
Mariasun Landa, sonriente, vivió en París durante cuatro años después de Mayo del 68.Foto: n.g.
"I NCLUSO antes de entrar en París ya se podía comprobar el alcance de cuanto allí sucedía. Las fábricas ocupadas, las banderas rojas en las verjas... La huelga general estaba en marcha y sus consecuencias eran visibles. Con diez millones de obreros movilizados y el país medio paralizado, mucha gente comenzaba a cobrar conciencia de que aquello que estaba pasando era muy especial. Nosotros observábamos desde el coche. Nos íbamos acercando a la capital, a la que llegamos sin problemas, sin controles en las entradas ni en las estaciones. En las calles, las manifestaciones ya eran protagonistas", relata el escritor Eugenio del Río, en relación a la primera de sus dos estancias en París durante mayo de 1968.
Uno de los impulsores de la denominada ETA Berri y del posterior EMK (Euskadiko Mugimendu Komunista), este donostiarra acudió a la localidad gala a principios de mes para contactar con personas de otros países de Europa. El viaje estaba planificado de antes, pero el contexto que esperaba encontrar cambió de la noche a la mañana. Su visita coincidió con varias de las protestas principales y con la ocupación de la Sorbona y el Teatro Odeón. En este último, recuerda, tuvo que quedarse a dormir debido al bloqueo que sufría el Barrio Latino. "Fue una noche activa fuera, pero tranquila dentro. La gente descansaba y el ambiente era bastante simpático", describe.
A la mañana siguiente, las calles se convirtieron en el mejor narrador de cuanto había ocurrido en las horas previas. El humo de los coches quemados, los adoquines arrancados y las noticias de las detenciones más recientes hacían constatar que, efectivamente, París no vivía un episodio más en su ya revolucionaria historia. Aquel mayo que nunca acabó era ya una realidad en efervescencia.
Probablemente para aquel entonces, en la época de la huelga general y las movilizaciones más intensas, la también escritora donostiarra Mila Beldarrain -el año pasado ganó el Premio Euskadi de Plata por Domenja de Oñate - cruzaba la ciudad del Sena en su regreso a Gipuzkoa. Tenía 17 años y llevaba algunos meses en un colegio de monjas de Mortefontaine, a 36 kilómetros. Sus progenitores, propietarios de una joyería de Donostia que contaba con numerosa clientela francesa -entonces no existía el denominado impuesto de lujo a este lado del Bidasoa-, la habían enviado para aprender esa lengua durante el curso 67/68.
Miedo e incertidumbre
Conversaciones en euskera
Esta profesora del Instituto Usandizaga, sin embargo, no concluyó sus clases. Las noticas que llegaban del ajetreo parisino preocuparon a su familia y, sin pensárselo dos veces, su padre, que le comunicó que iría a buscarla en euskera por miedo a que alguien le entendiera, alquiló un taxi rumbo al epicentro de la movida. "Para él fue muy impresionante. Llegó de noche, con toda la ciudad envuelta en barricadas y sin saber cómo ir hasta el colegio. Lo consiguió gracias a que, en plena calle, se encontraron -él y el taxista- con dos personas, dos gays que iban maquillados, que les acompañaron durante todo el trayecto. Cuando yo le vi parecía que hubiera visto un ovni. Tan tradicional como era él, y en aquella época (los últimos años del franquismo)... No paraba de decir lo amables que habían sido aquellos jóvenes. Estaba alucinado".
Beldarrain no vivió en directo el fuego cruzado del mayo parisino, pero sí sus ecos en el extrarradio. "Las monjas estaban muy asustadas porque teníamos muchos terrenos y, cuando empezó la movida, nos decían que todos eran comunistas y nos iban a cortar la cabeza. Más adelante, en el colegio hubo alumnas que, o bien los fines de semana o bien escapándose en los días de clase, participaron en las manifestaciones, de las que traían las últimas noticias. Yo vi el fuego en las calles y las barricadas cuando salíamos de París para volver a Gipuzkoa, pero no viví el movimiento en la ciudad".
Este último, en cualquier caso, no se acabó en mayo. Meses después, el Barrio Latino seguía respirando el mismo ambiente, según cuentan sus testigos. "En cierta forma, mayo continuó, porque el espíritu de los estudiantes siguió siendo de rebeldía, de enfrentamiento con lo establecido, de lucha, de pelea por la igualdad de las mujeres... Durante los años posteriores, la gente hablaba de aquel mes como del recuerdo que se tiene de una fiesta. Es algo que se puede ver en las imágenes de las manifestaciones. Todos agarrados del brazo, con muchísima comunicación entre las personas y con la creencia de que, realmente, iban a cambiar las cosas e iban a vivir de otra manera", comenta Mariasun Landa.
