Editorial
La ilusión perdida
es baldío el esfuerzo de analizar con objetividad los acontecimientos que desembocaron en el mayo de 1968, los sucesos que forjaron el mito de aquellos días o la herencia que ha quedado de la gran movilización estudiantil. Hasta entonces, todas las convulsiones sociales experimentadas en la sociedad moderna habían sido provocadas por las nuevas oportunidades de desarrollo económico -Revolución Industrial-; por el descontento de los oprimidos, de la clase trabajadora, de los más desfavorecidos, que buscaban todos ellos alzar la cabeza en medio de la ciénaga del despotismo social, político o económico -Revolución Francesa, caída del régimen zarista ruso...-; o por la voracidad sin límites de las aspiraciones políticas de los grandes estados europeos, dos cruentas guerras mundiales así lo atestiguan. La Primavera del 68 añade un nuevo elemento, la lucha estudiantil. Una batalla planteada desde el mismo corazón de una juventud que por primera vez en la historia llenaba las aulas de las universidades, la civilización occidental lograba por fin socializar el conocimiento y ponerlo al alcance de la mayoría de los ciudadanos. Era inevitable que surgiera un alzamiento de aquel choque de idearios, que coincidía en el tiempo con la guerra de Vietnam y las tensiones de la Guerra Fría. Los iconos de aquella revuelta fueron
Marx
,
Lenin ,
Mao ,
Trotski ,
Fidel Castro o el
Che Guevara, demonios
en una sociedad europea entregada en la postguerra a Washington. Vietnam encendió la mecha, la inquietud de los estudiantes fue el explosivo que detonó y avivó el fuego durante casi dos meses de revueltas que también contaron con un fuerte apoyo obrero sin el que hubiera sido impensable mantener el pulso al status quo. Como casi todos los mitos, mayo de 1968 sucumbió a la tentación de olvidar su propósito, perder la ilusión, y recrearse en su leyenda. Sin embargo, aquellas semanas son parte de la historia de la humanidad y poco a poco han horadado un agujero en el muro de una sociedad forjada por una clase dominante conservadora decidida a vender cara cualquier conquista social. Hoy, cuarenta años después, el heredero de aquellos días es un Estado de Bienestar edificado también sobre la reconstrucción de una Europa en paz. Esas conquistan están ahora en peligro por los
neocon, con
Angela Merkel y
Nicolas Sarkozy al frente.