
EN la negativa de María San Gil a estampar su firma en la ponencia política con la que Mariano Rajoy pretende ganar las próximas elecciones subyace la fidelidad del PP vasco a una estrategia de acoso al nacionalismo vasco, forjada en la etapa en la que ETA puso en el punto de mira a los concejales populares y socialistas. El partido cerró filas a cal y canto en su denuncia del terrorismo ampliando sus críticas al nacionalismo por ser la base doctrinal de la organización armada pero también, y sobre todo, por, en su opinión, alimentar con sus reivindicaciones las aspiraciones de los violentos.
Eran los años de la socialización del sufrimiento, del asesinato indiscriminado de ediles constitucionalistas. El PP contrapuso una trinchera a esa dinámica trazada en la ponencia Oldartzen. Incluso logró que los socialistas vascos entraran por un tiempo en ella. El objetivo político declarado era desalojar al nacionalismo institucional de Ajuria Enea y formar un Gobierno que tuviera como horizonte político el Estatuto y la Constitución.
La apuesta naufragó en 2001 con un apabullante triunfo electoral de Juan José Ibarretxe. El golpe fue brutal y generó una reflexión en el socialismo vasco. Patxi López sustituyó a Nicolás Redondo Terreros al frente de un partido que se marcó como objetivo volver a su lugar natural, la izquierda vasquista.
En cambio el PP se pertrechó para seguir en la trinchera. Jaime Mayor Oreja entró poco después en el Gobierno de Aznar y María San Gil tomó las riendas del partido para mantenerlo en la misma línea. Su retroceso electoral en Euskadi es constante desde entonces.
La férrea defensa interna de esa estrategia resta oxígeno a cualquier voz discrepante y, por supuesto, impide que el PP vasco se sitúe en otro escenario. El líder del partido en Bizkaia, Antonio Basagoiti, intentó activar el debate tras las últimas elecciones generales. Zapatero logró derrotar a Rajoy gracias a sus excelentes resultados en Euskadi y Cataluña. Los socialistas han logrado en ambas comunidades una identificación con sus raíces históricas. Hablan sin tapujos del vasquismo y del catalanismo.
Basagoiti opina que el PP debe apostar también por imprimir ese perfil a su proyecto y así lo planteó. Lo hizo a través del altavoz de los medios de comunicación precisamente porque es imposible dinamizar esa corriente desde dentro del partido. San Gil llamó al orden a su número uno en Bizkaia. No se explicó bien, no fue bien entendido, o las dos cosas, vino a decir la presidenta del PP vasco.
El apartado de la ponencia política que Rajoy quiere presentar al congreso de junio que aboga por un entendimiento con los nacionalistas defiende de soslayo dar esa impronta regionalista al partido. En el caso vasco, pide implícitamente al PP de Euskadi que abandone la trinchera, que negocie si ha lugar con el PNV, pero el lastre de los años del plomo es muy pesado. Salir de esa espiral supone reconocer que la estrategia era errónea.
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