
Tribuna Abierta
peio González Argomániz, nuestro diputado de Hacienda, obsequió a los lectores de varios diarios guipuzcoanos hace pocas fechas (20-4-08) con un ramillete de declaraciones en torno a las muy propagadas (pero estudiada y culposamente indeterminadas) irregularidades que se detectaron en la Hacienda de Irún, en términos tan torpes e irresponsables que inevitablemente se prestan tanto a la hilaridad como a la indignación, según la situación de cada cual. Reconozco que a mí, afectado como marido en el caso, me ha podido más la segunda que la primera. De ahí que me crea con el derecho de responder con el modo y el tono adecuados a tal circunstancia.
Desconozco si el señor González juega a saber quién es más vivo y quién más bobo, pero, sea lo que fuere, al susodicho se le supone al corriente de la marcha y del resultado de las actuaciones en un asunto en el que la Diputación se ha personado como parte acusadora (y, por tanto, el diputado del ramo debe contar con puntual y cumplida información a través del abogado contratado al efecto). Por descontado, no pido a Peio González que desvele el "espeso" misterio de las diligencias sumariales ya practicadas, pero sí que al menos no traicione el conocimiento que de las mismas posee.
Lo digo a propósito de unas descalificadoras palabras suyas en las que afirma que "con cuatro elementos similares a los que puede haber en la trama de Irún se puede derribar una institución". Esta frase -que quizás alguien intente someterla a interpretaciones filigraneras con tal de escurrir el bulto de la responsabilidad- encuadrada sin embargo en el contexto de todos conocido, contiene una objetiva alusión a los -por ahora- cuatro primeros imputados en el affaire; entre los que se encuentra mi esposa cuyo buen nombre reivindico (no me incumbe, por razones obvias, entrometerme en los intereses de los tres restantes).
De entrada, considero ofensiva la denominación de "elemento" referida a mi mujer por la negativa connotación (equivalente a persona de catadura poco recomendable) que conlleva ese término en los usos lingüísticos (así como, análogamente, no creo que el señor diputado aceptara impasible que alguien le llamara "tipejo", como si éste fuera un calificativo moralmente neutro). Pero, lo grave, es que no se trata de una muestra de incompetencia en el manejo del castellano (no le tengo en tan poco al diputado de Hacienda) sino de algo peor, de una contumaz perseverancia en el pre-juicio que expresara el Ministerio Fiscal en su denuncia donde, de entre una montonera cercana a la veintena de nombres, cribó a ciegas (pues en su escrito no consta criterio selectivo alguno) el de mi mujer, haciéndola partícipe de una fantasmagórica "trama"; tesis que, a día de hoy, lejos de robustecerse tiene todas las trazas de haberse difuminado para siempre (y, si finalmente "trama" hay, será otra).
Ignoro si al diputado le alcanza su bagaje jurídico para detectar en el escrito de Fiscalía (en lo que a mi mujer atañe) el esperpento de un pretendido razonamiento indiciario pero sin indicios. No obstante, sin duda conoce que, tras mostrar una exhaustiva y documentada relación de nuestros bienes y dineros (de mi mujer y míos) así como de su honrada procedencia, la jueza resolvió excluir a mi esposa de la prestación de fianza que había acordado inicialmente respecto de los cuatro imputados. Al señor González se le supone también al corriente de las declaraciones prestadas por los compañeros de mi cónyuge en la oficina de Irún cuando hubieron de comparecer ante la jueza, en el sentido de que todos ellos desempeñaban funciones similares a las de aquélla y todos realizaban las tareas que el Jefe de la oficina ordenaba. Peio González debe estar también al tanto de lo que manifestó ante la jueza el subdirector de Recaudación precisando que, en ninguno de los expedientes en los que mi señora asumió la totalidad de la gestión, se aprecia irregularidad alguna. El diputado de Hacienda conocerá, en fin, que la oposición del Fiscal al sobreseimiento solicitado por los abogados de mi esposa se basa sólo en aspectos formalistas, procedimentales, pero sin que en su informe asome siquiera la más mínima insinuación de sospecha sobre la conducta de aquélla.
Visto lo que hay, convendrá el señor González que sus declaraciones a la prensa no han dejado transpirar las informaciones que él ya poseía. Y si la ciudadanía guipuzcoana, como con aire satisfecho proclama el diputado, conoce mejor lo que sucedió en Irún tras nueve meses de su gestión, no será por lo que él personalmente haya aportado.
Es más, González Argomániz, con ínfulas de temible inquisidor, ha disparado falsamente las expectativas de los guipuzcoanos anunciando las extraordinarias revelaciones que se desprenden de otros doce expedientes irregulares, los cuales, en realidad, tienen un valor equiparable a lo que coloquialmente se entiende como "el chocolate del loro". Emplazo al diputado de Hacienda a que, preservando el anonimato de los implicados, haga públicas la fecha, la naturaleza y la cantidad de la defraudación en cada uno de esa docena de expedientes y, luego, tenga la decencia de no seguir utilizando a mi esposa a favor de sus intereses políticos.
* Marido de Pilar Gracenea, imputada en el procedimiento de la Hacienda de Irun
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