
Rafa Díez (LAB), Josu Onaindi (CCOO), Adolfo 'Txiki' Muñoz (ELA) y Dámaso Casado (UGT), en una reciente manifestación conjunta a favor de la libertad sindical.
E L movimiento sindical vasco se encuentra ante una de sus mayores encrucijadas desde la instauración de la democracia. Aunque su salud objetiva es buena, a tenor de sus 20.000 delegados en los centros de trabajo y a una afiliación que ronda las 250.000 personas, la nueva sociedad del siglo XXI ha trastocado las coordenadas con las que había desempeñado su acción reivindicativa durante los últimos 20 años. Las fuertes disputas entre centrales, la desregulación del mercado de trabajo y una serie de decisiones judiciales que han acotado su terreno de juego amenazan con cuestionar su papel como garantes del derechos de los trabajadores.
Los sindicatos vascos afrontan mañana la fiesta del Día del Trabajo con una fuerte división de carácter político y estratégico. Sólo CCOO y UGT se manifestarán de forma conjunta, a pesar de que los objetivos generales de todos ellos gravitan en torno a los mismos puntos: empleo de calidad, mejores salarios, seguridad y salud laboral, freno a la discriminación, igualdad entre sexos y conciliación con la vida personal, entre otras cuestiones.
En una reciente encuesta elaborada por el Gobierno Vasco el 43% de los ciudadanos vascos afirman confiar en los sindicatos, un dato que está por encima de la media europea que alcanza el 38% y la del Estado, que se sitúa en el 37%. Ninguna de las cuatro principales siglas obtuvo el aprobado en una escala de valoración de cero al diez.
Del sondeo se extrae la conclusión de que los ciudadanos reconocen su contribución a la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, pero al mismo tiempo constatan que en los últimos años han perdido capacidad en la defensa de las condiciones de trabajo.
La falta de unidad sindical es uno de los elementos que más critican los ciudadanos. Entre las principales críticas que se formulan a los sindicatos figuran la falta de unidad (el 83% aboga por la acción conjunta de ELA, CCOO, LAB y UGT). Destaca que el 17% se incline por una alianza estable entre ELA y LAB, mientras que un 7% se muestra favorable a una entente CCOO y UGT.
Ayer mismo, el líder de CCOO de Euskadi, Josu Onaindi, expresaba su voluntad de progresar en esa dirección, pero al mismo tiempo advertía de que sería una "ingenuidad" pensar en una unidad a corto plazo.
En una reciente entrevista concedida a NOTICIAS DE GIPUZKOA, el secretario general de LAB, Rafa Díez Usabiaga, declaró que, más allá de las uniones puntuales para conflictos concretos -en Osakidetza, por ejemplo-, existen discrepancias "de fondo" que cierran el camino. Se refería, obviamente, a la brecha entre centrales nacionalistas y no nacionalistas, pero también a las distintas concepciones que habitan en los sindicatos sobre hasta qué extremos ha de llegar el acento reivindicativo de su estrategia. ELA no ha descartado volver a aliarse con LAB, pero niega cualquier posibilidad de entenderse con CCOO y UGT, a los que el secretario general, José Elorrieta acusa a menudo de aceptar la "paz social institucionalizada" que ofrecen la patronal y la Administración.
Lo que parece claro es que la unidad no sólo está vetada por cuestiones políticas y tácticas, sino también por lo que muchos trabajadores perciben como meros intereses corporativos.La incidencia de las huelgas registró durante 2007 unos niveles mínimos de la presente década a pesar de que se negociaron numerosos convenios sobre todo en el sector del comercio y textil que llevaban varios años sin firmar.
expansión económica
Conquistas laborales al traste
La división se ha acentuado en el reciente periodo de expansión económica, un ciclo de más de una década de duración en la que el tejido productivo de Euskadi ha experimentado un histórico ritmo de crecimiento. La desaceleración puede dar al traste con muchas conquistas sociolaborales que se han logrado en este tiempo y romper la situación de pleno empleo.
Hace pocas semanas, los líderes de ELA, CCOO, LAB y UGT ofrecieron una insólita imagen de unidad al manifestarse juntos en Vitoria en contra de una investigación abierta por el Servicio de Defensa de la Competencia -dependiente del Ejecutivo autonómico- acerca de un posible pacto para evitar la apertura de los comercios en festivos. La respuesta conjunta se debe a que las centrales han empezado a sentirse invadidas en su territorio por lo que consideran una alianza de orientación neoliberal entre los poderes públicos y los grandes intereses empresariales.
Elorrieta ha denunciado la existencia de un plan de "acoso y derribo" contra los mismos pilares del movimiento sindical. No hace mucho, su organización recibió una castigo judicial histórico que pone coto a la acción de los piquetes en el transcurso de las huelgas. Por primera vez en Euskadi, dos delegados fueron condenados por causar destrozos y coaccionar en un conflicto en el sector de hormigones y canteras, en 2002. La sentencia genera una jurisprudencia peligrosa contra los instrumentos de presión consustanciales a la acción sindical desde su fundación.
Los tribunales comunitarios han emitido recientemente varias sentencias que se dirigen en esa misma dirección, delimitando el terreno de juego sindical frente a la inquebrantable libertad de la competencia del mercado.
En el caso de la empresa letona Laval, Luxemburgo ha establecido que es lícito que empresas provenientes de países de bajo coste laboral ofrezcan servicios en el extranjero usando mano de obra de su nación de origen, sin necesidad de respetar las condiciones de trabajo locales.
La ola liberal que planea sobre Europa tiene su máxima expresión en la directiva Bolkestein . Su objetivo es eliminar trabas en el mercado interior de servicios de la UE.
En la práctica, las centrales obreras ven en ella la claudicación de la Europa social ante los intereses de las grandes corporaciones y la entrega de un cheque en blanco para limitar la capacidad de regulación de los gobiernos nacionales en materia de política industrial y relaciones laborales.
Como ejemplos más cercanos de desregulación, las organizaciones obreras citan el sistema de contratación eventual, la subcontrataciión y el uso de dobles escalas salariales.
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