Editorial
La crisis del aznarismo
si hubiera que interpretar a día de hoy la fotografía que se volvió habitual durante la anterior legislatura con la imagen del triunvirato Rajoy-Acebes-Zaplana liderando la estrategia de la derecha española, dos marcas señalarían la desaparición política de dos de los personajes y una gran interrogante planearía sobre el tercero. El anuncio que hizo ayer
Ángel Acebes
de dejar la primera línea política y no optar a la reelección como secretario general del PP en el congreso de junio confirma la progresiva desaparición de una casta de líderes de esta formación y quizá por ello, su decisión no ocultaba cierto tono de desplante: "Le he dicho a Rajoy que no cuente conmigo para esta etapa". Y también un evidente aviso a navegantes en la coletilla de
esta etapa . Acebes se suma así a la retirada de
Eduardo Zaplana, ahora fichaje estrella de Telefónica a un millón de euros. Acebes y Zaplana fueron los dos guardianes fieles de la ortodoxia aznarista, las dos principales puntas de la lanza de la estrategia extremista que impulsó el PP a lo largo de los pasados cuatro años. La decisión de Rajoy de dar carpetazo a esa vía, les ha llevado a un segundo plano político, aunque todo indica que ese paso no es definitivo, sino más bien un pase a la retaguardia a la espera de cómo evolucionan los acontecimientos en el seno de un PP cada vez más confuso y enfrentado bajo la inestable dirección de Rajoy. Su estrategia colectiva se basa en una ambigüedad semántica para guardar la ropa en el terreno personal, pero paralelo a un trabajo de trastienda en la que cierran filas y estudian el terreno sectores que van desde el núcleo duro de un crecido PP madrileño, los dirigentes más dogmáticos de la derecha de siempre y el
holding aznarista que forman
El Mundo , la
Cope, La Razón y
Telemadrid. La derecha opta entre el regreso al extremismo de la agitación social permanente, la manipulación política y el enfrentamiento territorial interesado o emprender una reforma ideológica que le sitúe en posición de competir con posibilidades con el PSOE. Reto complicado para un líder como Rajoy, que aún suponiendo que es sincera su apuesta por renovar caras y mensajes políticos, nunca podrá librarse del lastre de haber sido nombrado para dirigir los destinos de la derecha con un gesto tan poco democrático como el de ser designado
a dedo .