Diario de Noticias de Gipuzkoa

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¡Hagan juego en la memoria!

El edificio del ayuntamiento cuenta con una fascinante historia. Construido en 1887 para albergar el Gran Casino, recibió la visita de las personalidades más conocidas del momento. Mata Hari, Leon Trosky y el Sha de Persia fueron algunas de ellas

Plano del Gran Casino que elaboraron los arquitectos Aladrén y Morales de los Ríos.imágenes: archivo del ayuntamiento de donostia

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son muchos los acontecimientos y años que han marcado la historia de Donostia, pero puede que 1887 sea una de las fechas más importantes. Y es que a partir de ese año, la ciudad pasaría a convertirse en una de las urbes europeas de más renombre entre los aristócratas y personalidades de la época, que comenzarían a viajar hasta Gipuzkoa para disfrutar de la temporada estival.

Habían pasado 74 años desde que los sobrevivientes del incendio de 1813 se reunieran en la casa solar de Aizpurua, en Zubieta, para reconstruir la ciudad. Y sus esfuerzos habían superado con creces las expectativas iniciales: las viviendas derruidas habían sido sustituidas por maravillosos edificios estilo Belle Epoque y la ciudad comenzaba a emerger. Ese año, además, se inauguraron varios elementos clave como el hotel Continental, el tranvía urbano y el frontón Jai-Alai de Ategorrieta, que dinamizarían el día a día de los ciudadanos.

Sin embargo, no fueron las novedades más relevantes, ya que precisamente en verano de 1887 acudió por vez primera a la ciudad la reina María Cristina de Habsburgo y los donostiarras asistieron a la apertura del Gran Casino, que se convertiría en una atracción turística inigualable.

Con un censo de 50.000 habitantes, Donostia se convirtió en punto de encuentro de músicos, artistas y autoridades de la época, que frecuentaron la ciudad hasta la mitad del siglo XX. Como informan Javier Sada y Tomás Hernández en el libro Historias de los casinos de San Sebastián, caras conocidas como las del aventurero Rotschill, el presidente cubano Menocal, el rey Leopoldo de Bélgica, el Sha de Persia, el falsificador Mariano Portolé, Mata Hari, Cánovas, Sagasta, Canalejas, Pastora Imperio, el revolucionario Leon Trotsky y los músicos Usandizaga y Sarasate, podían ser vistas paseando por el paseo de La Concha.

Los visitantes procedían de diferentes países y tenían diversas profesiones, pero la mayoría coincidía en algo: el amor al juego y al estilo de vida que comenzaba a emerger desde el Gran Casino de la ciudad, que los arquitectos Luis Aladrén y Adolfo Morales de los Ríos levantaron en julio de 1887 en el edificio que hoy en día cobija al ayuntamiento.

varios intentos

Todos por el casino

Los intentos de construir un casino en la ciudad se remontan a 1866, cuando un grupo de vecinos solicitó los permisos pertinentes pensando en que la zona del actual mercado de La Brecha sería la adecuada. La propuesta no prosperó, al igual que no se aceptaron el proyecto del casino Indor que se planteó para el actual edificio de la delegación de Hacienda ni el que se pensó construir en las inmediaciones del teatro Victoria Eugenia.

Lejos de desanimarse por los precedentes, Ángel Pikabea se presentó en 1878 en la casa consistorial con la idea de levantar un casino "en la cabecera del Boulevard". Según informan Sada y Hernández, fue entonces cuando el Ayuntamiento pidió al Gobierno español que le cediera los terrenos que le correspondían de Alderdi Eder (casi 8.000 metros) y crearon la Sociedad Anónima Casino de San Sebastián, encabezada por el señor Brunet, para gestionarlo.

En 1881 se convocó un concurso al que se presentaron 18 arquitectos y, al final, se eligió el proyecto Aurrera, que elaboraron Aladrén y Morales de los Ríos, quienes ofrecieron un delicioso banquete a las personalidades de la ciudad para agradecer su elección. Sería el primer encuentro de los aristócratas que frecuentarían el Gran Casino de Donostia.

un deseo hecho realidad

La inauguración de 1887

La inauguración fue igual de exitosa que los siguientes 40 años de vida del edificio. Centenares de personas se congregaron en torno a Alderdi Eder aquel 1 de julio de 1887 en el que la música, los canapés y los fuegos artificiales tomaron las calles de la Parte Vieja.

