
Tribuna Abierta
Herri Batasuna -unidad popular- es el nombre que le dimos a la renovación de la Mesa de Alsasua, que se había fundado en el otoño de 1977. En un primer momento en la Mesa de Alsasua hubo cinco partidos: HASI, LAIA, ESB, ANV y EIA. Pero en cuanto se quisieron concretar algunas actuaciones, EIA, que ya formaba parte de la entonces aún coalición electoral Euskadiko Ezkerra, abandonó el acuerdo.
Herri Batasuna no se creó de la nada, en 1978, sino que la Mesa de Alsasua, superando diversos obstáculos, evolucionó hasta concretar un Órgano de Dirección compuesto por los representantes de los cuatro partidos originarios y una junta de doce personas no adscritas a partidos. A ese órgano se le dio el nombre de Mesa Nacional y se asumió la denominación Herri Batasuna para designar al conjunto de la coalición, cuyo objetivo era la participación en las previstas elecciones municipales, es decir, intervenir en la política institucional y de masas superando los errores de abstencionismo y partidismo de las elecciones generales del 77. La única relación con el denominado movimiento de alcaldes consistió en la coincidencia de alguna notable persona en ambas.
Antes de la transformación de la Mesa de Alsasua en Herri Batasuna, tuvieron lugar, tanto la salida de EIA como el episodio de la confrontación ideológica endémica de la izquierda abertzale en HASI. Ocurrió en el segundo Congreso de HASI, celebrado en Urberoaga, y en el que además de cambiar la dirección del partido, prevaleció la tesis de la no participación institucional, con todo lo que ello conlleva. Ello ocasionó el abandono de HASI de un importante número de personas que defendíamos prioridad de los cauces políticos.
Algunos de los escindidos de HASI formaron la corriente EKIA, que luego se unió a EE en diferentes propuestas. Otros, tanto provenientes de HASI como de EE, con la convicción de que Herri Batasuna iba a tener el sentido de recuperar y relanzar la idea originaria de "hacer política", que había sido la razón de ser de la Mesa de Alsasua, volvimos a embarcarnos en la conformación de aquel proyecto, cuyo programa político general era bastante análogo al programa táctico de cinco puntos de la Alternativa KAS.
El hecho es que coincidimos en la primera mesa de Herri Batasuna algunas personas que ya nos habíamos encontrado en la Mesa de Alsasua, aunque nuestra situación de afiliación hubiese cambiado. El nombre se inventó tanto por su carga tradicional, como por el sentido de trascendencia de un partido concreto y, por supuesto, porque la denominación precedente -Mesa de Alsasua- se consideraba inadecuada para una coalición estratégica con voluntad de continuidad por encima de la simple coordinación.
La andadura política de HB empezó en las elecciones de 1979 y empezó a reproducirse la confrontación ideológica. El punto de encuentro fue doble, primero la participación electoral, que ya en 1977 había sido motivo de división; segundo, la participación en las instituciones forales y municipales. Luego, en las primeras elecciones al Parlamento Vasco en 1980, HB resultó la segunda fuerza por detrás del PNV y, por lo tanto, por delante del PSE y de todas las demás fuerzas concurrentes. Después de aquellas elecciones se recrudeció la confrontación ideológica a lo largo de 1981 y 1982. HB acordó no participar en el Parlamento Vasco y forzó la salida del Parlamento Foral de Navarra. Aquello originó también la ruptura de facto de la coalición con el abandono de ESB y LAIA, y también de algunos miembros de la Mesa Nacional no adscritos a partidos.
Se fueron sucediendo durante los 80 muchos otros cambios, que influían dialécticamente en la complicada tarea de levantar la representación de un espacio político con tantas virtualidades como es la izquierda abertzale. Así, el debate ruptura-reforma se fue tornando obsoleto y con ello fue perdiendo sentido la Alternativa KAS pensada para esa coyuntura. El "desdoblamiento" de ETA-m, que aunque parezca paradójico, era la fórmula respetuosa para con la acción política, sucumbió ante el "endoblamiento" reintroducido en la organización por los Octavos , con la secuela del fatídico y castrante empeño de vanguardizar y tutelar la acción política.
Con el paso del tiempo las "instituciones de la reforma" fueron adquiriendo estructura y ya no precisaban legitimación democrática alguna… no quedaba pues más remedio que participar en las -denostadas- instituciones, si se quería tener presencia pública y esa pareció ser la reflexión de 1986. Se pretendió una nueva estrategia, se buscó la legalización y se empezó a participar y la paradoja actual es la de que se les quiera impedir participar a los que antes se negaban a hacerlo.
A todo ello se unió el ingreso en la Unión Europea, el nuevo esquema de relaciones internacionales y la caída del sistema soviético y del muro de Berlín, con la consiguiente búsqueda de nuevas formulaciones de la izquierda. Todo ello influyó, pero la confrontación ideológica de la izquierda abertzale seguía condicionada por la aceptación de la primacía y exclusividad de los cauces de debate y participación política. Frente a esto Oldartzen y las teorías de construcción nacional, entendidas a la palestina junto con las nefastas copias de la intifada , supusieron un alejamiento esencial de HB con respecto a las bases de que había nacido.
Euskal Herritarrok y la tregua del 98 con su secuela del pacto Lizarra-Garazi supusieron un serio intento de actualización del proyecto original de HB que quedó deshecha por la brutal ruptura de dicha tregua. El nacimiento de Aralar recoge además de otras aportaciones el intento de restaurar aquellas bases mientras que la ponenciaBateginez de Batasuna, que se constituirá como partido meses después constituye la vuelta aOldartzen . La dialéctica de esta confrontación ideológica origina episodios cada vez mas cercanos en el tiempo y así la propuesta de Anoeta constituye un acercamiento de Batasuna las tesis políticas de Aralar, que se fue al traste con la ruptura de facto de la tregua y terminó en le T-4.
La analogía dialéctica en la que ya hemos calificado como endémica confrontación ideológica de la izquierda abertzale sigue manteniendo las referencias de su antagonismo por encima de los dramas, los sufrimientos y sus secuencias de frustraciones e ilusiones.
La única estructuración políticamente eficiente del espacio político de la izquierda abertzale habrá de ser exclusivamente política y transformadora; defensora de la pluralidad y de la transversalidad, e intensamente democrática y con capacidad de autocrítica.
Hay una asignatura pendiente: La paz. La paz vasca.
* Miembros de la Mesa de Alsasua y Aralar
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