Editorial
Las "malas noticias" de la economía
AS estadísticas mensuales sobre la subida de los precios de los alimentos básicos que se dieron a conocer ayer confirmaron todas las sospechas de quienes diariamente acuden al ritual de hacer la compra. Es una constatación que la entrada del euro ha restado poder adquisitivo a los trabajadores en la medida en la que los salarios no han aplicado el ya famoso redondeo que han experimentado todos los productos. De ahí que el desfase entre los precios -incluso en productos muy básicos- y los ingresos salariales sea cada vez mayor y que se vea con creciente preocupación la deriva que está adquiriendo la odisea de llenar la cesta de la compra familiar, la misma cesta en la que el pasado abril entraron botellas de aceite de girasol un 40% más caras que el mes anterior, paquetes de harina de trigo con un 28% más de precio, los espaguetis con un 20% o el pollo fresco con un 20% de subida. Hay otros productos que bajan su precio pero ni son tan básicos ni lo hacen en la misma proporción en la que encarecen los antes citados. La notoria subida de los precios de los alimentos, junto a la creciente concentración de las empresas de distribución, llevó incluso al Tribunal Vasco de Defensa de la Competencia a culpar a estas firmas de la alta inflación registrada en Euskadi, acusaciones que han provocado un escenario inaudito pero de gran interés ciudadano ya que ha sido el propio Parlamento, a través de una de sus comisiones, la que ha decidido analizar la influencia de las grandes firmas de distribución en la cesta de la compra y en las posibilidades adquisitivas de los consumidores vascos. La inflación sigue siendo noticia y otro indicador económico como es el paro empieza a preocupar a los responsables políticos, especialmente a los del Estado español, donde las cifras de desempleo, como reconoció ayer el vicepresidente segundo del Gobierno,
Pedro Solbes
, suben a un ritmo más rápido de lo previsto. La desaceleración económica y la crisis inmobiliaria van de la mano en España y es una de las razones por las que economías no basadas en la política del ladrillo, como la de la Comunidad Autónoma de Euskadi o Navarra, sigan encadenando cifras negativas de paro. Por el momento, nadie quiere hablar de crisis y de recesión pero ya es hora de que se ponga nombre a eso que Solbes llama "malas noticias".