
Aintzane Ezenarro posa junto a una de las instalaciones incluidas en la exposición en homenaje a las víctimas que hay en el Parlamento Vasco.Foto: Jose Ramon Gomez
vitoria.¿Qué espera de la reunión del día 20 entre Zapatero e Ibarretxe? ¿Cree que tiene un desenlace anunciado?
No vamos a ser ingenuos. Sabemos lo que puede dar de sí, que no va a ser mucho, por todo lo que se ha ido diciendo hasta ahora. Lo que nos parece es que debería servir para que el lehendakari aclare de una vez por todas qué tipo de acuerdo se va a plantear.
Aralar lleva pidiendo desde el Pleno de septiembre concreción. ¿Se da por satisfecha con el documento hecho público este viernes por el lehendakari?
Aunque de forma tardía, finalmente hemos conocido el acuerdo que va a proponer el lehendakari al presidente del gobierno central, Rodríguez Zapatero. Era algo necesario que se debería haber hecho mucho antes. De todas formas, nos ha sorprendido que el texto vaya más allá de un acuerdo de principios, que era lo que en un principio estaba diseñado, una especie de Downing Street, para luego dar paso a los partidos políticos para el debate sobre los contenidos. Sin embargo, con la inclusión de los documentos de Loiola, esta propuesta de acuerdo aborda cuestiones políticas, y creemos que eso es un error. Las cuestiones políticas deben ser debatidas y acordadas entre los partidos políticos de cada ámbito de decisión y refrendadas después por la sociedad. Además, no compartimos la mención que se hace al órgano común permanente, como algo a acordar entre los presidentes de la CAV y el gobierno central, sin ninguna participación navarra.
Tras dar el paso de sumarse al carro del tripartito en la apuesta por la consulta, ¿se sienten decepcionados por la gestión que se ha hecho hasta ahora de este acuerdo?
La consulta y la autodeterminación es una reivindicación histórica en la izquierda abertzale que ahora se ha plasmado en un plan liderado por el tripartito, al que no hemos tenido ningún problema en sumarnos. El origen de todo esto está en el cruce de caminos que supuso el pacto de Lizarra-Garazi, tan denostado ahora por algunos, pero que fue el punto de partida de todo esto, de la unión de las dos tradiciones del mundo abertzale en torno a la idea de la no violencia y la autodeterminación. Nuestra queja es lo que se está tardando en concretar las cosas. Desde septiembre hasta ahora se ha hecho fatal la gestión del plan y ha perdido fuerza. No ha habido suficiente pedagogía social. La falta de concreción hace que la hoja de ruta no sea creíble. Pero nos negamos en redondo a que todo quede aparcado. Hay un compromiso adoptado en sede parlamentaria que hay que cumplir. Lo demás es jugar al escondite.
¿Qué proponen para relanzar su propuesta?
Tres pasos: clarificar qué acuerdo se plantea y qué pregunta se haría en la consulta de octubre, haya o no haya acuerdo; iniciar un trabajo conjunto de todas las fuerzas políticas que estamos de acuerdo en que esta hoja de ruta se tiene que llevar a cabo; y, en tercer lugar, sumar también la fuerza de movimientos sindicales y sociales, como Erabaki, para iniciar la movilización social. Lo que no se puede hacer es empezar la casa por el tejado y pedir a la gente que se movilice sin antes haberle explicado hacia dónde vamos.
¿Queda tiempo para el acuerdo antes del Pleno de junio?
Si hay voluntad, hay tiempo. Con lo que no estamos para nada de acuerdo es en ampliar los plazos marcados. Nada de eso. Hay que cerrar los ciclos. Llevamos diez años, desde Lizarra-Garazi, hablando de que hay que llevar a la práctica el ejercicio del derecho a decidir. Y hay que cerrar el ciclo, porque a la gente le cansa que hablemos sin parar de algo que no se hace.
¿Percibe mucho desencanto?
