
Tribuna Abierta
El 13 de febrero de 1945 tuvo lugar uno de los acontecimientos más desconocidos de la II Guerra Mundial: el bombardeo de la ciudad alemana de Dresde por aviones británicos y americanos, que se saldó con 135.000 muertos. Ni en la ciudad ni en sus inmediaciones había nada que justificara tal masacre y sobre el mismo se corrió un tupido velo para que se olvidara cuanto antes.
Casualmente, la mayoría de los supervivientes eran prisioneros estadounidenses que estaban encerrados en los sótanos de los mataderos municipales.
El futuro escritor Kurt Vonnegut era uno de ellos y años después plasmó el relato del bombardeo de Dresde en su célebre novela MataderoCinco , donde dice haberse convertido en una estatua de sal como la esposa de Lot, por mirar hacia atrás y reflexionar sobre la magnitud del horror que produjo el mismo.
Dice Volnnegut que la gente no debiera mirar hacia atrás, aunque yo creo que es indispensable hacerlo si queremos entender el presente. El alcance de la catástrofe fue durante muchos años un secreto para los americanos. ¿Y por qué? Por temor a que muchos pensaran que no todo lo que hicieron los americanos durante la guerra fue tan maravilloso.
Los americanos cometen verdaderas barbaridades hoy, allí donde se encuentran, pero no podemos olvidar que ya antes las cometieron en lugares como Dresde. Llueve pues sobre mojado, sólo que ahora las atrocidades las cometen sin ningún rubor.
Hace unos días en este periódico, Patxi Zabaleta e Iñaki Aldecoa se transformaban en estatuas de sal al igual que Volnnegut, y enjuiciaban a ETA y Herri Batasuna en el periodo constituyente, poniendo el acento en el tremendo error que supuso para la autodenominada izquierda abertzale su no participación tanto en la elaboración del Estatuto de Autonomía como por ausentarse de todas las instituciones de ámbito superior al municipal tras su aprobación, automarginándose en la construcción del país con las herramientas que nos habíamos dotado, a pesar de convertirse en la segunda fuerza electoral en la comunidad autónoma y primera fuerza nacionalista en Navarra y obviando el hecho de que el Estatuto de Autonomía representaba el logro de algunas libertades nacionales vascas.
Pero todo ello no ocurrió por casualidad. En el periodo constituyente, ETA militar apostó por conseguir logros espectaculares mediante la lucha armada y luego, merced al prestigio logrado, montar un partido para hacer revisionismo, tal como un dirigente de ETA militar trasladó a Mario cuando éste trató de mostrarle las bondades del Estatuto para mejor aflorar las contradicciones de la sociedad vasca en un contexto democrático burgués.
Un partido interclasista, pero radical en el aspecto nacional. Vamos, igualito que lo pretendido por Monzón en su tiempo.
Tanto Herri Batasuna como sus sucesores, Euskal Herritarrok, etc., se han caracterizado permanentemente por impulsar en lo ideológico el nacionalismo más radical y en lo político, canalizar la adhesión, más o menos primaria, más o menos organizada, a los planteamientos y la actividad de ETA militar.
Esa estrategia desembocó en el 23-F y sus impulsores en el interior desaparecieron , todo ello en un momento en que todavía las fuerzas de seguridad del estado estaban aún por democratizarse y tuvimos que ser otros, los que dimos la cara para restablecer las libertades. Recuerdo la manifestación que montamos en San Sebastián y a la que acudimos preferentemente gente del PSOE y de Euskadiko Ezkerra.
Esa manifestación fue disuelta de manera violenta, a pesar de que se intentó negociar con los mandos de la Policía Nacional para que se abstuvieran de intervenir. Uno de los negociadores fue el senador Enrique Casas, que recibió en sus espaldas unos cuantos porrazos en el intento. Lo puedo atestiguar, pues yo era uno de los que portaban la pancarta que abría la marcha.
En la situación actual, y a pesar de la existencia de unos cauces democráticos y de unas instituciones de autogobierno, la violencia continúa manifestándose. Este hecho y la implantación social que la violencia como instrumento político continúa teniendo, excluyen cualquier posibilidad de resolver el manido conflicto vasco.
Hoy cualquier observador político asume que el nacionalismo está a la defensiva, la locura de la estrategia acción-represión-acción ha llevado en la última década al cierre de periódicos, al encarcelamiento de la cúpula dirigente de Batasuna, a la extensión de la represión a un amplio sector de la cultura vasca y al bloqueo de cualquier iniciativa emanada de los poderes públicos vascos para encontrar una salida al contencioso, donde el país pueda avanzar.
Al mismo tiempo, la clase política anclada en el poder se distancia cada vez más de las necesidades reales que acucian a la población, hasta el punto que el propio secretario general de ELA en su alocución del 1º de Mayo, se muestra dispuesto a desbancar del poder al PNV y EA por su política antisocial y/o neoliberal.
La desgracia es que la alternativa al tripartito no es otra que el PSE, pues los milis y Batasuna ya se están encargando de cercenar cualquier posibilidad de que fructifique una izquierda nacionalista sólida, truncada de antemano por la pervivencia de la violencia.
De aquellos polvos nacieron estos lodos, pues la deriva de ETA y Batasuna es la misma que la del caballo asmático que no nos conduce a ninguna parte.
Yo también me transformo en estatua de sal.
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