No todos los donostiarras apoyaron la nueva construcción argumentando que el juego y el vicio se apoderarían de los ciudadanos. Como dice el libro Vida Vasca de 1944, "había en la ciudad dos bandos: los anti-casinistas y los casinistas, que primaban el carácter turístico".

Juan María Peña Ibañez recuerda en Del San Sebastián que fue que el casino estaba abierto a todas aquellas personas que estuvieran correctamente vestidas, que no calzaran alpargatas y no entraran con boinas.

No obstante, sólo una veintena de donostiarras podían entrar al piso superior del edificio donde se encontraban la ruleta, los caballitos, el 30 ó 40, el chemin de fer y otros juegos en los que los más adinerados y los ludópatas apostaban sus fortunas. Existen documentos como Historia de los casinos de San Sebastián que cuentan que la entrada al local estaba restringido para evitar la entrada a comerciantes o empleados residentes en Donostia, "así como a los que pudieran correr el riesgo de que la tentación de jugar les acarreara perjuicios".

El esplendor del Gran Casino coincidió con la regencia de María Cristina y los primeros 20 años del reinado de Alfonso XIII. Pero, el apogeo llegó en la década de los años 20 del siglo pasado, con la Primera Guerra Mundial. El boletín de información municipal de 1967 cuenta que a partir de 1914 la gente comenzó a hipotecar sus tierras y a vender sus alhajas para jugar. El número de despavoridos, refugiados, prófugos, desertores y evadidos ascendía según pasaban los meses. Toda esta decadencia culminó en 1922 cuando Manuel García Prieto, Marqués de Alhucemas, ordenó el progresivo cierre de todos los casinos del Estado.

La mayoría de los donostiarras pensó que esa orden tardaría en llegar a la ciudad, pero no fue así. Sólo tuvieron que esperar hasta enero de 1923 para ver cómo se cerraban las puertas del edificio de Alderdi Eder. Algunos pensaron que el error del casino estribó en crear un negocio tan importante basándose en la tolerancia del juego.

Ante tal circunstancia, la población, disgustada por las consecuencias que podría acarrear, animó a su alcalde, Juan José Padro, a que pidiera tiempo para amoldarse a la nueva ley.

La mismísima reina María Cristina también participó en los movimientos que se crearon para reabrir el casino, ya que permitió que el edificio fuera utilizado temporalmente como Hospital de Sangre de la Cruz Roja, que cobijó a los soldados heridos que llegaban de la guerra de Marruecos.

Notas de prensa de aquellos años publicaron frases como ésta: "En salas donde triunfó la frivolidad y se desarrollaron los dramas de azar, hoy se destacan filas de blancas camas y brilla un ambiente de humana piedad, que purifica lo que fue un templo consagrado del vicio".

nuevo uso

De oficina a ayuntamiento

Después de varios años de inutilidad, el 14 de abril de 1928 el nuevo Centro de Atracción y Turismo llegó a un acuerdo con la empresa Gran Casino para arrendar el edificio y el CAT trasladó sus oficinas al mismo. El ente permaneció en el lugar hasta mayo del 32, cuando se trasladó a un anexo del Teatro Victoria Eugenia.

Como informan Sada y Hernández, al final, el CAT arrendó por 30.000 pesetas los edificios del Gran Casino y el Gran Kursaal al señor Arturo Serrano, que reabrió restaurantes, orquestas e impulsó sesiones de cine. Sin embargo, las pérdidas fueron una constante y en 1930 sólo pudo abrir el Kursaal.

Diecisiete años más tarde, el día de San Sebastián, se decidió trasladar el ayuntamiento, localizado hasta entonces en la plaza de la Constitución-, al edificio en el que Leon Trosky soñó con nuevas revoluciones. Los arquitectos Alday y Arizmendi modificaron el proyecto inicial en 1943 y transformaron el antiguo casino en ayuntamiento. Para ello, suprimieron la verja principal y el kiosco de música.

De esta forma, el gran salón de baile se ha transformado en el actual salón de actos y los pasillos que acogían los pases de los diseños de Cocó Chanel y otros diseñadores de moda, han pasado a convertirse en punto de encuentro de ciudadanos que hacen cola para pagar sus impuestos.

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Varias personas pidieron los permisos pertinentes para construir un casino, pero no lo consiguieron
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