
Patxi Eugi, durante el duelo de semifinales que le enfrentó a Barriola en 2007.
sabedor de que su trayecto le alcanza hasta agosto, cuando esconderá los tacos de su biografía, Patxi Eugi Cabodevilla (Agoitz, 3 de noviembre de 1971) recorre esta tarde en el Labrit de Pamplona la avenida que tantas veces ha transitado. Lo hará con los ojos abiertos y las piernas ágiles, aunque podría hacerlo con la mirada cerrada, únicamente guiado por la memoria y el instinto que le ha otorgado el Manomanista, al que conoció en 1992. Hola, soy Eugi. Encantado de conocerte. Entonces Patxi era un pipiolo. Un aventurero. Un explorador. Un proyecto. En 2008, dieciséis Manomanistas y 35 partidos después, continúa caminando del mismo modo. Rápido y abierto. Aprendiz. Con la ilusión con la que cruzó el umbral de la competición que le glorificó tiempo atrás con tres txapelas (1996, 1999 y 2000) y le ha concedido un lugar preferente en la historia de la pelota. La leyenda del indomable.
Patxi Eugi, un tipo que huye de la nostalgia, otorga el mismo peso a 1992 y 2008. A su historia. "No he perdido ni un minuto en pensar de que se trata de mi último campeonato. Este Manomanista es igual que los demás. Lo preparas con las mismas ganas porque, si estás bien, todavía te sientes a gusto y disfrutas sobre la cancha". El gozo de la lucha individual. La exigencia límite. La agonía en solitario. La adora. "El Manomanista es lo más bonito de la pelota, es donde se ve todo, tus puntos fuertes, los débiles... No te puedes tapar como cuando juegas a parejas". El delantero de Agoitz, expuesto en el escaparate más despiadado durante 16 ediciones, se perdió por lesión la de 1994, no le gusta regalarse el oído. No se concede ni un respiro. Ni una tregua. Se lo impide el orgullo de campeón. El carácter competitivo que recorre cada centímetro de su ser. "Que sea el último Manomanista no me hace sentir un cosquilleo especial. En absoluto. Lo he decidido yo así y como lo hago con ganas, no pasa nada especial". Espartano, alejadísimo del oropel y del lujo, del púrpura de su palmarés, piensa, sin embargo, en obsequiar a los pelotazales con una gran actuación. Es su deseo: "Lo que me importa es dejar un buen sabor de boca en los aficionados".
Se ha preparado para ello. A conciencia. A destajo. A sus 37 años, el delantero de Agoitz aún posee uno de los físicos más vigorosos del cuadro profesional. Sus piernas, su capacidad para andar sobre la cancha, es inagotable. Genética y duro entrenamiento en la misma dirección. El navarro dice estar "bien, con ganas de jugar. No he tenido problemas gordos en la preparación y espero dar un buen nivel durante el partido". Lo consiguió el pasado año en el que alcanzó las semifinales y en éste su objetivo no difiere demasiado, aunque para lograrlo deberá superar a Asier Olaizola, un pelotari en expansión. "A mí Asier me dio mucho respeto el día de Tolosa (dejó en ocho a Beloki). Soltó muchos sopapos, está gozando con la derecha y va a ser un partido muy duro. Voy a tener que jugar mucho para ganarle, porque está con mucho golpe y la pelota le está cogiendo mucha altura. Además está restando bien y si sigue así, restando como lo está haciendo hasta ahora, es muy difícil ganarle".
puro manomanista Patxi Eugi pertenece a la herencia del Manomanista. A su alma. A su naturaleza. Junto a Rubén Beloki, con el que se repartió la gloria en la pasada década, el de Agoitz es el último representante de una estirpe de pelotaris que comenzó a agonizar con la irrupción del juego de aire y el material que corretea tres cuadros por el frontón. A pesar de su precaria adaptación al juego de aire, Patxi Eugi continúa esperanzado. "A todos los deportistas competir nos ilusiona y, más, si lo haces en el Manomanista", reflexiona al galope. A Eugi las palabras le salen a borbotones. Un punto atropelladas. Cortas. En ebullición. Como su sangre. "El pelotari lleva en la sangre la competición", zanja. Y Eugi es tremendamente competitivo. Al máximo. Sólo así se entiende que el pasado año llegara a la final del Master BBK, un Manomanista en formato reducido con los mejores especialistas. Únicamente Aimar Olaizola, campeón en curso, pudo frenar al de Agoitz. Para enfrentarse a Asier, al que derrotó en la anterior edición del torneo por 22-15 "en un partido duro", Eugi se ha entrenado con Martínez de Irujo, Aitor Zubieta e Pascual para asomarse a la competición que ha forjado su leyenda. La del indomable.
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