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"L O que no somos capaces de cambiar debemos al menos describirlo". Esta reflexión la debió soltar Fassbinder (yo no estaba allí) en algún momento de su breve existencia. Sé que no es una gran cita, ni siquiera es demasiado ingeniosa, pero no por ello es menos convincente. La verdad es que con esta cita sólo trataba de impresionarlos, y vestir esta columna con una pátina de trascendencia y de migaja. Es la primera cita elevada que reproduzco en este txoko, cuando se cumplen los cien días de gracia, sudor y erratas. Y es que tengo la desoladora sensación de que jugar a ser columnista es un ejercicio fútil, de que estoy llenando de trivialidad estos 2.600 caracteres.
Es hora de hacer balance, de tratar de descubrir si la confianza depositada en este bostezante está justificada o no. Hago examen de conciencia y me pregunto si los dardos lanzados desde este pequeño foro son acertados, o son narcotizantes. De si este topo sigue cercano a lo cotidiano, o ha perdido el tren de la realidad. De saber si lo expuesto genera expectación, o se parece a comer pipas peladas.
Por eso me he lanzado a la calle, especulando sobre "en qué piensa el donostiarra cuando no lo hace en Badiola o en Odón". Y me he quedado igual, no tengo ni pajolera idea. Como catalizador de voces no tengo precio. Me encantaría firmar frases como "me alimento de la calle, el asfalto es mi pulso, amplifico las voces anónimas..." pero yo sólo oigo ruido, así que dejo esa tarea para gentes como Manu Chao, o mi vecino de sección El Paseante . Yo ya estoy demasiado aburguesado.
Lo peor es que todo este desbarre está provocado por las recomendaciones que me veo obligado a escuchar en mi entorno. Mis amigos (todos ellos bien licenciados) creen que soy una especie de defensor del pueblo, y me esputan sus inquietudes, a cada cual más peregrina. Uno me dijo que denunciara el hecho de que rieguen nuestros parterres en días de lluvia, y le solté un bostezo. Otro me preguntaba que cuándo tendremos un cortinglés en Donostia, y le dije que espero que nunca (y que no quería volver a verlo). El último gran tema que me han sugerido versa sobre la abundancia de excrementos de canes que minan las calles de Gros. Pues vale.
Todas estas chuminadas (y otras que he logrado olvidar) no hacen sino reafirmar una vieja sospecha: tengo que cambiar de kuadrilla. Pero también me han ayudado a confirmar que mi punto de vista, aunque chisgarabis, no está tan agusanado. Así es que sacaré nuevo brillo a los temas de plata que tengo en la recámara, listos para ser descargados. Eskerrik asko lagunok.
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