Editorial
Beirut, el crisol de Oriente Medio
A antiguamente conocida como la
Suiza de Oriente Medio vuelve a todos los medios de comunicación por el mismo motivo de las últimas décadas: la endémica violencia y la permanente inestabilidad que azota a este pequeño país, clave en el complejo puzzle en el que se mueven las relaciones internacionales en Oriente Medio. Líbano, antigua colonia francesa, ha sido históricamente un crisol de culturas que tiene actualmente su reflejo en la composición étnica y religiosa del país, inédita en el mundo árabe por la convivencia de cristianos y musulmanes y que llegó a ser la esperanza con la que normalizar la situación en el mundo árabe. Pero esta esperanza se ha quedado, con el paso de los años, en una quimera y la situación tras los enfrentamientos de los últimos días en Beirut recuerda más la posibilidad de volver a una guerra civil que desangró al Líbano entre los años 1975 y 1980, cuando era un poderoso centro financiero. Y como casi siempre en este país, los intereses internacionales al más alto nivel se ven envueltos en un conflicto en donde las milicias chiís de Hezbolá se han hecho fuertes en la capital, demostrando su superioridad militar tanto sobre el Ejército como sobre los leales del Ejecutivo prooccidental de
Fuad Siniora
, quien ha sido incapaz de dar salida a una crisis institucional que llevó a los chiís a abandonar el gobierno de concentración y que todavía no ha sido capaz de nombrar presidente del país. Israel y EEUU, dos piezas fundamentales del puzzle, no han tardado ni media hora en culpar a Siria e Irán, dos naciones de mayoría chií, de estar detrás de los disturbios provocados por seguidores de Hezbolá y que ya han costado la muerte de, al menos, 11 personas. Irán ha reaccionado de inmediato para culpar a los dos anteriores de provocar la inestabilidad en el país mientras que naciones árabes de mayoría suní, como Egipto, no han tardado en censurar a Hezbolá y a su líder espiritual, el jeque
Hasan Nasralá . Lo cierto es que si la mayoría chií que se agrupa en torno al Partido de Dios va más allá y consigue hacerse con el control del país, quedará enterrada la esperanzadora opción de crear una nación libre y en convivencia entre chiís, sunís, cristianos maronitas, ortodoxos, drusos y otras confesiones. Un espejismo para los tiempos que corren.