Editorial
Volver a casa después del tajo
L Día Internacional de la Salud y Seguridad Laboral se celebró ayer con la habitual retórica institucional y la protesta sindical en Donostia por la última muerte ocurrida hace tan sólo una semana en el Polígono de Martutene y que costó la vida a un trabajador. Un trabajador más, y la lista es demasiado larga, que no puede volver a casa después de ir a cumplir con su obligación de llevar las lentejas a casa. Vaya por delante que se ha avanzado mucho en los últimos años en esta lacra social, que debería tener un tratamiento de choque tan importante como el que damos los medios a la violencia machista, porque no es de recibo que a estas alturas del siglo XXI haya trabajadores que se dejen la vida en el tajo. Pero a base de legislación, una de las dos patas junto a la concienciación para atajar el problema, se han ido consiguiendo pequeños pasos que, en ningún caso, son los necesarios. Cuando el Gobierno Vasco, con el lehendakari a la cabeza, insiste en tener a Europa, con razón, como referente en cotas de creación de riqueza, bienestar, servicios y avances sociales en vez de al Estado español, debería igualmente tomar en consideración que en este apartado estamos a años luz de los datos e indicadores europeos y que, además, ésta debería ser la primera batalla de todas, muy por delante del resto de aspectos. Es una cuestión de prioridad elemental. Para obtener y crear riqueza, para generar empleo, para motivar a la innovación y el emprendizaje, lo primero de todo y condición indispensable son puestos de trabajo seguros. Y ahí, Euskadi no está demostrando que aspira a situarse en niveles europeos, como muy bien denuncian día tras día los sindicatos. Pero no sólo es la expresión máxima de un fallecimiento laboral la que nos debe mover, sino la salud laboral en su conjunto. Hoy en día, son muchas las empresas de nuestro territorio que no adoptan medidas elementales y baratas, no para evitar fallecimiento sino para evitar enfermedades laborales de fácil solución, como se suelen dar en el desprotegido sector servicios, ése en donde los sindicatos tienen menos peso y presencia y que causa problemas de salud a miles de trabajadores en aspectos tan banales como las largas horas ante un ordenador. Por ello, la petición hecha ayer por CCOO de incluir las enfermedades laborales en las negociaciones colectivas es todo un acierto.