
El secretario general de ELA, Jose Elorrieta, en un momento de la entrevista.Foto: zigor alkorta
¿Cómo va a ser su último Primero de Mayo, después de 20 años como secretario general de ELA?
No tengo ninguna sensación especial. Sé que este Primero de Mayo va a ser el último como secretario general de ELA y en ese sentido es una despedida a un colectivo muy amplio de militantes. No tengo ninguna sensación de nostalgia, sino la de que ELA está en una buena dirección, con un modelo ya experimentado sobre el tipo de sindicalismo que hay que hacer en la coyuntura en la que estamos viviendo y con una praxis con unos resultados, yo diría, regulares. Si uno pudiera elegir cuando puede marcharse preferiría hacerlo en un buen momento y este es un buen Primero de Mayo para marcharse.
¿La diferencia de este Primero de Mayo respecto de otros puede ser la actitud del Gobierno Vasco con los sindicatos?
En lo que se refiere a la cuestión sindical, el Gobierno vasco ha hecho una escalada. Como empleador y garante de las condiciones de trabajo tiene un nivel de precariedad en los contratos muy grande y hace una política de privatización que está originando muchos conflictos laborales. En cuanto a modelo de sociedad, en lo que se refiere a política fiscal y en una coyuntura de 14 años de crecimiento económico, está reduciendo los impuestos a los que más están ganando. El resultado es que las rentas salariales están en el punto más bajo de participación del PIB de los 14 años. Hay una serie de medidas de contenido laboral y de modelo de sociedad de corte muy neoliberal que lo hemos denunciado desde ELA.
¿Pero no hay una respuesta?
La reacción a nuestras actuaciones es cambiar las reglas de juego al hacer acuerdos en minoría en Educación, en Osakidetza; a legislar vía decreto, poniendo en marcha la EPSV de los trabajadores dejando en manos de la minoría sindical su control, o a cambiar las leyes del CRL y CES para que la mayoría sindical no tenga peso en esos órganos. En Hobetuz, más allá de violentar las reglas de juego, aceptan la transferencia financiera de Madrid, con lo ni siquiera defiende el estatuto, cuando está planteando un horizonte de superación. Lo último ha sido la actuación del Tribunal Vasco de la Competencia, donde pretenden cercenar la libertad sindical anteponiendo la libre competencia del mercado. Somos observadores privilegiados del nivel de incoherencia del día a día y del horizonte político, aunque se han dado cuenta que lo que están haciendo no está teniendo efectos disuasorios en la mayoría sindical.
¿Cree que el Gobierno Vasco ha cedido a las presiones de las grandes distribuidoras?
Está muy claro que este Gobierno Vasco está plegado a los intereses de las grandes distribuidoras y aprovecha el viaje para meterse con los sindicatos. Este Gobierno tiene un plan como acuerdos en minoría en la negociación colectiva, modificación del ámbito de la participación institucional para dejar en manos de la minoría las tomas de decisión, la intervención de la Ertzaintza en los conflictos sindicales, etc., en el que el PNV y EA participan de esta estrategia. Este Gobierno en relación al asunto sindical ha perdido el sentido de la medida. El Gobierno Vasco nos está tratando a los sindicatos como si fuésemos enemigos interiores con un nivel de beligerancia realmente sorprendente.
¿Ve alguna salida a corto plazo?
No la veo. Nosotros llevamos mucho tiempo diciendo que hay que revisar la subcontratación en el sector público, el asunto de la subrogación en los contratos que están hechos, hay que respetar las reglas de juego de la negociación colectiva. No sé porque va a haber cambios en el corto plazo cuando no se ha hecho mucho caso hasta ahora.
¿Con más unidad entre los sindicatos o una mayoría sindical más sólida la situación sería diferente?
Parte del problema es que cuando el Gobierno hace acuerdos en minoría es porque tiene sindicatos que los firman a sabiendas que son minoritarios. Las cosas son algo más complejas. Cuando el Gobierno se carga Hobetuz es porque hay una patronal y unos sindicatos que están de acuerdo con esa orientación. Eso es parte del problema. Hemos hablado con el lehendakari del trato desigual que tiene el Gobierno con nosotros y el nivel de beligerancia con el que actúa y le hemos recordado que está atentando contra principios y reglas de juego muy graves. También se los hemos dicho tanto al PNV, como a EA. Todavía no hemos recibido una respuesta.
¿En esta situación, cómo entiende que el lehendakari pida la transferencias de las competencias sociolaborales?
