Diario de Noticias de Gipuzkoa

Colaboración

Los más olvidados del Primero de Mayo

por arturo garcía lucio enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande

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N año más conmemoramos el Primero de Mayo, fecha asociada a la reivindicación obrera de unas mejores condiciones de trabajo. Preocupa ver cómo, en la medida que conseguimos unos determinados niveles de bienestar, olvidamos su sentido primigenio y lo que nos interesa es poder disfrutar de más tiempo libre. Ahora lo que moviliza sobre manera es el ocio, que deseamos llenarlo con todos los alicientes que nos ofrece la sociedad de consumo.

En este mundo globalizado, los tiempos son duros para muchos trabajadores y sobre todo para quienes han sentido la necesidad de dejar sus lugares de origen y se han visto obligados a enfrentarse a una nueva vida en otro país, a veces muy distinto en sus costumbres y formas culturales.

Los inmigrantes han sido un factor clave en la expansión de los últimos 15 años de la economía española. Cuando parece que se está dando una ralentización en su crecimiento, el desempleo se ceba más en los inmigrantes con papeles y, en lugar de ir a las causas reales de la situación, les convertimos en problema social, quizá porque nos olvidamos que, lógicamente, debieran disfrutar de las diversas prestaciones sociales a las que legalmente tienen derecho por haber cotizado. Determinados sectores de población ya han pedido su repatriación desde el mismo momento en que se queden sin empleo, pues se considera que si ya no hacen falta se convertirán en potenciales delincuentes. Sin embargo, otros analistas creen necesaria su presencia, incluso en épocas de crisis, porque es la única manera de aumentar las cotizaciones a la Seguridad Social, asegurando el dinero suficiente para cubrir las pensiones de los actuales retirados y continuar realizando una serie de actividades necesarias que, en las condiciones ofrecidas y por nuestras solas fuerzas, no las haríamos.

Tenemos muchos testimonios que nos lo confirman y, como botón de muestra el de Abdou M., senegalés, con empleo de vigilante en la obra de un gran edificio en construcción, que pasa hasta 108 horas semanales (de lunes a viernes de 6 de la tarde a 6 de la mañana; sábados, domingos y días de fiesta las 24 del día, aunque entonces le dejan dormir algo por el día) y cobra menos de 1 euro la hora. "Si me pillaba durmiendo en la obra me decía que no valgo para trabajar. Si robaban algo, no me pagaba".

¡Y cuántos más se pueden aportar! También es cierto que podríamos hablar de otras realidades en que los inmigrantes son acogidos con simpatía y con dignas ocupaciones que les posibilitan mirar al futuro con ilusión. Pero no es la situación predominante, pues socialmente seguimos viéndoles como amenaza a nuestro estilo de vivir o bienestar y, por ello, establecemos diversas medidas en forma de leyes o decretos que creemos nos protegen e, incluso, se hace la vista gorda ante acciones asesinas o degradantes de bandas "ultras" contra estas personas indefensas.

Otra forma de protección más refinada, pero peor desde el punto de vista de la dignidad humana, se realiza por medio del sistema de cupo establecido en la Ley de Extranjería de 2003. Muchos lo alaban, porque así sólo vendrán o se aceptará el número de inmigrantes que interese. Sin embargo, este sistema no hace sino ver a los inmigrantes como seres que deben subordinarse a nuestras necesidades de mano de obra y no damos importancia a los problemas que les genera la fragilidad a que se les somete durante el tiempo de tramitación de su permiso de residencia. También intentamos minimizar el coste de los gastos sociales que les corresponden en derecho y, una vez que ha terminado su contrato, queremos que desaparezcan de nuestros ambientes hasta que los volvamos a necesitar. Todo ello les impide conseguir el suficiente tiempo de arraigo para gozar de idénticos derechos que los demás ciudadanos o para poder obtener contratos indefinidos.

El nuevo ministro de Trabajo e Inmigración, en reciente entrevista concedida a un medio escrito sobre el tema migratorio, afirmaba que "en España tiene que haber todos los inmigrantes que sean necesarios y uno más, pero todos con contrato de trabajo"; y que para quienes están en situación irregular no puede contemplar otra hipótesis que el retorno. Ante el desempleo generado por la actual desaceleración económica señala: "En primer lugar hay que identificar los sectores generadores de nuevo empleo e intensificar el diálogo social y territorial para, sin distinción de origen, recolocar a los desempleados en donde se genere la nueva oferta. En segundo lugar, hay que facilitarles el retorno", tal como viene recogido en la normativa de la vigente Ley de Extranjería de 2003.

Pero ahí están los datos que nos hablan sobre la infrautilización de esta posibilidad del retorno, sobre todo porque no se tiene en cuenta la situación real de los países de origen y se piensa que basta darles un dinero para que acepten regresar. Como las dificultades para obtener una vida digna en estos países siguen manteniéndose sustancialmente, serán muy pocas las personas que quieran regresar. Por mal que estén aquí, tienen esperanza de ir mejorando su situación, en tanto que allí no. Por ello, no conviene simplificar ni la realidad ni las soluciones que se establecen para allí, la mayoría vistas y elaboradas desde perspectiva de países ricos y según nuestros intereses.

Podríamos continuar con la descripción de otras penosas realidades que sufren estas personas, pero creo que las mencionadas ya son suficientes para mostrar la poca valoración que generalmente nos merecen. Es cierto que, a pesar de todo, quieren venir aquí, incluso arriesgando su vida a la desesperada. La razón es que en sus lugares de origen no tienen futuro. No pueden vivir con la dignidad que corresponde a cualquier ser humano y se sienten atraídos por los "cantos de sirena" que proceden de nuestras sociedades, para caer en la mayoría de las ocasiones en una sangrante explotación.

Por eso, en este Primero de Mayo, día de la solidaridad entre los empobrecidos y de reivindicación de la dignidad humana, nuestra mirada se dirige hacia vosotros, los últimos para darnos cuenta de vuestra presencia y servicio, pediros perdón por nuestra indiferencia o explotación, y solicitar vuestra presencia activa para construir juntos un futuro más humano para todos.

* SDD-Justizia eta Bakea

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