
El rebaño de Aramburu pasea por los prados de Urbia.
cON la llegada del buen tiempo los rebaños suben a los pastizales más altos, frescos y a rebosar de alimento. Cada vez son menos las ovejas que inundan carreteras y vías secundarias de camino a los campos más altos, el tráfico dificulta su paso. Los pastos tiñen de blanco y algún punto negro que se mezcla con los tallos en flor. Ha llegado la trashumancia estival a Aralar, Aizkorri, Ernio e Izarraitz.
Los pastos cercanos a los caseríos no pueden saciar las necesidades de todos los rebaños para esta época del año están agotados. Unos metros más arriba, la altitud, el relieve, mejoran la calidad de los pastos. Allí encuentran las ovejas la hierba más apreciada, la que crece en las zonas altas, cuanto más fina sea, mejor.
"Al pastor, el subir el rebaño al monte le supone librar los pastos de casa, aprovechando que en verano no suele haber producción. Son unos meses en los que el coste es más bajo y en el caserío aprovechan para secar la hierba y guardarla en el almacén", explica Ekain Murua, profesor de la Artzain Eskola (escuela de pastores) de Arantzazu. Los piensos siguen resultando demasiado caros para los artzainas que reciben dinero del queso o leche que venden y cuyo precio no sube en proporción.
Aralar y Aizkorri acogen en sus faldas a rebaños acompañados de sus pastores. Enirio-Aralar regula el número de ganado que puede pastar en el mismo. Pero esta época del año también se tiñen de blanco Urbia, Aloña, Izarraitz, Izazpi y Jaizkibel. En invierno los rebaños pacen en los prados cercanos a la casa, en una época cuidados por los niños de la casa, y por la noche ser recogen en cuadras, donde se les da hierba seca.
Las tierras comunales, los pastizales y la libre circulación de los rebaños influyen directamente en la forma de vida del pastoreo tradicional. A los baserritarras cada vez les queda menos terreno donde trabajar, como consecuencia de los intereses económicos. La carne está más cotizada que la leche y sus derivados, por lo que muchos pastores prefieren invertir en ellos.
Además de tener de todo en los caseríos, muchos han dado el paso a la especialización, antaño las casas se sustentaban mediante una economía autárquica, hoy en día se tiende a la especialización.
menos rebaños
Unas 160.000 ovejas
En Debagoiena y Debabarrena numerosas casas tenían rebaños de tamaño medio, en Goierri muchas casas tenían pequeños rebaños mientras que hoy en día son menos los caseríos que trabajan con más ovejas.
"Necesitas una cantidad mínima de ovejas para poder vivir del pastoreo porque las ganancias han disminuido. En Gipuzkoa hay unos 2.500 titulares de rebaños, algunos sólo tienen unas 10 o 20 para limpiar los alrededores de la casa. Los rebaños que superan las 100 ovejas son las que se consideran de profesionales que son unos 300 artzainas", explica Murua, que calcula que en Gipuzkoa habrá unas 160.000 ovejas.
la latxa
Cada oveja con su pareja
En Gipuzkoa se trabaja con la oveja latxa: la de cara rubia y la de cara negra. Da una lana de mala calidad pero es buena productora de leche. Es de tamaño mediano o pequeño y tiene un largo vellón. Los pastores se dirigen a los animales de forma cordial y se valen muchas veces del silbido para transmitirles órdenes.
Antes de subir las ovejas a los prados más altos los pastores las marcan para identificarlas por si se pierden o mezclan con otros rebaños. Se les hacen cortes en la oreja, existen numerosas modalidades, o se les marca la piel con hierro al rojo vivo con la letra inicial de la casa o apellido de la familia.
Hoy en día las autoridades obligan a los pastores a que les pongan a las ovejas pendientes de plástico o de metal en la oreja, donde se indique el número de identificación.
Pero los sonidos de los cencerros que las ovejas llevan al cuello permiten al pastor identificar de lejos el lugar en el que se encuentra el rebaño. Lo eligen con mucho espero, cada uno lo hace a su gusto. Los cencerros no se los ponen a todos, pero sí a las ovejas guía que arrastran a las demás con el sonido de su cencerro.
fechas
Cada pastor tiene su calendario
Los rebaños comenzaban a ascender al monte en marzo o abril, pero lo van retrasando hasta que las ovejas dejen de producir leche para que así el pastor no tenga que vivir en la txabola, adecuando el calendario a las necesidades del pastor o del propio rebaño. El primer ar-tzaina de Gipuzkoa en subir su rebaño ha sido Juanjo Aramburu, que llegó a las campas de Urbia el primero de mayo, con la apertura de las campas.
Cuando la nieve cubra los pastos los rebaños volverán a bajar junto a sus pastores. Si no llega lo harán entre octubre y noviembre. En Aralar los pastores continúan con su modo de vida tradicional, durante periodos que se pueden alargar hasta los seis meses.
Cada pastor establece su propio calendario dependiendo de la cría de corderos y de cada monte. Un carnero elegido por los artzainas se encarga de inseminar al rebaño, cada uno organiza su trabajo según le convenga, pero bajan al caserío antes de que los corderos nazcan. "En la muga con Araba -en Urbia, Aloña o Elgea- los corderos nacen un poco más tarde y los pastores se suelen quedar un poco más que los demás en el monte, hasta noviembre", explica Murua.
futuro
El queso de latxa
Ha sido un año duro para los ar-tzainas, han tenido que superar muchos obstáculos, pero están dispuestos a seguir adelante mientras la sociedad les apoye.
El objetivo del pastor es vender los productos que produce. El mercado ha cambiado considerablemente, las ovejas y la lana ya no les aportan beneficios y el precio del cordero se mantiene por lo que "el pastor vive gracias a la venta del queso". Antes el cordero era un artículo de lujo, pero cada vez se vende menos. A pesar de todo, Murua se agarra al producto estrella que hace que los pastores sigan trabajando: "Si se siguen comprando quesos los pastores seguirán trabajando. El éxito del queso se mantiene y eso es lo que nos mantiene activos".
Por eso reclaman el reconocimiento y el apoyo de la sociedad para que este antiguo oficio no termine desapareciendo.
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