Más allá de un discurso políticamente correcto en relación al marco vasco de relaciones laborales, el Gobierno Vasco ha tomado la decisión de trasladar a la CAV el "modus operandi" de las relaciones laborales del Estado. Añora el diálogo social, tal y como se plantea en el Estado. El problema que tiene es no se puede pretender trasladar el modelo español al ámbito vasco en contra de la mayoría sindical de este país. Esa es su gran contradicción.
¿Es una contradicción la apelación del lehendakari a las transferencias sociolaborales?
Por sus hechos los conoceréis.... Por lo tanto no vanos a analizar la coherencia de los discursos del lehendakari, sino los hechos que son muy duros y demuestran lo que está pasando.
¿Cómo está su propuesta de unidad de acción con LAB en la sinestralidad laboral?
Ante una dificultad insalvable en el terreno político y la negociación colectiva, donde están muy identificados los elementos de desencuentro, pensamos que LAB puede compartir conceptualmente esta reflexión en ámbitos de colaboración tanto en el plano institucional, como en sectores como puede ser la seguridad y salud laboral. De manera que no pudiendo hacer el todo, que sería un acuerdo más integral, quizás merezca la pena hacer un esfuerzo por ambas partes para ver que elementos en común podemos trabajar. Esta es una reflexión compartida y un reto para las dos organizaciones.
¿En qué ámbitos existes discrepancias entre ELA y LAB?
Hay un desencuentro en el diagnóstico político de manera muy clara y también en la negociación colectiva, donde ELA y LAB estamos planteando dinámicas distintas. En algunos casos coincidimos como puede ser el conflicto de Osakidetza, pero no en caso del Metal y Papel de Gipuzkoa.
¿Pero en el terreno político hay una coincidencia clara en planteamientos soberanistas?
Si, pero las diferencias no están en los objetivos, si como tales se entiende la defensa del marco vasco de decisión. Lo que decimos es que tiene que ser un recorrido civil y democrático y que el final de ETA no debe estar condicionado a acuerdos de naturaleza política Lo sustantivo no es lo que nos da el Estado políticamente para que ETA termine, sino lo que podemos ganar a partir de que deje las armas. La izquierda abertzale le ha dado mucha importancia al proceso de diálogo con el PSOE que ha quedado truncado. Hay quienes piensan que esa situación se puede recomponer. Nos parece bien que si se recompone y se cierra con un acuerdo sería una buena noticia, pero no creemos que con el PSOE se pueda llegar a acuerdos políticos de fondo, sino entre el mayor número de fuerzas soberanistas.
¿Puede haber algún movimiento en la actualidad que vaya por esa dirección?
No hemos percibido esa hipótesis de trabajo, porque si lo hubiéramos hecho, ya estaríamos trabajando en esa línea. Nosotros seguimos en Lizarra-Garazi, lo que no quiere decir que haya que repetir aquel proceso, pero sí, el modelo de suma de fuerzas soberanistas. Si el soberanismo quiere avanzar tiene que sumar, trabajar mucho y tener mucha paciencia, porque su objetivo es ganar las mayorías políticas y sociales. La percepción que tenemos es que la izquierda abertzale sigue pensando en Loiola y sobre eso, nosotros no tenemos nada que objetar, lo que pasa es que no es nuestro diseño. Si Loiola termina bien sería magnífico, pero no creemos en Loiola. Es obvio que los soberanistas nos tenemos que sentar a negociar con el Estado, pero lo tenemos que hacer cuando tengamos una correlación de fuerzas que le obligue a hacer concesiones políticas. Para hacer eso, el elemento de disuasión no son las armas, ni la gobernabilidad, sino la capacidad que tengamos todos de ir a una mesa con propuestas de mínismo previamente acordadas.
¿La ausencia en unos meses tanto de usted como de Rafa Diez Usabiaga al frente de sus respectivos sindicatos puede ser influir en las relaciones de las dos organizaciones?
Eso no tiene ninguna importancia. Lo que verdaderamente tiene importancia es que se ha creado una determinada cultura en ELA y en LAB con unos referentes estratégicos y unas formas de trabajo que están muy asentadas. Las coyunturas nuevas las tendrán que gestionar los equipos de una manera distinta. En ELA lo importante es que se ha hecho un recorrido en el que hay tres cosas. Un planteamiento estratégico, una praxis en modelo social, negociación colectiva y soberanismo y un gran nivel de consenso de los cuadros en esas cuestiones. Lo que ha dado cohesión a los cuadros de ELA no sólo ha sido la reflexión teórica y los debates que hemos tenido, sino la praxis.
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