
Aranburu se toca la zona lesionada en presencia de Mikel González antes de ser sustituido.Foto: ruben plaza
D OS semanas después del disgusto que supuso el empate frente al Nàstic de Tarragona, la Real se reencontró ayer con los triunfos caseros. La sensación con la que el público abandonó el estadio, sin embargo, fue de lo más agridulce, ya que la remontada del Sporting frente al Granada 74 supuso un jarro de agua fría. La fiesta en Anoeta había comenzado nada más comenzar la segunda parte, cuando el marcador simultáneo informó del gol de Javi Guerra en El Molinón. La derrota momentánea de los asturianos, unida a un triunfo txuri-urdin que no parecía correr peligro, llevó a la gente a soñar con acostarse en puestos de ascenso.
La Real los ocupó durante 28 minutos, el tiempo que tardó el Sporting en empatar. Los tantos de Kike Mateo y de Bilic fueron acogidos con una frialdad que contrastó con la ovación con la que se recibió el tanto granadino. Pese al chasco, sin embargo, la afición supo premiar a sus jugadores con una calurosa despedida tras el partido. La comunión ayer entre equipo y seguidores fue total, en contraste con lo acaecido hace quince días frente al Nàstic.
primeras noticias
Corrillos en el descanso
Las primeras noticias de El Molinón llegaron a Anoeta en el descanso. El marcador no había informado de ningún gol en tierras asturianas y la gente daba por supuesto el empate a cero momentáneo, pero los aficionados pertrechados de una radio aprovecharon la media parte para informar de lo que sucedía en Gijón. Las noticias eran positivas, ya que el Sporting se había quedado con diez hombres sobre el césped tras una tarjeta roja directa a Míchel.
La tarde se convirtió en perfecta minutos más tarde cuando el Granada 74 marcó su gol. Cuando el electrónico de Anoeta se disponía a informar del tanto, el público ya comenzó a aplaudir, estallando de júbilo cuando vio reflejado el 0-1. Los escasos apuros que pasaba la Real, unidos al resultado de El Molinón, convirtieron Anoeta en una fiesta sólo truncada por el susto de Martí. El balear pareció haberse lesionado (tenía toda la pinta de una rotura fibrilar) tras una carrera con un jugador sevillista, algo que provocó que Anoeta enmudeciera por espacio de unos segundos eternos. El jugador miró al banquillo, pero no pidió el cambio e hizo señas de que esperasen a ver cuál era su evolución. Los gritos de "Martí, Martí" dieron alas al futbolista txuri-urdin, que terminó el encuentro sin ningún problema.
minutos finales
Sentencia realista y jarro de agua fría desde Gijón
El empate del Sporting no supuso una decepción excesiva para la parroquia txuri-urdin. Ceder un empate en casa frente al Granada 74 era un fallo de los asturianos con el que pocos contaban, por lo que terminar la jornada empatados a puntos con los de Preciado no disgustaba a nadie. Sin embargo, el jarro de agua fría se produjo en pleno contragolpe realista, una jugada que concluyó con disparo fuera de Iñigo Díaz de Cerio. En el instante en que el donostiarra remataba, el marcador informaba del 2-1.
El electrónico de Anoeta marcaba el minuto 41 de la segunda parte, por lo que la afición supuso que el tanto sportinguista se había producido en un instante similar. Lo que pocos sabían es que el partido de El Molinón había empezado con varios minutos de adelanto, y que el gol de Bilic había llegado en el minuto 92. Doble decepción.
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