
Sistiaga posa junto a los trazos de marmol que perdieron su color, apreciadable si las líneas se mojan.Foto: d.s.
"P OR cada científico y artista que surge hay una centena de fundamentalistas, expertos y funcionarios tratando de asesinarles". Así reza de forma metafórica un catálogo del artista José Antonio Sistiaga (Donostia, 1932).
Con frases como estas el pintor resume sus sentimientos ante diversas experiencias que ha vivido durante su trayectoria artística en torno al trato inadecuado del que han sido objeto sus obras de arte en espacios públicos.
El escultor Ricardo Ugarte (Pasai San Pedro, 1942) también reflexiona sobre la necesidad de brindar un mantenimiento adecuado a las obras instaladas en escenarios públicos. "Éste deberá ser concretado en cada caso según las características de la obra, en cuanto a restauración, iluminación, pintura y limpieza, ya que las obras de arte en la calle deben ser reconocidas como patrimonio artístico colectivo a conservar y proteger como bien cultural del País", defiende en un escrito personal.
En otra publicación, José Antonio Sistiaga denuncia una serie de casos, bajo el título Lo vulgar, lo inadmisible, la frialdad y la mentira en el tratamiento de las obras de arte . Encabeza la lista la experiencia que tuvo en Madrid, donde, en 1964, le desaparecieron varios cuadros en la que fue su primera exposición. El último caso que cita se remonta a 2004, año en el que se modificó la obra que creó para la plaza Julio Caro Baroja del barrio donostiarra de El Antiguo.
la osa mayor
Movimiento estrellas
En este escenario recreó mediante farolas a la Osa Mayor y las acompañó de un estudiado diseño de mármol en el piso de la plaza que simboliza el movimiento de las estrellas. Los trazos del suelo fueron objeto de un "raspado" que conllevó su pérdida de color. Entre ambos casos, llama la atención el trato recibido por dos óleos que, tras permanecer 17 años en el edificio Torres Blancas de Madrid, corrieron distintas suertes: uno acabó desapareciendo y el otro fue seccionado en partes con tijeras, tal y como recuerda el autor donostiarra. Para José Antonio Sistiaga todas estas experiencias son "dolorosas y extrañas".
Ricardo Ugarte es un acérrimo defensor de la escultura al aire libre. Considera que la mayor parte de la ciudadanía no se acerca a visitar museos o exposiciones en espacios cerrados, por lo que destaca la "función didáctica" de las obras que se instalan en parques y jardines. "La gente va visualizando las obras contemporáneas, así aclimata la retina y, al final, llega un momento que cuando pasa el tiempo esas esculturas son parte de la trama espiritual que conforma la ciudad".
Pero él también, igual que Ugarte, ha visto cómo a lo largo de su carrera algunas de sus obras no eran respetadas.
Según recuerda, el caso más "hiriente" guarda relación con su obra Castillo de popa . Inicialmente la diseñó para un jardín de Pasai Donibane, pero una modificación del mismo requirió su traslado a otra zona de las inmediaciones junto al mar. La obra consta de dos grandes círculos como referencia a lo que serían dos ojos de buey y, todavía recuerda, con estupor, como un día se topó con la obra llena de sillas porque el dueño del establecimiento contiguo utilizó la escultura a modo de almacén. Una vez que detectó este hecho hace poco más de un año lo puso en conocimiento de la Autoridad Portuaria, que actuó con inmediatez. La escultura, que también presentaba otros signos de deterioro como pintadas y graffitis, fue acondicionada con un chorro de arena y ubicada en Pasai Antxo, en "un espacio cuidado y precioso".
A día de hoy, con el paso del tiempo, José Antonio Sistiaga intenta desdramatizar lo ocurrido con su obra en Donostia no sin cierta nostalgia.
De hecho, para demostrar la diferencia del aspecto original que presentaba la plaza y el aspecto actual el artista recurre al agua. Al derramar ésta sobre las líneas de mármol recuperan el color inicial.
Según critica, sin que nadie se pusiera en contacto con él se procedió a picar el suelo -las líneas de mármol- y recuerda que le llegaron testimonios de que el motivo de la actuación municipal se debió a que alguna persona se había resbalado con los trazos del suelo
Por su parte, Ricardo Ugarte expone que "en el caso de la escultura, a veces, hay alcaldes o concejales de cultura que tienen muy buena voluntad -quieren hacer cosas-, pero poco conocimiento, y eso suscita problemas".
A su juicio, casos como el del artista donostiarra Andrés Nagel, que interpuso una denuncia contra el Ayuntamiento de Amorebieta por el traslado de una obra que había creado para una rotonda específica de la localidad y que está visto para sentencia, ocurren porque "los ayuntamientos no consultan al autor". "Seguro que si tú hablas con el autor nunca tenemos pegas ni problemas y llegas a soluciones con un buen resultado para todos", mantiene.
