Editorial
Medidas de choque contra la crisis
I hubo alguna consigna global a lo largo y ancho de todo el planeta en las tradicionales marchas del Primero de Mayo celebradas el pasado jueves, esta no fue otra que la de que no sean los trabajadores y trabajadoras y las clases más desfavorecidas quienes sufran las consecuencias de una crisis que en ningún caso generaron ellos. Pero es ley de vida económica que quienes suelen provocar e iniciar estas crisis, el detonante de la actual tiene su origen en el hundimiento de las llamadas
hipotecas basura otorgadas por entidades financieras estadounidenses, no son precisamente quienes más sufren cuando se generalizan e, incluso, suele haber quien se aprovecha de ellas para seguir aumentando sus negocios. Por lo tanto, es más que previsible que las consecuencias de la actual situación económica se extiendan no sólo a las clases trabajadoras sino a países enteros sumidos en la pobreza o en vías de desarrollo pero sin una base sólida que aguante los embates de la crisis. Ayer, la Reserva Federal estadounidense (FED), el Banco Central Europeo (BEC) y el Banco Nacional suizo (BNS) pactaron la inyección de dinero a los mercados para estimular el movimiento económico, en otra clara muestra de la profundidad y gravedad de la situación. El objetivo de esta acción coordinada no es otro que estimular las cantidades que las entidades crediticias se prestan entre sí, escasas en estos momentos y de esta manera hacer crecer la economía a través de la liquidez. Esta noticia y el inesperado buen dato sobre el desempleo en EEUU hicieron que los mercados financieros se disparasen al alza, animados por la coyuntura. Y esto en sí es bueno, pero los poderes públicos mundiales no deben perder de vista prioridades imperiosas en estos momentos, como la solicitud realizada por Naciones Unidas de una ayuda económica de emergencia ante el agravamiento de la pobreza que se está produciendo en buena parte del planeta como consecuencia de la grave crisis alimentaria que están conllevando las turbulencias económicas. El llamamiento es urgente y todos los expertos coinciden en que los objetivos del Milenio planteados para reducir la pobreza crónica en el mundo en 2015 no se van a poder cumplir. Es positivo una marcha adecuada de los mercados financieros. Lo otro, debería ser una obligación legal.