Hay mucho cansancio, y a eso precisamente atribuyo la bajada del voto abertzale en las últimas elecciones. No a que la gente no esté a favor del derecho a decidir, como se ha dicho, sino a que está cansada de que no se lleve a la práctica y opta por quedarse en su casa. El debate sobre la normalización política no se puede plantear abierto sine die. Estamos todos hablando de lo que la sociedad quiere, pues hagamos una consulta para saberlo.
¿Qué pregunta haría Aralar a los ciudadanos el 25 de octubre?
Lo que hay que hacer es pasar el testigo de la búsqueda de las soluciones del conflicto político a la sociedad, ya que los partidos somos incapaces de ponernos de acuerdo siquiera sobre la metodología. La pregunta de Aralar sería algo así como: ¿Apoyaría el diálogo para la solución del conflicto y daría por válida la solución que acuerden los partidos vascos? Entendemos que la consulta debe servir para marcar la metodología que queremos aplicar para articular un nuevo acuerdo de convivencia, para decir si lo que decidamos aquí es válido o, como dicen algunos partidos, debe contar con el visto bueno del Congreso. A diferencia de otros representantes políticos, estamos convencidos de que la mayoría de la sociedad vasca aceptaría que lo que aquí se acuerde, con una mayoría cualificada y que represente a todas las sensibilidades, debe llevarse a cabo sin cortapisas ni ningún tipo de cepillado.
¿Si la hoja de ruta comienza a rodar en junio con el único apoyo de EHAK, nacerá herida de muerte?
La iniciativa será plenamente legítima, porque los representantes de EHAK forman parte de un grupo parlamentario totalmente legal y que esperamos que clarifique cuanto antes su posición y no espere al último día, lo que parece que se ha convertido en costumbre en este país. Cada cual tiene que tener las cartas boca arriba para que la gente sepa a qué atenerse.
¿Cómo interpreta la actitud dilatoria del PSOE ante los emplazamientos al diálogo que ha realizado Ibarretxe?
Los socialistas están jugando sus cartas, pero desde septiembre hemos percibido un cambio. Nada más conocer la propuesta se esgrimió un argumento jurídico para vetarla, se dijo que no era legal, pero ahora hasta el propio Rubalcaba admite que es una propuesta política que tiene que ser rebatida políticamente. Ellos mismos se han dado cuenta de que el argumento de que la consulta no es legal no tiene fuerza, no es muy sostenible en una democracia prohibir jurídicamente que se pronuncien los ciudadanos. Ojalá salga algo de la reunión de Zapatero con Ibarretxe y que el PSOE no esté solo guardando las formas. Pero nos tememos que sólo van a hacer una especie de paripé, lo que de ningún modo debe ser un freno para hacer una consulta.
¿Ven a los socialistas capaces de retomar las bases que ya trataron en Loiola?
En la mesa de Loiola fueron mucho más lejos de lo que han ido nunca y actuaron en contra de un principio que ellos mismos han repetido una y otra vez, que es que la paz no tiene precio político. El PSOE quería la paz y es loable que se haya intentado, pero en Loiola cometió precisamente ese error: mezclar paz y política, cuando las cuestiones políticas sólo pueden ser debatidas y acordadas entre los representantes políticos de cada ámbito de decisión. Lo que no es homologable en democracia es que se niegue un debate político a una mayoría social cuando ese mismo debate político lo han tenido con una organización armada. Y ahí el PSOE sabe que está en un renuncio y deberá medir muy bien lo que hace. Saben que no tienen una conciencia muy defendible. ¿Cómo sostienes ante la sociedad vasca que has negociado con ETA o Batasuna políticamente y no quieres siquiera empezar a hablar de lo mismo con el lehendakari y los partidos que representan a la mayoría?
¿Cómo interpretan las últimas demostraciones de fuerza de ETA, pese a la debilidad que le atribuyen?
Lamentablemente parece que va a seguir en su huida hacia delante porque no se atreve a hacer lo que verdaderamente sería revolucionario en este momento, que es acabar. Estoy convencida de que no saben cómo poner el punto final. Es inasumible que cualquiera que piense diferente a ellos tenga una sentencia de muerte encima. Creo que los abertzales tenemos una responsabilidad especial a la hora de hacer militancia anti-ETA, porque ETA no sólo está generando un sufrimiento insoportable a 20.000 personas que tienen una sentencia de muerte sobre su cabeza en nuestro país, algo que me avergüenza como miembro de este pueblo, sino que es la principal responsable de que la normalización política que reivindicamos otros partidos no arranque.
