Los abuelos
Piedad Sánchez de la Fuente
Cuando era pequeña tuve un libro de lectura en el colegio que contaba la historia de los Gracos (me parece que se llamaba así). Una patricia romana se presentó en una fiesta donde las demás patricias iban llenas de alhajas y como ella no llevaba ninguna le preguntaron: que dónde estaban sus joyas. Llamó a una esclava, salió de la sala y al poco regresó llevando de la mano dos niños pequeños que entregó a su madre la noble romana. Ésta, dirigiéndose a todos, les dijo: "Estas son mis joyas".A mí aquello me marcó bastante, quizá por eso he pensado siempre que los hijos y por extensión los nietos y los bisnietos -yo tengo uno-, son nuestras joyas auténticas. Por eso, hay que ayudarles a vivir sin entrometerse en sus cosas, de manera desprendida y en la medida de nuestra capacidad y nuestras fuerzas, dando cariño, pero pidiendo cariño y respeto, sobre todo a los pequeños que a veces se "despistan" un poco.
A los nietos, enseñarles los valores que no pasan, que no cambian, que sirven para todos, que son universales. Enseñarles a ser leales, sinceros, trabajadores, fieles, generosos, con ideas claras de lo que está bien o mal.
Que sepan lo que es la buena educación, los buenos modales, el respeto a todos, hablarles de todas las virtudes humanas para que de mayores puedan hacer una sociedad más justa, más solidaria, menos egoísta y ambiciosa y, que vean con los ojos del alma que el ser humano vale por lo que es, y no por lo que tiene.
También si creen en Dios habrá que enseñarles a vivir con fortaleza y valentía esa fe cristiana que le dieron sus padres en el bautismo y, que a veces se olvida con el vaivén de la vida.
Ser abuelo, es todo esto y mucho más, pero hecho con buen humor, con cariño alegre, divertido, que comprende, que disculpa. Los abuelos también estamos para contar historias de familia, cuentos y "batallitas". Así cuando los veamos ya mayores, iniciando el camino de la responsabilidad nos diremos: "Fue un trabajo difícil, me cansé, a veces creí que no servía de nada lo que hacía, pero aquí los tengo, luchando por ser ellos mismos sin olvidar lo que le enseñó la familia".
¿Pasarela?
En el escrito de Don Santiago González, publicado en estas páginas el pasado 5 de mayo bajo el título Democracia, prioridad, ¿pasarela? , se decía, entre otras cosas, lo siguiente :-... "La Alcaldía puede contar con la legitimación que los votos le dan...".
A este respecto, habría que considerar el valor moral de esta legitimación, ya que en las últimas elecciones municipales al alcalde de Donostia, el socialista Odón Elorza, solamente le votó el 18,80% del censo electoral de la capital de Gipuzkoa (27.784 votos de 147.730 electores).