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mikel antón, director de asuntos europeos del gobierno vasco

"Si hablamos de construir una Europa con legitimidad democrática es inevitable contar con las regiones"

Euskadi mira a la Unión Europea en el Día de Europa, que se celebró el viernes, y también el resto del año. Porque allí se juega el encaje del Concierto Económico. Porque quiere una mayor participación en las instituciones europeas. Porque el futuro pasa por Europa

Antón asegura que las regiones deberán reclamar una presencia más activa en la UE tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.Foto: N.G

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vitoria.El año pasado, un informe alertaba de que la ciudadanía no sentía Europa como algo cercano. ¿Se mantiene esa percepción?

No tenemos un sondeo reciente como en aquella ocasión, pero entiendo que más o menos el sentimiento de cierta lejanía con lo que es el proyecto europeo sigue existiendo. Y, paradójicamente, la gente aprecia los productos, las realizaciones de la UE en estos 50 años.

Cerca o lejos, los vascos nos jugamos mucho en Europa.

Los vascos y todo el mundo. En nuestro caso, hemos sufrido un periodo de adaptación largo y seguimos teniendo algunos problemas de primera magnitud, como el encaje o no del Concierto Económico en Europa. Pero también hay cosas que no se escenifican o que no las vemos tan directamente: la apertura hacia el mercado y también hacia la cultura europea, hacia la sociedad europea, nos han venido como anillo al dedo. La situación en Euskadi hoy es infinitamente mejor que la de hace 22 años, que fue la fecha de la adhesión.

El encaje del Concierto Económico se analiza en la Corte de Luxemburgo. ¿Es optimista respecto al dictamen final de este tribunal?

Se han cumplido las expectativas tras conocerse el informe de la abogada general, que dice que el Concierto Económico tiene cabida en Europa, que es compatible como sistema fiscal en la UE. Se ha dado un espaldarazo al Concierto, como han dicho algunos. Pero no hay que perder de vista que es un informe, que es independiente de la sentencia final... Aunque la estadística dice que el tribunal suele seguir la argumentación de la abogada general. Creo que hasta ahora este tema va bien, pero hay que ser prudentes.

El Gobierno español se negó a incluir dos declaraciones en el Tratado de Lisboa que, precisamente, pretendían blindar el Concierto Económico.

En noviembre de 2007 y antes de la firma de los tratados, desde el Gobierno vasco planteamos que se anexaran dos declaraciones a los textos del Tratado de Lisboa. Las declaraciones tienen validez interpretativa, no son vinculantes, salvo para el que las aporta y las firma, que en este caso sería el Reino de España. Una de las declaraciones era relativa al Concierto Económico, en la que se pedía su reconocimiento formal dentro de la UE. Y otra pedía que el Estado español declarara el alcance que el principio de subsidiariedad tenía en el ámbito descentralizado, autonómico, regional, municipal. Es algo que, por ejemplo, ha hecho Bélgica sin ningún problema: ha introducido el texto de esa declaración desde el mismo mes de octubre. Lo que pedíamos no era nada desorbitado, era una cuestión de justicia y de coherencia con el propio ordenamiento jurídico interno español. Y se rechazó.

¿Habría evitado la situación en la que estamos ahora?

No, porque es un proceso judicial abierto. Ese proceso habría seguido su curso, pero sí que, simbólicamente, habría animado. Los jueces podrían haber tenido en cuenta esa declaración.

La presidencia de la Calre está en manos de Izaskun Bilbao y una de las reivindicaciones de esa entidad es lograr una mayor presencia institucional de las regiones en la UE. ¿En qué fase estamos en ese sentido?

Después de la Convención Europea en la que las demandas de lo que no son Estados -regiones, naciones...- fueron limitadas y tras la crisis que se sobrevino con el Tratado Constitucional -superada, al menos de momento, a través del Tratado de Lisboa-, las regiones no hemos sido la primera preocupación en la construcción europea. Ha habido otras preocupaciones como la adhesión de Estados miembros del Este, el peso de los diferentes Estados... La cuestión regional no ha estado en primera línea.

¿Y lo estará a partir de ahora?