En opinión de Sistiaga, en caso de que no haya un entendimiento con las instituciones o "si esto no sucede porque una de las dos partes no da señales de vida, hay que guiarse por la justicia".
Según reivindica el donostiarra, "lo que tiene que aprender la sociedad, sobre todo los responsables administrativos de cualquier alcaldía o Diputación es que no pueden actuar como les da la gana y que tienen que informarse con los profesionales que trabajan". "Actuar a la brava es una falta de raciocinio y una falta de educación y de respeto".
ancla
"Una escultura es tu patrimonio"
Ricardo Ugarte defiende que "una escultura es tu patrimonio", al tiempo que considera que "no hay una conciencia de ello porque la asimilación de la escultura en los espacios públicos es un proceso que lleva mucho tiempo".
Actualmente, el artista pasaitarra está pendiente de que el ancla que instaló en 1991 en el muelle de la avanzada en Pasaia se instale en su nueva ubicación, la rotonda de Gomistegui, próxima a la entrada de Trintxerpe. Está previsto que estrene escenario antes del verano. "El tema está encarrilado, está todo aprobado y se va a colocar en un sitio magnífico", destacó.
Asimismo, el artista está satisfecho del aspecto actual que presenta su obra Estela en la plaza Centenario de Donostia, donde se instaló el 20 de enero de 1970 tras ganar la I Bienal Internacional de Escultura de Donostia un año antes. Representa "un jalón que marcaba hasta dónde había llegado la ciudad y dónde empezaba lo que iba a ser a posteriori la ciudad donde estamos", detalla.
No obstante, recuerda que hubo una temporada en la que "las esculturas estaban en tierra de nadie" y su mujer, la escritora Julia Otxoa, reclamó a las autoridades municipales que "al igual que todos los años pintan la barandilla, los bancos y las farolas, las esculturas que están en ámbito público hay que pintarlas". Parece que lo han entendido y cada cierto tiempo le dan una pasadita y ahora está muy bien", destacó.
Por su parte, Jose Antonio Sistiaga se sigue preguntando "cómo es posible que un responsable municipal que toma decisiones sobre la obra de otra persona sin consultar a nadie no tenga la menor duda".
Expresa su malestar porque, según argumenta, existen en el mercado unos líquidos antideslizantes que, en su día, no se aplicaron en su obra y, según ejemplifica, suelen aplicarse en las calles de Pamplona en Sanfermines . "Esos líquidos no se dieron nunca aquí, no se hizo ni siquiera una prueba", critica.
El paso de los años ha suavizado su herida. "Ahora lo tomo con humor porque sé que el ser humano cada vez está perdiendo más facultades para pensar y reflexionar. El brutalismo está cada vez más presente en la vida cotidiana", lamentó. José Antonio Sistiaga recurrió a VEGAP (Visual Entidad de Gestión de Artistas Plásticos) para que interviniera en su caso y, según relata, su director general se personó en Donostia para hablar con el alcalde, pero dice seguir "sin saber exactamente qué ha pasado".
Asimismo, el artista detecta "un problema de educación y de cultura". En ese sentido, Sistiaga censuró que, en el marco de la actual sociedad, "cuando se habla de obras de arte se supone que el artista es un ser que vive en otro planeta y que entonces sus obras tienen que ser prestadas o dadas gratuitamente".
Además, subrayó que adquirir una obra de arte supone asumir la obligación intrínseca de cuidarla y mantenerla.
Sus palabras denotan pesimismo de cara al futuro. "Han pasado varios años, y me doy cuenta de que nunca levantaremos la cabeza", considera.
Por su parte, Ricardo Uriarte se declara "optimista por naturaleza", pese al lógico malestar que siente cuando ve que sus obras no son respetadas. El artista considera que "hay una especie de odio natural a todo lo que es la cultura y a veces se representa en las propias obras, que se atacan y se pintan", lamentó.
'tajamar'
Una pintada incita a otra
Así ocurrió con su obra Tajamar ubicada en la rotonda de entrada de Lasarte, que fue objeto de pintadas. No obstante, destacó que la alcaldesa de la localidad, Ana Urchueguía, "pintada que hacen, la quita al día siguiente". Ugarte considera muy importante este proceder porque una pintada "incita" a otra y así sucesivamente.
A su juicio, es habitual en Donostia adoptar una postura inicial de rechazo hacia los proyectos nuevos. Y en este punto se refiere, entre otros, al Kursaal o al proyecto de la pasarela del Mompás. No obstante, Ugarte palpa que una vez que la gente lo asimila cambia de opinión. "Una cosa es ver la maqueta, los planos, pero cuando ves que está funcionando, activo y tiene vida, la gente cambia de opinión y lo ve fenomenal y maravilloso".
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