
Fátima Iturria y Jaime Candamil, paseando ayer por el muelle de Pasai San Pedro.Foto: ruben plaza
pasaia. Jaime Candamil aún tiene el miedo metido en el cuerpo. Después de una semana de la liberación de la tripulación del atunero Playa de Bakio , secuestrado por piratas en Somalia, el arrantzale pasaitarra no pudo contener ayer las lágrimas al recordar los duros momentos pasados durante los siete días en los que estuvieron retenidos. Acompañado por su pareja, Fátima Iturria, y el ex presidente de la Federación de Cofradías de Pescadores de Gipuzkoa, Jaime Tejedor, Candamil hizo un esfuerzo para sacar el valor suficiente para enfrentarse al pasado más reciente y a un nutrido grupo de periodistas.
El marinero narró en la cofradía de Pasai San Pedro más detalles del secuestro que calificó de "infierno". Candamil reconoció que experimentó un miedo muy intenso y que llegó a temer por la vida de la tripulación a pesar de que los piratas no agredieron a los veintiséis marineros del atunero de Bermeo.
Con la voz entrecortada y enjugándose las lágrimas al recordar la situación, Candamil dijo que "sólo espero que esto no vuelva a pasar nunca más y que el nuestro sea el último barco que secuestren". Para ello, instó a los países que tienen intereses pesqueros en la zona del Índico a "que se unan y pongan cada uno un barco militar para proteger a los atuneros". El pescador pasaitarra -que ejerce en el Playa de Bakio de caldereta (tercer oficial de máquinas)- advirtió de que "ahora nos han cogido a 260 millas de la costa pero la próxima vez será a 300 ó 400 millas si no se pone remedio; es un asunto que lleva más de diez años y nadie pone remedio".
Candamil se refirió a los piratas, de los que dijo que "no tenían precisamente pata de palo ni parche en el ojo, sino misiles y granadas de mano". Justamente una de ellas explotó en cubierta cuando la tripulación cenaba en el interior del barco el pasado 20 de abril. "Si llega a haber alguien en cubierta, no habría salido de esa", indicó Candamil, quien afirmó que "a nadie se nos pasó por la cabeza sublevarnos; teníamos en mente un caso anterior de un barco coreano en el que murieron dos marineros, uno de un tiro y el otro de un machetazo".
Regreso en julio Preguntado acerca de si va a regresar a la mar después del trance, Candamil -que tiene 53 años y lleva veinte de ellos en la pesca- adelantó que tiene previsto volver a faenar en el Playa de Bakio hacia el mes de julio. "Qué le voy a hacer... así nos ganamos la vida y todavía me quedan dos años y medio para jubilarme. El atunero bermeotarra irá a la misma zona a buscar capturas pero "lógicamente, estaremos alejados del punto donde nos apresaron", señaló el arrantzale.
Después de advertir de que "no voy a hablar de rescate porque no sé nada de eso y porque lo único que me importa es que ahora estamos aquí", Candamil contó con detenimiento el momento de la liberación. La noche anterior, los piratas -"la mayoría eran unos críos y algunos no llegaban a 15 años"- habían subido un cordero al barco y habían exigido a los marineros que lo cocinaran para comerlo, hecho que no les hizo pensar en una pronta libertad.
Sin embargo, en la tarde del 26 de abril los piratas obligaron a todos los tripulantes a sentarse en la popa del barco. "No sabíamos si se iban a ir o nos iban a matar", relató Candamil, quien reconoció que "fue el día que más miedo pasé". Una vez hubo oscurecido, los piratas abandonaron el buque en barcazas, mientras que el Playa de Bakio salió del lugar -junto a la costa somalí-todo lo rápido que pudo pero con nervios. "Tuvimos que cortar la cadena del ancla porque resbalaba y a un marinero le dio un ataque de ansiedad; fueron momentos angustiosos", comentó Candamil.
Acto seguido, el atunero se puso en contacto con la fragata Méndez Nuñez de la Armada española, que envió al Playa de Bakio un helicóptero y dos lanchas con fuerzas de asalto. Esta rápida intervención militar evitó al buque vasco volver a ser atacado por otros piratas que se dirigían adonde estaba atracado.
"Los militares registraron el barco por si los piratas habían dejado algo sospechoso pero no había nada", explicó Candamil. Los varios comandos de secuestradores "se llevaron prácticamente todo: radios, móviles, ordenadores, relojes y hasta ropa". El segundo grupo de piratas, "mucho más agresivo", fue el que mayor botín obtuvo y el que más atemorizó a la tripulación. "Metían un ruido que te ponía enfermo golpeando las puertas y no paraban ni para dormir; mascaban unas hojas que les ayudaban a mantenerse despiertos", narró Candamil, quien añadió que "estaban muy organizados y había dos cabecillas".
El marinero pasaitarra terminó su comparecencia agradeciendo a las instituciones y los medios el apoyo prestado durante el secuestro.
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