
El científico del Instituto de Investigaciones Biomédicas del CSIC en Barcelona Eduard Rodríguez Farré.Foto: efe
barcelona. Greenpeace advirtió ayer de que la radiactividad de la fuga que se produjo en la central de Ascó I (Tarragona) el pasado noviembre podría haber ido más allá de Cataluña y haber llegado hasta, por ejemplo, Castellón, según apuntó Eduard Rodríguez Farré, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IibB) y del Centro Superior de Investigaciones Científicas en Barcelona (CSIC).
Este experto apuntó que debería hacerse un estudio del recorrido que han hecho durante cinco meses las partículas de cobalto-60 vertidas al medio ambiente en noviembre y que la central y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) no notificaron hasta abril.
Rodríguez Farré, junto con portavoces del grupo Greenpeace, criticó la investigación "poco científica" del CSN, que aún no ha podido determinar ni la cantidad total de partículas radiactivas emitidas ni su tamaño, lo que tiene especial importancia en el "impacto" sobre la salud y sobre el medio ambiente.
El cobalto-60, "uno de los elementos con más radioactividad que existe", tiene una vida superior a los 15 años en el ambiente y, pese a que sólo estén tres o cuatro días en un organismo, sus efectos a largo plazo son "imposibles de evitar", apuntó el experto. "Una vez que una persona los expulsa, siguen emitiendo radiaciones al ambiente, pudiendo contaminar a otros", agregó.
Entre otros efectos, el vertido podría aumentar la incidencia de cáncer en la población con la que haya estado en contacto, o bien tener otras consecuencias derivadas de una debilitación en el sistema inmunológico. Añadió que, en todo caso, esto se conocería a "largo plazo" y con estudios sobre una comunidad, por lo que criticó que desde el CSN se haya asegurado desde el primer momento que no existe un "riesgo".
Según apuntó Rodríguez Farré, la vía más "preocupante" por la que se puede producir la contaminación entre personas es por inhalación, o bien a través del sistema digestivo. Explicó también que esta segunda posibilidad vendría si las partículas hubiesen llegado al agua y este líquido pasase al riego agrícola o bien a ser agua de boca. "Los alimentos estarían contaminados", sentenció, y recordó que el CSN ya encontró partículas cerca del Ebro.
Asimismo, puso en duda la fiabilidad del sistema de medición empleado con los niños que visitaron la central entre noviembre y abril. "Habrá alguna razón lógica para que el CSN haya determinado que hay que hacer revisiones a más de 2.000 personas", apuntó, pese a que hasta ahora todos los análisis han dado negativo.
En este sentido, se cuestionó cuál es el nivel de radiactividad que se tiene en cuenta en estos estudios, ya que no es el mismo el permitido para los trabajadores de una central que para la población general. >e.p.
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