Una vez que el Tratado de Lisboa -esperemos- entre en vigor el 1 de enero de 2009, será el momento de que las regiones volvamos a solicitar una presencia mucho más activa. Y eso pasa también por ser más imaginativos, por reforzar los mecanismos existentes en el Tratado de Lisboa, como la capacidad de participar. Y participar de una forma coherente y franca, no solo simbólica, en los consejos de ministros, en los comités de la Comisión, en la elaboración de la legislación... Estar ahí, en los grupos de trabajo, tomar parte en el día a día. Hay mecanismos suficientes a día de hoy para ello. Y además, y muy importante, siguiendo con lo que tenemos en el Tratado de Lisboa, tratar de articular, de desarrollar adecuadamente, el mecanismo del principio de subsidiariedad, de proporcionalidad. Este principio quiere decir que aquellas competencias que sean compartidas entre Unión y Estados, en este caso también las competencias que podamos tener compartidas en Euskadi, sean realizadas por aquel que tenga las herramientas, por aquel que pueda hacerlo de una forma más cercana al ciudadano. Se trata de evitar solapamientos, duplicidades y, sobre todo, centralizaciones innecesarias.

¿Cómo desarrollarlo?

El principio de subsidiariedad adecuadamente desarrollado pasa por que el Estado, el Parlamento estatal, cuente con el Parlamento vasco -algo de lo que todavía no tenemos ninguna confirmación, aunque a ello anima el Tratado-. A partir de ahí, ¿qué se puede hacer? Hay fórmulas que tienen que ser imaginativas. Por ejemplo, una que sugirió en su día en la convención europea el entonces europarlamentario francés Alain Lamassoure: el estatus de región asociada, que significaba reconocer una realidad intermedia entre lo que es Estado puramente y lo que es una autoridad local, descentralizada. Existen realidades intermedias con una identidad política fuerte, como naciones que no tienen Estado, y a eso hay que darle curso también. Si realmente estamos hablando de construir una Europa con legitimidad democrática, con transparencia, si hablamos de nuevos esquemas de gobernanza, es inevitable contar con las regiones, con las naciones...

Si el Tratado de Lisboa permite participar, ¿dónde está el problema?

En algunos Estados que tienen miedo a ello. La UE habilita determinados mecanismos de participación, de trabajo; pero existe un principio, el de autonomía institucional, en virtud del cual jamás entra en la estructura constitucional interna de los Estados miembros. ¿Qué quiere decir esto? Que la posibilidad de participación o no de partes del Estado que son distintas de la esfera central del mismo depende de la voluntad de cada Estado miembro. El ejemplo es que desde el año 92, desde el Tratado de Maastricht, existe un artículo que permite la participación de determinados entes, como podría ser Euskadi, en Consejos de Ministros, pero España no lo ha permitido más que de una manera limitada desde el año 2004. Y digo de manera limitada porque ahora tenemos un cauce, pero es un cauce limitado a cuatro formaciones. Siendo una incoherencia con el ordenamiento jurídico español se ha mantenido y se mantiene sin rubor. Eso es así y así hay que decirlo.

Es decir, que en nuestro caso el gran obstáculo es el Estado español.

Efectivamente. En Alemania, que es un Estado federal, en Bélgica, que también es un Estado federal, en Reino Unido, en Austria... se han habilitado mecanismos de participación. Hasta el punto de que naciones como Flandes o Escocia, incluso Valonia, han llegado a presidir consejos de ministros en ausencia del representante central de su respectivo Estado. Eso lo sabe todo el mundo y, de hecho, desde 2004 se ha dado algún paso en el sentido de permitir participar a las Comunidades Autónomas en cuatro formaciones de las diez que tiene el consejo. Ése ha sido el primer paso, pero ¿qué pasa con las otras seis? De ellas, algunas incluyen competencias que nos son exclusivas, como la competencia que procede del Concierto Económico.

¿Cuáles son los retos de futuro?

Un reto muy importante respecto a nuestra población, a nosotros mismos, es que nos creamos Europa, que nos creamos europeos y contribuyamos con ideas a configurar Europa. Otro, conseguir que Europa no pierda ese modelo social que la caracteriza y es uno de sus mayores valores. Al margen de eso, hay un sinfín de desafíos que merecen respuesta.

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"Hasta ahora, la cuestión del Concierto Económico va bien, pero hay que ser prudentes"
"Existen realidades con una identidad política fuerte en la UE y a eso hay que darle curso"
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