La escritora de Errenteria llegó a la capital francesa en octubre de 1968 (con 19 años) y vivió en ella hasta 1972. Dedicó el primer año a estudiar francés y los otros tres a licenciarse en Filosofía. Aunque no vivió mayo en directo, sí comprobó la repercusión de cuanto ocurrió en aquel periodo. "Varió mucho la visión de las cosas y hubo un cambio cultural. Eso no lo puede negar nadie. En aquellos tiempos pasaron muchas cosas a la vez, y Mayo del 68 fue uno de los fogonazos . El espíritu ecologista, el antiautoritarismo, una cierta demolición de las jerarquías, las teorías más libertarias de la educación, la literatura, la anticoncepción, el divorcio... Todas esas cosas cobraron mucha fuerza. Allí se concretizaron muchas ansias y deseos colectivos, fue una especie de recuperación de las ganas de vivir y de cambiar la sociedad. Algo que se da cada cierto tiempo y que, en cada momento histórico, se concreta de una u otra forma", señala.
el poso que aún perdura
"Seguimos viviendo de ello"
Sus palabras son ratificadas por las de Paco Letamendia Ortzi , profesor de Ciencias Políticas de la UPV, ex diputado de Euskadiko Ezkerra (EE) y Herri Batasuna (HB) y actualmente alejado de la política. "Todo eso continúa, pero de otras maneras. El poso de todo aquello, el cambio generacional... 40 años más tarde, nosotros seguimos viviendo de eso", asegura.
Para este donostiarra, que acudió a París en el verano de 1968 (con 24 años), una vez concluido el mes de mayo y celebradas las elecciones que ratificaron a De Gaulle, aquel movimiento fue "un baño absoluto de ilusión". "Había una ruptura completa con todos los viejos esquemas, no sólo los de la derecha, que estaba en el poder, sino también los de la izquierda. Era el cambio de lo cuantitativo a lo cualitativo, a la imaginación, al derecho a la diferencia. El altermundialismo y los nuevos movimientos sociales vienen de allí. Se vivía un ambiente de libertad, en el que se podían establecer todo tipo de relaciones entre la gente. Y, aunque pronto se desvaneció, estaban convencidos de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina", apunta.
Cuando Ortzi viajó a París, Eugenio del Río había completado ya su segunda visita -a finales de mayo- a la capital gala. Desde su vivencia allí, este último habla de un movimiento revolucionario más general que definido. "Es difícil que hubiera algo concreto porque había una multitud de grupos que tenían una influencia relativamente grande. Las manifestaciones eran gigantescas y aquello escapaba a cualquier tipo de dirección. Hubo negociaciones concretas, por ejemplo en el aspecto sindical, en el que se ganó bastante, y luego en el estudiantil, pero el movimiento fue más un estallido de inconformismo plural y poco preciso", explica.
trascendencia en el tiempo
Entre el mito y la realidad
Pese a ello, considera justificada, en parte, la importancia otorgada a aquel episodio. "Dentro de las tres décadas que siguieron a la II Guerra Mundial, los llamados 30 glorioso s en Francia, Mayo del 68 fue un acontecimiento especial. Cuando se hace hincapié en que alteró en cierta medida las relaciones de autoridad y puso de manifiesto la existencia de una juventud más inconformista en diversas direcciones, se tiene razón. Ahora bien, quizás a veces también se ha mitificado. De hecho, en el aspecto político no se observaron grandes novedades después", indica.
Sea como fuere, el recuerdo de Mayo del 68 provoca aún una sonrisa en estos cuatro guipuzcoanos. "Fue una maravilla a todos los niveles. Si para los estudiantes parisinos aquello fue vivir el mundo de la libertad, no digamos para alguien que venía de aquí, del franquismo. Salir de algo tan oprimente y llegar a un ambiente como aquél era el no va más ", asegura Letamendia, que más adelante tuvo que vivir exiliado cinco años en París.
Mariasun Landa considera, por su parte, que, de alguna forma, aquel movimiento revolucionario marcó un antes y un después en las vidas de sus contemporáneos. "Yo siento una gran satisfacción por haber pertenecido a esa generación. Me considero un poco hija del 68 , porque viví en una Francia mucho más liberal de lo que era España entonces y soy resultado de todo eso. La música, el cine, el movimiento hippie ... Me siento muy satisfecha de haber participado de aquellos tiempos", señala.
Son los testimonios. Las voces que quedan de aquellos años en los que miles de personas, lideradas por una juventud deseosa de cambiar el mundo y convencida de conseguirlo, se citaron con la historia para protagonizar una revolución que, más allá de su poca repercusión política, se escribió en las cabezas y se grabó en los corazones. Uno de esos gritos de rabia y descontento que suceden cada cientos de años y que, en esta ocasión, se cimentó bajo los adoquines arrancados del suelo parisino.
|
|
© NOTICIAS DE GIPUZKOA
Avda. Tolosa 23 · 20018 Donostia · GIPUZKOA ·
Tel 943 319 200 · Fax Administración
943 223 900 · Fax Redacción 943 223 902
Enlaces patrocinados:
Inmobiliarias |
Disfraces |
Agencias de publicidad |
Tiendas de electrónica |
Cirugía estética |
Inmobiliarias |
Asesorías |
Peluquerías |
Muebles |
Clínicas |
Seguridad |
Mudanzas |
Viajes |
Hostales |
Taxis |
Hogar |
Hoteles |
Cerrajeros |
Farmacias |
Rótulos |
Armarios |
Trabajo |
Hosting |
Ocio en Gipuzkoa |
Hoteles en Madrid |
Hoteles en Barcelona |