
Tribuna Abierta
cuando se insiste en que los acuerdos tienen que ser entre diferentes, se está defendiendo una realidad obvia. Resulta que no existen en ningún lugar del mundo pactos y/o acuerdos en cualquier actividad, política, social, cultural, deportiva o empresarial entre iguales; siempre son, necesariamente, entre diferentes. Entonces, ¿de qué se habla?... de sensibilidades identitarias diferentes. Otra obviedad.
En todos los países, sobre todo desarrollados, se han producido a lo largo del tiempo, y se sigue produciendo, movimientos inmigratorios que van conformando grupos de procedencias y sensibilidades identitarias diferentes. En nuestro caso, con España, Andalucía, Catalunya, Galicia, Francia, Italia, Reino Unido, Rumania, Cuba, Ecuador, Venezuela, Marruecos, Senegal, etc. Los que no son procedentes del Estado español, algunos ya votan, otros lo harán pronto y comenzarán a influir, cada vez más, en los resultados electorales.
También los originarios del lugar pueden sentirse identitariamente sensibles a lo que representa el Estado dominante. Por diferentes motivos esto ha ocurrido siempre. En el caso de la CAV, con España.
Esta situación objetiva, que también se da aquí, no debe tener ninguna relevancia cuando se plantean proyectos de país, de nación, especialmente, si está previsto someter a consulta popular la confirmación o rechazo. En esa consulta es donde los ciudadanos y ciudadanas con su propia sensibilidad identitaria optan por el proyecto que les parece mejor y más ajustado a sus sentimientos y necesidades para ellos/as y para el país, donde viven, en su conjunto. Ningún partido político representa, ni en parte ni en exclusiva, a una sensibilidad identitaria, ¡afortunadamente! Sería un caos lamentable. Por eso, los partidos políticos defienden proyectos o programas para el desarrollo del país, para el día a día y para el futuro, y el bienestar de los ciudadanos/as, cualquiera que sea su sensibilidad identitaria. Es lo que está haciendo con eficacia relevante el Gobierno Vasco, con el lehendakari a la cabeza, en este país.
Y, además, con la virtualidad de realizar un proyecto de futuro que permita dar un importante paso en su desarrollo, a través de la paz y la normalización, con el refrendo de la ciudadanía. Lo que contribuirá, sin duda alguna, a un mayor y mejor bienestar.
Es deseable que los ciudadanos/as mantengan sus raíces, tanto los que son originarios de aquí, como los que son de otros pueblos. Esto da más consistencia a la personalidad y se mantienen los lazos y vínculos entre los que comparten los mismos sentimientos, cultura, etc. y se intercambian y posibilitan un mejor conocimiento entre las diferentes sensibilidades. De hecho, aquí, como en otros países, se dan las manifestaciones culturales/folklóricas/festivas de las diferentes comunidades de origen y suelen ser ocasiones de encuentro entre diversas culturas y sensibilidades.
La presencia de grupos originarios de otros lugares es mayor y seguirá creciendo. Contribuyen al desarrollo sostenido de nuestro país. Son necesarios. Es importante que tomen conciencia y se impliquen en la nación vasca y su vocación de afianzar su soberanía efectiva como cualquier otro pueblo.
Los debates encaminados a la concreción de este hecho tienen que realizarse entre todos los partidos políticos que concurren en Euskadi -en este caso referidos a la CAV por razones de procedimiento-. Todos, sin excepción. No cabe, de ninguna manera, que para emprender un nuevo debate encaminado a la superación de la violencia y la normalización de Euskadi establecer los procedimientos/tiempos y el modo de relación con España se haga sin la presencia de una parte importante de la sociedad vasca que representa la izquierda abertzale ilegalizada. En estas circunstancias, considero, no cabe ni debate ni consulta popular. No sería representativo ni democrático. Esto sí es un obstáculo serio. Ahora, lo apremiante es que el Gobierno español cumpla con sus obligaciones y ponga en orden los derechos humanos y valores democráticos en relación con Euskadi-Euskal Herria.
Aquí y ahora, se requiere más efectividad democrática. En definitiva, debates, acuerdos y consensos, al máximo posible, entre todos los partidos. Es decir, entre todos los diferentes, o sea, los que difieren en la concepción democrática, hasta alcanzar un acuerdo que posibilite la mayoría más amplia posible en el Parlamento Vasco. Aunque nunca podrá condicionarse su validez a que sea mayor que la mayoría absoluta, ni que ningún partido deba estar de acuerdo para que sea valido. Esto sería un disparate antidemocrático.
El desarrollo y consolidación soberana de la nación vasca no tiene nada que ver con nacionalismos de ningún signo, ni vasco, ni español, ni otros. Es un derecho intrínseco, inalienable, que no debe estar condicionado a coyunturas electorales o sensibilidades identitarias. Todos lo ciudadanos y ciudadanas vascas de cualquier procedencia; instituciones/grupos de todas clases, sociales, culturales, sindicales, empresariales, académicas, etc. debemos empujar en la misma dirección. Nos interesa sobremanera, por seguridad, certidumbre, claridad, eficacia, bienestar y superación final del conflicto.
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