azar, o como quieras llamarlo.

También llama la atención la reconstrucción de la primera ascensión al Everest de Irvine y Mallory.

Es de las cosas más importantes que hemos hecho y desde el punto de vista cinematográfico ha sido el rodaje más extraordinario. Retransmitimos la ascensión en directo y llevamos 2.000 kilos de material al campamento base entre ropa de época, tiendas, material de atrezzo... Además, lo rodamos todo en blanco y negro y técnicamente fue difícil, ya que lo llevamos todo al detalle.

Si se tuviera que quedar con dos experiencias, la más bella y la más dura, de sus 25 años de aventuras, ¿cuáles serían?

La más bonita a nivel personal fue la travesía por el Gran Mar de Arena, 800 kilómetros caminando por un lugar por el que sólo había pasado un alemán en 1874. Para mí ese lugar es junto a la Antártida, el Karakorum y Tierra de Fuego el más bonito del planeta. La experiencia más triste fue el accidente de 2003 en Guadalupe, donde estuve con un compañero muerto, que era precisamente er-tzaina, que cayó desde cien metros. Yo había estado colgado de la reunión a su lado cinco minutos antes y noté cómo crujía. Yo bajé y poco después él cayó. Además tenía una compañera gravemente herida que tardamos 18 horas en sacar de allí. Ha sido un lugar donde no nos hemos atrevido a volver.

¿Cuál es el siguiente reto?

Esta semana voy a cruzar el desierto de Gobi en moto y dentro de poco haremos una expedición con un grupo vasco casi en su totalidad al Gasherbrum IV, una montaña de 7.925 metros que si fuese un ochomil sería el más difícil del mundo. Vamos a intentar hacer cumbre a la tercera.

¿Y el reto soñado?

De los posibles, sobrevolar el K2 en globo, y de los imposibles, algo que dejaremos a la generación venidera, escalar el cráter Olimpo de Marte, que tiene 12 kilómetros de altura.

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"En 1990 salvamos la vida en Islandia porque un compañero tardó en cargar las baterías"
"Un reto que dejo para la próxima generación es escalar el cráter Olimpo de Marte"
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