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vidas en tensión

Juan Manuel Piñuel Villalón llegó hace dos meses a Euskadi con la intención de pasar el menor tiempo posible alejado de su familia. Como muchos guardias civiles destinados a tierras vascas. Otros aguantan 25 años y se integran. Pero todos sienten el riesgo

Varios compañeros introducen el féretro con los restos mortales del guardia civil asesinado ayer en el atentado contra la casa cuartel de Legutiano.

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CUando la furgoneta bomba colocada en Legutiano explotó en la madrugada de ayer no sólo se llevó por delante la vida del guardia civil Juan Manuel Piñuel Villalón y parte del inmueble de la casa cuartel. La onda expansiva no sólo rompió ventanas y causó daños en edificios cercanos. Su poder destructor se dejó notar también a pocos y muchos kilómetros, en los frágiles cimientos de la relativa tranquilidad con la que viven y trabajan los guardias civiles destinados en Euskadi.

Lo primero que les pasa por la cabeza es la condolencia. Y la empatía, ese sentimiento de ponerse en pellejo ajeno; la constatación para sí mismos de que bien podrían haber sido ellos. "Estaba trabajando, en una situación muy parecida a la que estaba él cuando le han matado. Me enteré casi en el momento, a eso de las tres y diez de la madrugada. Y pensé en que me pudo haber tocado a mí", explica Fernando, que prefiere mantener en secreto su verdadera identidad. A eso se le suman la impotencia y la indignación. Y una advertencia: "Han segado la vida de un padre, de un trabajador de la Guardia Civil, pero no van a poder con los ciudadanos y con el Estado de Derecho". Así lo manifiesta Julián -nombre ficticio-, guardia civil destinado en Gipuzkoa.

Juan Manuel Piñuel Villalón, asesinado ayer por ETA, llevaba dos meses en Euskadi. Esperaba pasar aquí alrededor de tres o cuatro años para acelerar su acercamiento a Málaga, donde reside su familia, su esposa y su hijo. Es lo que muchos guardias civiles hacen. "Si estás en otro lado de España, para irte a tu casa tardas más. Si alguien se va destinado a Mallorca a lo mejor tiene que quedarse allí diez o doce años para poder volver a su lugar de origen. Viniendo aquí tardas mucho menos en que te destinen cerca de casa. La mayoría venimos tres años para intentar marcharnos a la zona de donde provenimos lo más rápido posible. En el caso de ayer, a este chico no le ha salido rentable", explica Fernando. Y esos cuatro años se convierten en mucho menos tiempo cuando hay un atentado como el de ayer: "Cuando pasa algo así, muchos intentan marcharse antes".

Sólo un porcentaje mínimo se queda en tierras vascas más tiempo. "Son un uno por ciento o un uno por mil los que aguantan veinte años. Los hay, pero son los menos", indica Fernando. En ese porcentaje mínimo se encuentra Julián, que lleva 25 años aquí. "Mi mujer y yo nos consideramos ya de la tierra, consideramos que somos de aquí", asegura.

Ni a quienes se quedan cuatro años ni a quienes pasan décadas les parece que el plus que se añade a su sueldo al estar en Euskadi compensa los riesgos. "No compensa, qué va. Porque sales a trabajar y en cualquier momento puedes dejarte la vida", asegura Julián. "El plus no vale de nada. No paga el estrés con el que estás aquí, el hecho de que no eres una persona normal y corriente, de que no te puedes tomar una cerveza con tranquilidad, que no puedes concentrarte leyendo el periódico en una cafetería... Ese plus que te pagan, una miseria, no sale rentable para todos los problemas diarios que debes afrontar. Por el dinero nadie estaría aquí. Nunca. Esto es impagable", añade Fernando.

del miedo a la integración Pese a coincidir en que el dinero no recompensa los peligros, Julián y Fernando no viven de igual manera su día a día. Este último reconoce vivir "con mucha sensación de miedo. Tanto por nuestra integridad física, la de los compañeros que trabajamos en esto, como por las mujeres, los hijos, las familias de quienes las tienen aquí".

