Editorial
Una ocasión perdida
OMO si estuviera cumpliendo con un guión escrito de antemano, el presidente del Gobierno español
José Luis Rodríguez Zapatero
utilizó su visita de ayer a Barakaldo para reafirmar todos y cada uno de los argumentos políticos que personas de su entera confianza como
Fernández de la Vega y
Pepe Blanco habían estado difundiendo en los últimos días ante la proximidad de la reunión de La Moncloa con el lehendakari. Palabras como talante, entendimiento o convivencia formaron parte del discurso de Zapatero pero como simples prolegómenos para anunciar que no va a dar pie a "aventuras que traspasen las reglas de juego" y que "no es tiempo de amenazas de choque de trenes y pulsos, sino de diálogo y entendimiento". La oferta del líder socialista ante las propuestas que plantea Ibarretxe es bien simple: traspaso de competencias o reforma estatutaria. Una oferta, a estas alturas, endeble y muy pobre teniendo en cuenta el incumplimiento continuo en el traspaso de las transferencias que quedan pendientes de ejecutar en el Estatuto de Gernika y los precedentes de reformas estatutarias en otras comunidades históricas como Cataluña donde no se cumplieron los compromisos iniciales de respeto a los acuerdos adoptados y donde el "cepillado" posterior, en atinada expresión de
Alfonso Guerra, se convirtió en norma. Y visto el nivel de frustración que ha generado el resultado de aquella operación política a tenor de lo que ha manifestado el propio presidente de la Generalitat,
José Montilla , Zapatero debería tomar nota de que existen algunas cuestiones que exigen altura política y donde un gobernante se la juega. Con el paso del tiempo, es más que evidente que si Ibarretxe reclama algo más a Zapatero, ir a algo más allá de los lugares comunes de la política española, el mandatario de La Moncloa ya ha optado por no tomar en consideración los puntos de partida de la propuesta que le llega desde Gasteiz. Al menos de forma pública, ya que no hay duda de que de haber una voluntad diferente, tendrá que diseñarse un buen plan de comunicación que haga digerible el cambio de posiciones en este enquistado panorama de bloques. Y dado que en este capítulo no hubo sorpresas, el acto de ayer en el BEC se convirtió en un movimiento político de alcance mucho más corto, con la mirada puesta en las próximas elecciones vascas.