¿No es contradictorio que la izquierda abertzale oficial pida continuamente apoyo y luego se desmarque de iniciativas como el blindaje de la Mesa del Parlamento o el rechazo de la violencia?
Una relación no se puede establecer si sólo quieres recibir y no das nada. La palabra 'relación' en euskera lo dice todo: harremana, que incluye la acción de dar (hartu) y pedir (eman). Ellos no sólo piden, sino que exigen que el resto tome posiciones ante los ataques que sufren, pero miran hacia otro lado cuando ETA mata y amenaza. No es posible mantener una relación de igual a igual, y por eso cada vez sienten más frío y más soledad, no sólo de la clase política, sino de la sociedad.
¿Qué ayudaría a que quienes no están de acuerdo con la violencia en Batasuna salieran a la superficie?
Quizá la clave es cambiar el lenguaje político y conseguir que, si no condenan la violencia, al menos expresen su rechazo a esa vía con otras palabras. Nosotros lo estamos intentando, tratando de consensuar un texto con unos mínimos éticos en los ayuntamientos donde gobernamos con ANV, y daremos la bienvenida a cualquiera que, como en su día hizo el concejal de Derio, se desmarque de la línea oficial. Es inaudito que encarcelen alcaldes, pero también que no se condene el asesinato de un vecino. Lo único que va a servir para acabar con ETA es la crítica interna, como hizo Aralar en su día.
¿Es comprensible la política errática que sigue el Estado con ANV y el mundo de Batasuna en general?
Todas las medidas se están tomando por los impulsos políticos del Gobierno del PSOE. ETA ha declarado la guerra a un Estado que le ha respondido diciendo que va a emplear todas las fuerzas para hacerle frente. Ni uno ni otros están respetando las bases mínimas del juego democrático. Me parece infantil creer que el Estado va a quedarse de brazos cruzados si tú planteas una guerra. Nos conocemos de años.
Aralar tuvo una posición muy clara ante las mociones contra ANV desde el principio.
Consideramos que era mejor reprobar políticamente a ANV que plantear una moción de censura en municipios donde sería imposible la gobernabilidad basada en la concentración de los grupos de la oposición, porque poco tiene que ver Aralar con el PP o el PSE. No nos pueden acusar de medias tintas, porque nuestra posición contra la violencia es clara. Nosotros sí podemos reprochar al PSE y al PNV que no han cumplido su compromiso de votar las mociones éticas por puntos en muchos municipios, para dejar claro que sólo estamos en desacuerdo con el tercero, que pide la dimisión de quien no condene la violencia. Creemos que eso no contribuye en nada a la pacificación. En cambio, alimenta el cierre de filas.
Estando llamada a ser la cuarta pata del tripartito, ¿cómo vive Aralar que sus propios integrantes estén cuestionando esta fórmula?
Si está o no en crisis el tripartito lo tienen que contestar ellos. Aralar no nace con el objetivo de entrar en ningún gobierno ni es su prioridad. Esta legislatura hemos intentado incidir en un gobierno minoritario, lo que nos ha llevado a coincidir en muchas iniciativas con el tripartito y muchas veces llevar la voz cantante, como con la Ley de Suelo, que se cambio de arriba abajo con nuestras enmiendas. Estamos en una institución para llegar a acuerdos, no para marcar posiciones.
Ya hay quien habla de tripartitos 'a la catalana', uniéndoles al PSE y EB.
No hay que adelantarse ni tampoco llevarse las manos a la cabeza por nada. Los pactos de todo tipo deben ser normales en política. En Donostia estamos con PSE y EB en coalición en base a un programa. Demuestra que es posible llegar a acuerdos. Trasladar la fórmula al Gobierno Vasco sería más difícil, porque más allá de acuerdos programáticos Aralar exigiría unas bases mínimas sobre normalización política y el tema de la consulta. Además, el PSC no es igual que el PSE.
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