"Adoptamos muchas precauciones. Intentamos salir por grupos cuando necesitamos hacer compras y cosas así. Nunca salimos solos. Utilizamos muchas normas de seguridad. Estamos continuamente mirando los bajos de nuestros coches en cualquier sitio. La gran mayoría creamos una especie de autodefensa continua. Si entramos en un local miramos quién está y quién no, los movimientos, los coches que hay fuera, las matrículas... Nunca vamos a un local que no tenga una forma fácil de escapatoria", explica Fernando. Y reconoce que muchas veces se lleva esa tensión a su lugar de origen. "Nuestros familiares a veces nos notan en los primeros días un estado de ansiedad y de alerta máxima".

Porque ese estado es el que mantienen aquí, asegura. Un estado de alerta y una tensión que, en cambio, Fernando cree que no viven tan intensamente los miembros de las familias de los guardias civiles destinados en Euskadi. "Cuando están lejos, puede que lo vean mal, pero cuando están aquí se ven arropados por un montón de guardias, de compañeros. Aquí somos todos una familia, porque somos los que nos relacionamos".

Fernando reconoce que apenas se relaciona fuera del ámbito de la casa cuartel en la que vive. Y eso a pesar de que sólo se siente rechazado por una minoría de los vascos. "La inmensa mayoría no quiere tener relación con nosotros porque tienen miedo a que les pase algo. Muchos quieren saludarte y no lo hacen por si alguien lo está viendo. Es muy difícil hacer amistades aquí".

No piensa lo mismo Julián. Él llegó joven a tierras vascas y dos años después de casó con su mujer . Ella vino a vivir con él a Euskadi. Tienen dos hijas nacidas aquí. Y una muy buena relación con sus vecinos fuera del ámbito de la casa cuartel. "Si te quedas encerrado en la casa cuartel, llega un momento en que te afecta a tu salud mental. Nosotros sí nos relacionamos con personas fuera. Y nos acogen bien. Primero, porque no llevas un cartel que diga que eres guardia civil, pero con la gente que tratamos lo saben y nos tratan igual. Aquí la relación con los vecinos es muy buena". No tiene queja, pero reconoce que en otros lugares de Gipuzkoa, territorio al que le destinaron, las cosas no funcionan igual.

Él y su mujer han hundido sus raíces aquí. Y lo llevan bien, salvo cuando se produce un atentado. "Mi mujer se pone en el lugar de la del asesinado y...". Además, tienen el respaldo de sus amigos, que les llaman "para darnos ánimos, para preguntarnos cómo estamos", cuando ETA les ataca. Procuran evadirse de una realidad no exenta de riesgos. "Sales por ahí un poco, pasas tiempo con la familia... Tampoco estás pensando continuamente en que pueden atentar. Sería una mala vida".

seguridad y políticos Aunque procura desconectar, Julián es plenamente consciente de los peligros que entraña su profesión. Y asegura que las medidas de seguridad de las casas cuartel y los cuarteles no son suficientes. "En muchos casos son insuficientes y mejorables, tanto de forma pasiva como activa. Hay cuarteles a los que se les puede mejorar bastante las medidas de seguridad. De hecho, en varios los compañeros han presentado quejas de los sistemas de seguridad. En los pequeños lo que se necesita es más personal para atender la seguridad, que puede ser, a lo mejor, el caso que nos ha ocurrido en la pasada madrugada".

Fernando no quiere pronunciarse sobre esta cuestión, pero manda un mensaje a los políticos: "He oído en la radio que han venido diversos políticos del ámbito estatal, el jefe de la oposición... Y quiero dejar constancia de que me parece muy bien que vengan aquí a sacarse la foto y a dar el pésame; eso me parece muy bonito, pero espero que mañana no miren para otro lado. Que se den cuenta de que aquí existe un problema y que tienen que hacer algo para que esto pare de alguna forma, porque no sólo en la sociedad vasca, también en el cuerpo de la Benemérita muere mucha gente. Y eso parece que no lo ven los políticos o no lo quieren ver. Lo único que hacen es venir a hacerse la foto y mañana no se van a acordar ni del nombre de este pobre hombre".

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LAS FRASES
"Los políticos tienen que darse cuenta de que tienen que hacer algo para que esto pare"  Fernando .  Guardia Civil destinado en Euskadi
"Mi mujer y yo nos consideramos ya de la tierra, consideramos que somos de aquí"  Julián .  Guardia Civil en Gipuzkoa desde hace 25 años
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