Editorial
Peligrosos compañeros de viaje
EGÚN se desprende de documentación incautada, ETA comenzó en enero de 2004 su reflexión sobre la postura a adoptar en relación al proyecto de la
Y vasca, decidiendo inicialmente no intervenir de manera directa pero sin cerrar la puerta a un cambio en la decisión. Por lo visto, ese cambio ya ha llegado en la voz del comunicante que dijo hablar en nombre de ETA en llamada a la DYA de Bizkaia para reivindicar la explosión de dos artefactos en el barrio de Santa Bárbara de Hernani, colocados en sendas excavadoras de una empresa que participa en las obras del TAV. De confirmarse la intención de atentar contra una empresa adjudicataria, sería la primera intervención directa de ETA contra el proyecto del Tren de Alta Velocidad. Desde que ese proyecto se puso en marcha han surgido diversos movimientos sociales contrarios a esa importante infraestructura, oposición que ha encontrado eco también en formaciones políticas como Aralar y Ezker Batua (curiosamente IU y Aralar defienden el mismo proyecto en Navarra) y que está plagando de dificultades el normal desarrollo administrativo de los trabajos previos. Razones de desarrollo sostenible, de respeto al medio ambiente y de falta de información han llevado a colectivos ciudadanos a oponerse al proyecto, y ello no significa otra cosa que una buena salud democrática y una sana intención de desarrollo equilibrado. Por más que algunas veces los procedimientos de esta oposición rocen la presión y aun la intimidación, sus reivindicaciones y sus reflexiones deben ser tenidas en cuenta en democracia. Pero si es cierto que ETA ha tomado parte en el conflicto, y la ha tomado como suele, a sangre y fuego, esta intervención deberá ser considerada por los colectivos contrarios al TAV para desmarcarse cuanto antes de ella, que no de su oposición. Algo parecido ocurrió cuando ETA decidió atentar contra la Autovía de Leitzaran, injerencia que provocó el abandono de colectivos contrarios a aquel proyecto y a la contaminación de quienes no abandonaron. Tal como están las cosas en la justicia española, coincidir con ETA en esta polémica podría ser aprovechado para que iniciativas ciudadanas absolutamente lícitas y aun meritorias terminen siendo criminalizadas a causa de tan peligroso compañero de viaje.